Esto no podía estar pasando. ¿Cómo pudo olvidársele la carta que dejó en la mesa? ¡Sus hijos no debían saber todo esto! Pensó por un instante, que quizá aún no era demasiado tarde, que quizá May no ha leído su firma al final de la carta, mas…
—Papá … ¿le …. le escribes cartas de amor a … a Marcial? —dijo May pálida y en voz baja.
—¿!Qué!? —dijo Max de repente y miró a May, que se veía completamente atónita.
—¿¡Que qué!? ¿Al líder de Azuliza? —preguntó el chico de tez oscura, sorprendido.
—¿Oh? —dijo Ash confuso. Ambos chicos estaban mirando hacia fuera por la ventana de la habitación pero ahora se voltearon hacia May.
—Esto significa que … ¿tú y mamá os vais a divorciar? —continuó May y dejó caer la carta, pero Max la cogió. May salió corriendo de la habitación.
—¡Espera, May! —Norman intentó detenerla, pero estaba tan atónito que se le escapó de la habitación. Ya iba a voltearse para ir por ella cuando…
—Papá … ¿esto debe de ser una broma verdad? Pero es tu letra y tu firma… —dijo Max y parecía que iba a llorar.
A Norman se le rompió el corazón. Sí, él estaba preparado para divorciarse. Pero se lo dirían él y Caroline juntos a los hijos, y ¡no tenía planes de decirle a nadie qué tipo de hombre era él! Era una cosa divorciarse, pero que sus hijos se enterasen por quién había dejado a su madre…
—¿Tú amas al líder de Azuliza? ¿Pero y entonces qué de mamá? —preguntó Max y ahora sí estaba llorando.
—¿En serio? —preguntó Ash acercándose a Max y echándole un vistazo también a la carta, era el único en la habitación que no parecía estar completamente atónito—. No sabía que los chicos podían estar con otros chicos. ¿Tú lo sabías, Brock?
Max y Norman estaban gélidos. Norman no sabía cómo consolar a su hijo. ¡Él nunca había planeado para esto! Ash los vio así y se volteó hacia Brock con una mirada expectativa, como si quisiera saber qué hacer ahora y qué pensaba de todo esto.
—Ash, creo que es mejor que los dejemos a solas. Vámonos —dijo Brock en voz baja.
Ash y Brock salieron de la habitación y Norman logró acumular la valentía para acercarse a Max.
Max lo abrazó lloriqueando. Ya había dejado caer la concha y la carta en el suelo.
—¡Dime que no vas a dejar a mamá! Es …. ¿es esta la razón por la que nos hiciste llamar…?
Norman absolutamente no estaba preparado para esto. Y peor aun, ¡no podía mentirle! ¿Qué ganaría mintiéndole ahora si pretendía pedirle el divorcio a Caroline? Solo heriría aun más a sus hijos… Tenía que hablar con calma.
—Os hice llamar porque tenemos que regresar todos a Petalia —dijo Norman, intentando mantener la calma—, Max, no importa lo que pase, quiero que sepas que yo siempre seré tu padre, y Caroline siempre será tu madre, y ambos os queremos a ti y a May.
—Entonces … ¿vamos a regresar a casa?
—Sí, todos juntos regresaremos a casa ahora a ver a tu madre.
—Pero … no vas a dejar a mamá, ¿verdad?
Norman tragó saliva. No había forma de razonar con Max, pero la prioridad ahora era calmarlo. Le recordó una y otra vez, que él y Caroline siempre serán sus padres, que ya él era un hombrecito viajando con sus amigos, y que pase lo que pase, poco cambiaría para él.
No fue fácil, pero después de una hora, Max ya había dejado de llorar, y estaba sentado en la cama, atónito pero al menos calmado.
Norman se puso su chaleco y recogió la concha y la carta, poniéndolas en su chaleco, y luego le dijo a Max que regresara con sus amigos, Ash y Brock, mientras él buscaba a May. No quería dejar a Max solo en la habitación.
Entonces, ambos salieron en dirección de la sala principal del Centro Pokémon. Max ya había dejado de llorar, pero su silencio le dolía a Norman. Todo lo que hizo por Marcial fue en búsqueda de su propia felicidad, después de tantos años reprimiéndose, pero tampoco quería herir a sus hijos. El divorcio era prácticamente inevitable; Caroline también lo quería, así que ahí ya no había más remedio, pero le dolía qué pensarían sus hijos acerca de su amor por otro hombre. Max no lo había mencionado, pero sabía que era cuestión de tiempo.
Cuando entraron a la sala principal, a Norman le dio un vuelco el corazón y quería desmayarse. No fue hasta ahora que se dio cuenta de que su fachada había quedado completamente derrumbada. De alguna manera u otra, parecía que todo el mundo se había enterado.
May estaba llorando sentada en un banco, en ambos lados estaban Ash y Brock sentados tratando de consolarla, frente a ella estaba la enfermera Joy hablando con una señora mayor de edad. Y alrededor de ellos, había unas quince personas susurrando.
«Debí advertírselo que no se pasara tanto tiempo con ese bicho raro de Marcial, seguro se las arregló para contagiarlo.»
«No puedo creer que el líder de Petalia cayó ante las locuras de Marcial…»
«¡Alguien tiene que hacer que la liga lo expulse! Eso va contra el orden creado por el Gran Arceus. De saber que puede contagiarse así, ¡es mejor que Marcial se vaya de aquí!»
Norman estaba temblando de ira. Max al lado de él miraba a la gente con curiosidad y también a su padre. Norman hizo gran esfuerzo para calmarse, y luego con voz tranquila pero reverberante, dijo:
—Suficiente. ¡Qué barbaridad! —bramó él mientras se acercaba a la muchedumbre y a May. May se levantó al verlo, y corrió a abrazarlo—. ¿A caso no tenéis vergüenza? Mira que hablar así ante mi hija. Tampoco os permitiré que habléis así de Marcial. Nadie me contagió. ¿De qué carajos habláis? ¿Cómo podéis fabricar semejante barbaridad?
Ash y Brock caminaron hacia Norman y se detuvieron en ambos lados de May, mirando también a la gente.
—Pues si nadie te contagió, ¡tú viniste así entonces! ¡No vengas a negarlo! —dijo un hombre de unos 20 años que estaba al lado de Joy—. Joy ya os había visto varias veces bien cariñosos en el centro.
—Y yo os vi cenando juntos como pareja —dijo una señora anciana.
—Papá, ¿es cierto entonces? No fue una especie de trampa de Marcial, ¿estás seguro? —preguntó May mientras aún lo abrazaba.
—Hijos de… —bramó Norman, ahora sí estaba enojado con la muchedumbre—, ¿cómo osáis meterle semejantes ideas en la cabeza a mi hija? ¡Largaos ahora o sino…!
—¡Lárgate tú, bicho raro! —dijo otro hombre joven.
En ese momento, Norman sintió una ligera vibración en su chaleco, y una serie de luces fugaces alumbraron el Centro Pokémon por unos instantes, y Norman, sus hijos, Ash y Brock ahora estaban flanqueados por los dos Slaking (que estaban sorprendentemente alertas y enojados), Kangaskhan, Blissey, Spinda, y Tauros (que bufó amenazantemente).
En instantes, la muchedumbre quedó sumida en un silencio profundo.
—Ya basta, metiches —dijo Joy de repente a la muchedumbre—, esto no es con vosotros y mi centro no se hará estadio de batalla. Todos afuera, ¡ahora!
Ni los hombres más fanfarrones se atrevían a desafiar a Norman en una batalla, sus Pokémon parecían una verdadera amenaza, así que todos se marcharon ligeramente.
Joy se volteó hacia Norman y los demás, se inclinó hacia ellos, y dijo:
—Disculpadme, no debí haberme involucrado. Solo sentía pena por su hija y pensé que Marcial quizá le había hecho algo a usted —dijo Joy con tono muy avergonzada, y se marchó de prisa.
Norman ahora se dio cuenta de que su Blissey se había volteado hacia Max y estaba consolándolo. «Ese es mi papá, no hay quién se atreva a asustarlo.» decía Max.
—Papá … ¿entonces, estás seguro de que Marcial no te hizo nada? Pero … ¿y la carta?
—Marcial es un hombre honrado, decente y honesto. No vayáis a hacerle caso a semejantes barbaridades.
—Pero ¿entonces? —preguntó May.
—Venid, hablemos en privado en mi habitación —dijo Norman a sus hijos, agradeció a sus Pokémon y los hizo regresar a sus Pokébolas. No quería seguir hablando aquí, por si a caso regresara la gente.
—Nosotros os esperaremos aquí —dijo Brock, y se quedó atrás con Ash.
Fue así como se encontró Norman frente a sus hijos, sin más remedio que explicarle a sus hijos que él nació como lo es ahora. Que desde que era joven deseaba la compañía de los chicos, pero nunca consiguió a otro chico como él. Hasta que por fin, se le apareció Marcial y nunca había estado más feliz. Nunca se imaginó que terminaría contándoles esta historia a sus hijos. Pero no tenía más remedio, ya que era absolutamente imprescindible convencerlos de que su amor por Marcial fue natural y de que Marcial era un hombre honesto y honrado. El chisme de que Marcial lo haya «contagiado» le infundía una cólera insondable hacia la cultura y religión tradicional del país y hacia Arceus por ponerlos en esta situación.
May estaba atónita sentada en la cama, tratando de procesar todo lo que había dicho Norman. Pero Max parecía haberlo escuchado atentamente, dijo:
—Entonces, ¿por qué atracción no surte efecto entre Pokémon del mismo sexo? —preguntó Max con un tono de como si estuviese en una clase de Pokémon.
Norman tragó saliva. No tenía una respuesta para eso.
—Por el amor de los cielos, Max, ¡nuestros padres se van a divorciar! —dijo May incrédula—. ¿Cómo puedes estar pensando en eso?
Norman suspiró profundamente, se sentó al lado de May y la abrazó. Le dijo todo lo que ya le había dicho a Max, que así sus padres estarían más felices, que ambos siempre estarán con ellos, que ya ella es una mujercita con unos grandes amigos en su propia aventura, y que en realidad las cosas no cambiarían tanto como temía.
Después de haber terminado de hablar, ya May también se había relajado un poco. Max tomó la oportunidad.
—Pero papá, si tú y Marcial estáis atraído al mismo sexo, ¿no quiere decir que no estáis sujetos a las leyes de Arceus? Quizá Arceus no creó todo como todo el mundo dice. Al menos, no a los humanos.
De repente, Norman se acordó de su conversación con Máximo:
«… a veces no debemos creer en las escrituras de nuestros antepasados. Sus conclusiones no son necesariamente atinadas. Nuestra sociedad se ha dejado formar por meras leyendas, yo personalmente prefiero buscar evidencia concreta … a pesar de tan poderosos que son Kyogre y Groudon, el mundo científico no ha podido obtener evidencia de que en realidad sí crearon nuestros océanos y continentes como las leyendas nos cuentan.»
—Quién sabe… Bueno, hijos, creo que debéis descansar —dijo Norman, él necesitaba un gran descanso después de todo esto—, mañana nos vamos de aquí. Regresaremos a Petalia, a ver a vuestra madre.
—Pero … ¡yo no quiero dejar a Ash y a Brock! ¿Pueden venir con nosotros? —preguntó Max.
—Si quieren … no veo por qué no —dijo Norman; le agradaba la idea de que sus hijos tengan tan buenos amigos que quieran de esta manera.
Después de otro largo rato, ya estaban todos de vuelta a la sala principal del Centro Pokémon. Aún estaba completamente vacía, salvo por Joy (que estaba en la recepción), y Ash y Brock (que estaban sentados en un banco en una conversación muy animada).
Ya se le había hecho tarde para ir a ver a Marcial, y se estaba preocupando. Pero no podía abandonar a sus hijos así de fácil tampoco. Por suerte, Brock sugirió que vayan todos a cenar, y esa fue la excusa que necesitaba para irse. Les deseó un buen provecho, dijo que tenía que salir a coger aire fresco, y se fue a paso ligero a buscar a Marcial.
No sabía si era su imaginación o no, pero parecía haber más gente de lo normal por las calles, a pesar de ya ser las ocho de la noche. También le parecía como si la gente lo estuviera mirando. Él estaba acostumbrado a eso, especialmente en Petalia donde todos lo conocían como el líder de gimnasio, pero ahora tenía un mal presentimiento.
Por fin, llegó al edificio donde vivía Marcial, caminó hasta la puerta de su apartamento y tocó en la puerta.
Nadie respondió.
Tocó unas veces más y llamó:
—Marcial, soy yo, lo siento haberme tardado tanto.
Nadie respondió.
Norman se puso un poco nervioso. Habían quedado en que se encontrarían aquí a las siete, aun si iba una hora tarde, Marcial no se iría sin él, ¿verdad? Tocó y esperó unos diez minutos más, por si acaso Marcial estaba duchándose, pero nunca hubo respuesta, así que se fue del edificio y se dirigió casi corriendo al único otro lugar donde creyó poder encontrarlo.
En solo unos diez minutos llegó al gimnasio Pokémon y se le levantó el ánimo al ver que las luces aún estaban encendidas. Seguro Marcial también tuvo alguna demora en el gimnasio.
Tocó en la puerta, y fue la joven asistente Natasha quien abrió. Ella era una chica de unos 18 años y cabello largo y negro sedoso. Al ver a Norman, la expresión en su rostro inmediatamente se volvió más fría.
—¿Y tú qué haces aquí? ¿No le has hecho suficiente daño a Marcial? Vete y no regreses, por favor —dijo ella y trató de cerrar la puerta, pero Norman la sostuvo.
—¡Yo no le he hecho nada a Marcial! ¿Dónde está él?, me urge hablar con él —dijo Norman firmemente. No me digas que hasta acá corrió el chisme, y esta chica cree que fue Norman quien «contagió» a Marcial. Se estaba enojando de nuevo con todo esto.
—¿Nada? Todo Azuliza está chismeando que Marcial supuestamente enloqueció al líder de Petalia, que te tenía escribiéndole poemas. Pero yo sé la verdad. Yo te vi tantas veces venir a buscarlo. Tú lo enamoraste, sabiendo como era él, ¡solo con tal de obtener evidencia y delatarlo ante toda la ciudad! ¡Tal y como intentó hacer el hijo de puta aquel hace tres años! ¡Tú también eres una alimaña! —bramó Natasha y otra vez trató de cerrarle la puerta pero Norman la mantuvo firme aun si su brazo empezaba a temblarle.
Esto era peor de lo que se imaginaba. ¡No podía dejar que Marcial pensara eso!
—¡No es así! Todo es un mal entendido, yo quiero mucho a Marcial, yo nunca le haría algo así.
—¡No vengas a tratar de engañarme con el mismo cuento! ¡Haznos un favor a todos y lárgate, déjalo en paz! ¡No quiere saber más de ti! —bramó Natasha, y un súbito movimiento brusco de su pierna que Norman no percató y…
—Uh
Norman cayó en el piso con un grito de dolor. Le había dado una patada en la entrepierna y le cerró la puerta en su cara.
Estaba adolorido, pero el dolor físico no era nada comparado con lo que sentía en el corazón. ¡Marcial piensa que lo traicionó! Se esforzó en ponerse de pie y tocó la puerta del gimnasio una y otra vez, pero nadie contestaba.
—¡Yo nunca traicionaría a Marcial! —gritó Norman con toda su fuerza, ya no le importaba ninguna fachada, tenía que convencer a Marcial de cuanto significaba para él, y de que no lo había traicionado.
Estuvo ahí casi una hora hasta que se quedó ronco, y su corazón estaba en pedazos. Quería abrazar a Marcial, decirle cuánto lo quería, consolarlo sobre todo lo que les estaba pasando, pero no sabía ni dónde estaba, si aquí en el gimnasio o en su apartamento.
Cuando ya estaba exhausto, se fue de regreso al Centro Pokémon. Sus hijos seguramente ya habrían terminado de comer hace mucho tiempo y estarían preocupándose por él. Con tan difícil que ha sido el día para Norman, aún no era nada comparado con los que sus hijos han de estar experimentando.
Cuando entró al Centro Pokémon, ya se había compuesto y se había secado las lágrimas. De todos modos, se alegró ver que el centro estaba completamente vacío aún, salvo por Joy, que estaba en la recepción, y Ash y el chico aquel de tez oscura que se llamaba Brock, que estaban sentados jugando con Pikachu y platicando.
Norman caminó hacia ellos y preguntó:
—Mis hijos, ¿dónde están?
Ash y Brock se levantaron, y fue Brock quien habló:
—Señor Norman, May y Max se fueron a dormir. Nosotros nos quedamos acá para decírselo cuando regresara.
No había desprecio ni maldad en su tono, al contrario, era completamente respetuoso. Norman no sabía qué pensarían los amigos de sus hijos sobre todo este lío. Pero le alegraba ver que eran chicos razonables y afables. Cuando sus hijos decidieron irse con Ash, él había estado un poco preocupado. Después de todo, May solo tiene 10 años y Max solo 7, mientras que Ash ya tenía 12 y este Brock parecía mayor aun.
—Gracias por esperarme. ¿Veo que también eres amigo de mis hijos?
—Sí, me llamo Brock, y soy el líder de la Ciudad Plateada en Kanto. Es un placer conocerlo —dijo Brock y extendió la mano.
Norman le estrechó la mano con una débil sonrisa, y dijo:
—Gracias por cuidar de mis hijos. Lamento retrasaros en vuestra aventura, pero mis hijos y yo hemos de regresar a Petalia para terminar de resolver este asunto. Max pidió que vayáis con nosotros.
Aunque la idea de que dos chicos desconocidos lo acompañaran hacia Petalia en esta misión no le caía bien, él sabía que ellos eran importantes para May y Max, y cuando él termine sus asuntos, será mejor que sus hijos continúen su aventura con ellos.
—¡Por supuesto que iremos! —dijo Ash con una sonrisa grande y su Pikachu asintió al mismo tiempo.
—Me alegra saberlo —dijo Norman—. Bueno, yo estoy muy cansado. Por favor, descansad y preparaos para viajar mañana por la mañana.
Cuando terminó de hablar, se despidió con una ligera inclinación de la cabeza y se fue sin más demora. Estaba completamente exhausto. La pesadumbre de este día funesto y del miedo de que Marcial crea que él lo traicionó lo estaba agobiando. Pero sus hijos eran de gran importancia, y él tenía que irse lo más pronto posible para hablar con Caroline y con ellos en familia antes de que la situación encontrará una manera de empeorarse.
Dentro de su habitación, colocó la carta para Marcial y la concha dentro de su mochila de viaje, se quitó la ropa y se acostó a dormir. Al menos, pretendía dormir y descansar para mañana, pero en realidad, termino desvelándose pensando en Marcial. ¿Y si Marcial nunca le hacía caso de nuevo? «No, cuando regrese yo haré hasta lo imposible para convencerlo de lo importante que él es para mí.» se decía una y otra vez.
Quería regresar a Petalia lo antes posible para terminar con este asunto de una vez por todas. Así que, al día siguiente, se levantó antes de que el sol saliera, completamente desvelado y exhausto. Se tomó una ducha para verse un poco mejor, y antes de que sus hijos se despertaran, salió del Centro Pokémon (cuya sala principal ahora sí estaba completamente vacía), y se fue hacia el apartamento de Marcial con el poema que había escrito y la concha dentro de su chaleco.
Cuando llegó allá, pudo ver el sol empezando a alumbrar la playa en el este. Entró al edificio y tocó en la puerta de Marcial, llamándolo una y otra vez, con la esperanza de que esta vez sí le abriera. A estas horas de la madrugada, seguro habría de estar en su apartamento, ¿verdad?
Desgraciadamente para Norman, nadie contestó. Quería expresarse por la puerta, expresar cuánto lo quería y lo deseaba, pero seguro sus vecinos lo oirían también, y quizá Marcial creería que también era parte de un juego, así que antes de irse, se fue gritándole algo más sutil: «Lo prometido es deuda, ¡ya verás! Iré a Petalia, pero ¡te prometí que regresaría por ti y lo haré!»
Esperó unos diez minutos más, deseando que Marcial se conmoviera y le abra la puerta, pero no fue así, y tuvo que irse de regreso al Centro Pokémon más deprimido que nunca. Ya estaba empezando a aclarecer, y cuando entró al Centro Pokémon, vio a Ash en la sala principal hablando con sus Pokémon mientras los peinaba y observaba. Además de su Pikachu, ahora también tenía un Corphish, un Treecko, y un Taillow.
Se dejó llevar por la curiosidad, y caminó a saludarlo para ver cómo cuidaba de sus Pokémon. Al menos podría distraerse un rato evaluando los Pokémon de Ash.
—Estás despierto muy temprano, ¿no?
—Buenos días, señor Norman —dijo Ash mientras recogía a Pikachu del suelo. Se le veía en los ojos que no había dormido muy bien—. No pude dormir bien, así que estoy comprobando el estado de mis Pokémon por si acaso tengo una batalla hoy, quién sabe, el Equipo Rocket siempre me está persiguiendo por doquier.
—Ah, esos bandidos buenos para nada —dijo Norman, acordándose de la última vez que los vio cuando Ash apareció en Petalia. Se arrodilló en el piso y empezó a observar a los Pokémon de Ash. Todos se veían muy contentos y saludables.
—Oye … Norman, ¿le puedo hacer una pregunta sobre lo de ayer? —preguntó Ash con una voz bien baja—. Yo sé que debo respetar su intimidad, ya Brock me habló de eso, pero es que tengo una curiosidad y no puedo contenerme.
Norman suspiró profundamente. En realidad no quería hablar de esto con nadie aparte de sus hijos, y solo discutió el tema con ellos porque no tenía más remedio. Pero como no sabía aún qué quería preguntar, solo dijo:
—¿Cuál es tu pregunta?
—Nunca antes había oído de que los chicos podían estar con otros chicos. Pensaba que como con los Pokémon, la atracción solo debía ser entre un chico y una chica… Pero usted no es así, ¿verdad? Usted está atraído a Marcial a pesar de que ambos son hombres.
Bueno, pensó Norman, esto sí quería dejarlo claro. Le molestaba que la gente de este país pensara que Marcial lo contagió o alguna barbaridad semejante.
—Yo nací como soy. Desde joven siempre he estado atraído por los hombres y nunca por las mujeres. Marcial también siempre ha sido igual. Seguro hay otros hombres como nosotros. No sé por qué somos diferente, si Arceus nos creó así a propósito o qué, pero es la verdad —explicó Norman firmemente.
Un silencio de unos minutos. Norman continuaba observando a Treecko, Taillow y luego a Corphish, que parecía estar de muy buen ánimo.
Pikachu hizo un sonido cerca de Ash, que podía interpretarse como un tipo de apoyo y luego…
—Es que … es que yo creo también ser así —dijo Ash finalmente.
A Norman le dio un vuelco el corazón. ¿¡Qué!? ¿Otro más como ellos? Se puso de pie y se volteó hacia Ash.
—¿En serio? —preguntó Norman un poco aturdido. ¿Cuántos hombres habían así que lo escondían?
—Pues sí … pensaba que yo era anormal. Siempre que la gente hablaba de relaciones o cuando las chicas trataban de ligarme, yo siempre me he tenido que hacer el tonto. Nunca quise que me descubrieran y prefería que pensaran que soy un pendejo o infantil a que piensen que sea anormal. Siempre pensé que todos los chicos teníamos que ser así como Brock, locos por cualquier mujer hermosa que aparezca.
—¿Cómo te diste cuenta, entonces? —dijo Norman con los ojos bien abiertos, no podía creer lo que estaba escuchando.
—Ya lo sospechaba hace mucho tiempo… Pero he estado más seguro desde creo que hace solo unos meses, un poco después de cumplir los 12 años. Cuando me encontré con mi rival de infancia, Gary, en la liga Johto. Sentí algo extraño hacia él. Como que quería pasar mucho más tiempo junto a él … y cuando nos despedimos, no quería que se vaya. Quería tomarle la mano, y abrazarlo mucho tiempo. Luego una vez hasta soñé que le di un beso… No sé, pero nunca he pensado o soñado así de una chica.
»Intenté no pensar en ello y solo enfocarme en mi sueño de ser un maestro Pokémon. Creía que nadie era como yo, ya que nunca vi dos chicos u hombres juntos … hasta que ayer me enteré de que usted quiere a Marcial, y que Marcial también es igual. Eso me hizo pensar mucho, y me di cuenta de que sí encuentro a algunos chicos atractivos. Que sí creo que Gary es un chico muy lindo…
Ash hablaba con un tono sorprendentemente desenfadado considerando el tema. Como si todo esto no fuera gran cosa para él. La mente de Norman comenzaba a razonar todo lo que estaba pasando. En tan poco tiempo, había descubierto dos personas que eran como él. Eso tenía que significar, que muchos hombres iban en las mismas, escondiéndose para que la gente no hable mal de ellos, y al saber de alguien igual, estaban dispuestos a revelarse.
De ser así, una idea empezó a formarse en su mente. Quizá la fachada que sostuvo toda su vida lo ayudó a parecer una persona común y corriente, pero no solo le perjudicó sus chances de encontrar a alguien como él, sino también le hizo la vida más difícil a otros como él, que también buscaban a gente igual y nunca la encontraron. Todo estaba empezando a encajar en su mente. Si nadie tomaba la iniciativa, nada cambiaría.
Norman le sonrió a Ash, y dijo:
—Eres completamente normal. Seguro hay muchísimos chicos como tú en el mundo. Yo sé que no es fácil, pero te pido que quizás consideres decirle la verdad a mis hijos y a Brock. Seguro te aceptarán—dijo Norman sinceramente. Sus hijos no habían dicho nada malo de su relación con Marcial, y solo parecían preocuparse por el divorcio. Aún eran muy joven para absorber las ideas tóxicas de la gente del país, como las que oyó ayer en esta misma sala—. Si algún día tú y Gary os llegáis a hacer novios, tus amigos habrán de saberlo, ¿no? Para entonces, es mejor que sepas bien que tus amigos sí te apoyan.
Sentía que no tenía el derecho de sugerirle esto a Ash, ya que él nunca tuvo la valentía de hacer esto, pero si no fuese por el hecho de que encontró a Marcial a pesar de todo, él hubiera dicho que se arrepentía haber esperado tanto.
—Sí … lo pensaré. Y cuando gane en la liga Hoenn y regrese a Kanto, quizá hable con Gary… —dijo Ash con mucho entusiasmo que hasta sorprendió a Norman.
—¡Te deseo mucha suerte con él! —dijo Norman sinceramente. Si Ash no tenía que esperar hasta los 38 años para poder estar con quien quiera, mucho mejor para él.