¡Amor al estilo Kalos!

Capítulo #4 de La Fachada

Después de esa plática con Ash, Norman se fue a desayunar y Ash se quedó en la sala principal. Unas horas más tarde, Norman había empacado sus cosas (la concha y el poema los metió en su mochila, determinado a dárselos a Marcial cuando tenga la oportunidad), y todos se encontraban en un barco de regreso a Petalia.

Todo el día sus hijos parecían estar más calmados. Al menos, montaban una buena fachada de normalidad. Se la pasaron la mayor parte del día con Ash y Brock, aunque sí cenaron y almorzaron junto con Norman y todos hablaron como si nada hubiese sucedido.

Esa normalidad le daba un poco de miedo a Norman, porque pensaba que quizá sus hijos se habían hecho la idea de que al regresar a Petalia, él y Caroline se contentarían y no se divorciarían. Eso no era una posibilidad en lo absoluto, pero no quería hablar más del tema con sus hijos antes de que estuviesen juntos con Caroline.

El barco era bastante grande y llegarían a la costa cerca de Petalia en solo cuatro días, y Norman estaba ansioso por llegar y poder ponerle fin a todo esto.

No fue hasta el tercer día por la noche que May lo buscó en su recamara para hablar en privado.

—Entra —dijo Norman después de oír a alguien tocar la puerta. Estaba organizando su mochila para prepararse para el viaje a Petalia el día siguiente.

May entró en la habitación y se sentó en una silla pero no dijo nada.

Norman terminó de arreglar sus cosas, se volteó hacia ella y preguntó:

—¿Todo bien, mi hija?

—Es que… —dijo May y suspiró profundamente—, bueno pues, tú … tú siempre has sido así, ¿verdad?

—Sí… —dijo Norman con un suspiro.

—Entonces … ¿por qué te casaste con mamá? —preguntó May con voz tenue.

—Porque tenía miedo. Pensaba que era el único hombre en el mundo así. Nunca en años de búsqueda conseguí a un hombre como yo, y pensé que tenía que esconder la verdad para que no me juzgaran como lo hizo la gente en el Centro Pokémon. Tu mamá y yo éramos muy buenos amigos, y hasta hoy todavía la amo como a una hermana —dijo Norman con calma, ya había practicado esto mil veces.

—Y ahora…

—Ahora me tropecé con un hombre maravilloso que es como yo, y lo quiero mucho, y estoy dispuesto a pelear por mi felicidad —dijo Norman con calma, deseando que su hija logre entender. Sabía que estos temas eran difíciles para alguien de su edad.

Pasaron unos largos minutos. Norman se sentó en la cama a pulir una de sus Pokébolas con un pañuelo.

—Supongo que entiendo… —dijo May finalmente.

Norman la miró y arqueó las cejas.

—Ash nos dijo a todos que él también es como tú… que a él le gusta un chico llamado Gary de Kanto. Dijo que pensaba simplemente ignorar esos sentimientos, hasta que descubrió que él no era el único…

Norman no dijo nada. Estaba sorprendido. No esperaba que Ash les dijera la verdad tan rápido.

—Entonces, ¿no os molesta? —preguntó Norman un poco nervioso.

—Tú siempre serás mi papá —dijo May.

Norman se puso de pie, y fue a abrazar a May un momento. Después del abrazo, May continuó:

—Me alegra que Ash me lo haya dicho… Nunca me imaginé que haya gente así, pero ahora estoy muy curiosa sobre él y ese tal Gary. Max se puso a hablar otra vez de Pokémon y Arceus y todo eso… Brock se rió un buen rato y luego dijo que para él era magnífico porque eso y que significaba que habría menos competencia por las Joy y Jenny del mundo.

—¿Se rió? —preguntó Norman, no esperaba ese tipo de reacción.

—Sí … dijo algunas cosas como y que no podía creer que Ash le gustara ese Gary, y que no se los podía imaginar juntos, cosas así. Seguro conoce a Gary personalmente. Parece que lo hizo más para molestar a Ash porque Ash se puso como una baya tamate —dijo May, ahora con una sonrisa en la cara, y un tono más alegre.

—Ah, menos mal. Me alegro de que lo hayan tomado tan bien —dijo Norman—. Bueno, ya vete a dormir temprano. Mañana arribaremos bien temprano y tenemos un largo camino hacia casa.

No quería hablar más del tema, por si acaso le hacía más preguntas del inminente divorcio. No quería discutirlo hasta que estuvieran juntos con Caroline. Así que con otro abrazo, May se fue de la habitación y Norman se preparó para dormir.


Arribaron en la madrugada al día siguiente. Fue una larga caminata desde el puerto hasta Petalia. No podía irse en Tauros porque llevaba a sus hijos con él, así que tenían que caminar todo el camino. Por suerte, el barco los había dejado en las afueras de Petalia, mucho más cerca que donde vivía el señor Arenque, así que el viaje se podía hacer en un solo día.

Todo el camino, todos mantuvieron un aire relajado platicando sobre los Pokémon. Ash parecía querer aprovechar el contratiempo en su aventura para hacerle muchas preguntas a Norman sobre el entrenamiento Pokémon, así que el tema no se agotó en toda la jornada. Brock también tenía preguntas acerca del desarrollo y la crianza de Pokémon. Nadie tocó otra vez el tema del divorcio.

Norman estuvo agradecido de que los chicos tenían tanto de qué hablar acerca de los Pokémon. Lo ayudó mucho en evitar ponerse a pensar en Marcial. Tenía miedo de que haya perdido a Marcial para siempre. Él sabía que la situación no se veía bonita de la perspectiva de Marcial. Parecía como si él lo hubiese traicionado tal y como lo había hecho su otro amigo. Le dolía que no pudo aclarar las cosas con él antes de irse, pero sus hijos necesitaban que las cosas estén claras y que todo esto quedara en orden.

Por fin, cuando ya el cielo estaba de crepúsculo, llegaron a Petalia. Cuando se acercaron a la casa, Norman sugirió que May y los demás vayan al invernadero, donde Kenny habría de estar cuidando el resto de sus Pokémon. Mientras tanto, él iría a hablar con Caroline.

Norman abrió la puerta de la casa e inmediatamente oyó el sonido de alguien comiendo en el comedor de la casa, así que entró y se vio con Caroline que estaba terminando su cena.

—Norman, ¡regresaste ya! —dijo Caroline tomada por sorpresa, se puso de pie y corrió a abrazarlo—. ¿Y nuestros hijos? ¿No me digas que no los encontraste?

Caroline lo soltó y lo miró con una mirada curiosa. Norman dejó caer la mochila en el suelo, suspiró profundamente y dijo:

—Están en el invernadero. Caroline, tenemos que hablar —dijo Norman con el tono más calmado que pudo lograr. Tenía que hacer esto correctamente.

Caroline asintió y ambos se sentaron en la mesa.

Primero que nada, tenía que decirle la verdad de todo.

—Escuché tu conversación con tu hermana, el día antes de irme —dijo Norman sin mirarla a los ojos.

Caroline se quedó en silencio unos segundos, y luego dijo:

—Ay mis cielos, Arceus… ¿Qué escuchaste?

—Sé que quieres pedirme el divorcio —dijo Norman—. Fue por eso que me fui a buscar a nuestros hijos. Pretendía sorprenderte con un viaje en familia al extranjero como celebración de nuestro aniversario. Pensaba que así podría cambiarte de opinión para que te quedaras conmigo. Pero tú mereces mejor que más de lo mismo…

—¿Qué quieres decir? —preguntó Caroline en voz baja.

Norman ya había practicado lo que tenía que decir muchas veces, pero eso no lo hacía nada fácil. Se forzó a mirarla a los ojos, y dijo:

—Tú mereces a alguien que pueda amarte como la hermosa mujer que eres, y no solo como una amiga —dijo Norman con calma.

—Yo ya había llegado a esa conclusión, pero … —dijo Caroline y parecía estar a punto de llorar—, ¿quieres decir que no piensas pelear por que no nos divorciemos? ¿Y entonces qué del viaje sorpresa? ¿Qué quieres decir?

—Caroline, durante este viaje, me di cuenta que yo nunca podré hacerte verdaderamente feliz y satisfecha, y también que … yo no puedo conseguir la felicidad aquí —dijo Norman, tragó saliva, y se decidió por llegar al grano más temprano—: A mí me gustan los hombres, y siempre ha sido así. Por eso siempre se me ha hecho tan difícil tener relaciones contigo. No eres tú … soy yo … yo necesito estar con un hombre.

Caroline se quedó boquiabierta, se levantó de la silla y tomó pasos hacia atrás, mirándolo con los ojos bien abiertos. Norman la miraba atemorizado, no sabía qué decir. Fue casi un minuto antes de que ella lograra decir algo más que sonidos incoherentes:

—Con razón … ahora todo tiene sentido … siempre has actuado un poco extraño … Todos estos años … —dijo Caroline—, pensaba que había algo malo conmigo, que no era deseable … y ¿tú me vienes con este cuento tan inverosímil? No es que no te crea … quién se inventaría semejante … pero … tantos años juntos…

Caroline parecía tener dificultad en procesar la información, y Norman no la culpaba. Toda su vida había pensado que esa fachada que había montado era la lógica solución para sus problemas, pero ahora solo parece una infantil decisión que solo trajo mal al mundo.

—Discúlpame, Caroline —dijo Norman, y también se puso de pie y se inclinó hacia Caroline respetuosamente, su rostro casi tocando la mesa—. Discúlpame. Te mentí tantos años. Nunca me debí casar contigo. Pero tenía miedo de que la gente se enterara de mi … inclinación. Por eso lo hice … fue una decisión egoísta y errónea. Te utilicé. Estoy completamente avergonzado de lo que te hice, y por eso te ofrezco mis más sinceras disculpas.

Caroline se rió amargamente. Norman se mantuvo inclinado.

—Casi treinta años … enamorada de un hombre semejante. ¿Por qué demonios nunca me dijiste? ¿¡Ahora qué le decimos a nuestros hijos!?

—Discúlpame. Ellos ya lo saben. No quise que se enteraran, pero no pude evitarlo.

—¿¡Cómo!? —Carolina sonaba agitada.

Norman se enderezó y le explicó en pocos detalles sobre la carta que le escribió a Marcial y cómo sus hijos la vieron en un descuido de él.

—No pareció molestarles la verdad … aún me ven con los mismos ojos de siempre —dijo Norman firmemente.

—¡Pues claro que no! Aún son tan jóvenes, ¿cómo van a entender verdaderamente las implicaciones?

—Creo que sí las entienden. La diferencia es que aún son demasiado jóvenes para haber absorbido las ideas de los demás de este país.

—Sea como sea, dime la verdad, Norman —empezó Caroline, y parecía tener un tono muy serio—, en todo el tiempo que te he conocido, ¿te has acostado con hombres? ¿Has besado a algún hombre?

—Caroline … en diez años de matrimonio, más todo el tiempo que fuimos amigos, yo nunca besé o tuve relaciones con otra persona. Yo te fui completamente leal —dijo Norman, tragó saliva y continuó—. Hasta que te oí aquella noche diciendo que estabas decidida por el divorcio, y hasta que yo también me decidí en que eso era lo mejor para ambos.

—Eso quiere decir que tú y ese tal Marcial … —dijo Caroline.

—Sí, no solo le escribí cartas románticas, yo lo quiero mucho. Fue así que descubrí que yo solo podía ser feliz con un hombre. Después de darme cuenta que nuestro matrimonio tenía que terminar, me tomé por libre. Lo besé, y me acosté con él.

Caroline no lo estaba mirando. Norman vio que su rostro parecía tener una expresión confusa, como una mezcla de enojo, simpatía, y amargura. Fue casi un minuto antes de que hablara otra vez.

—Ay Norman … si tan solo me hubieses dicho la verdad hace 20 años … Yo te hubiera apoyado, para mí tu felicidad era lo más importante. Pero después de tantos años de desprecio en un matrimonio sin amor ya estoy harta. Quiero el divorcio lo antes posible. Me iré de aquí, regresaré al Pueblo Escaso. No quiero volver a verte, y no creo poder perdonarte.

—No te vayas, Caroline. Yo me iré. Nos divorciaremos mañana mismo. Le dejaré el gimnasio a Kenny, y tú te puedes quedar con esta casa.

—¿Me dejas tu casa? ¡Pero era la casa de tus padres! —dijo Caroline sorprendida.

—No tiene ningún valor sentimental de mis padres. La compraron cuando nos mudamos a Hoenn y luego me la dejaron a mí. Además, es lo menos que puedo hacer por ti por lo que te he hecho. Yo me iré de Petalia y tu vida podrá continuar sin más problemas. Si no te apetece quedarte aquí, véndela y usa el dinero para rehacer tu vida. Es lo menos que puedo hacer, después de todo lo malo que te he hecho.

Norman ya lo había planeado todo. Después de terminar todos sus asuntos aquí, se mudaría a Azuliza para estar con Marcial, vivirá junto con él, y si él ya no quiere seguir viviendo en Azuliza, compraría una casa para los dos en un lugar donde nadie los conozca.

—Gracias … —dijo Caroline finalmente—. Por fin, todo esto terminará.


La plática fue mucho más fácil de lo que esperaba. Era obvio que Caroline llevaba muchos años amargada por su falta de amor y no podía esperar por divorciarse ahora que los hijos ya no estaban en la casa.

Cuando se pusieron de acuerdo en cómo hablar con los hijos, Norman salió a buscarlos y regresó con May y Max. Brock y Ash se regresaron al Centro Pokémon de Petalia a dormir. Todos se sentaron en la mesa del comedor y fue Caroline quien tomó la iniciativa.

No fue una conversación fácil. Pero ambos le recordaron a sus hijos que ya ellos eran grandecitos y estaban en un viaje con Ash por todo Hoenn que fácilmente les podría tomar un año o dos. Cuando terminaran, Max tendría la edad de criar Pokémon y podría embarcar en su propia aventura, y May podría explorar las otras partes del país si quisiera, o regresar a casa con su mamá. Les aseguraron una y otra vez que siempre podrán encontrar a sus padres, a Caroline en Petalia y a Norman en Azuliza. Y después de todo eso, ya se habían relajado más o menos, y Max salió con un comentario que hizo que todos estallaran en carcajadas.

—Entonces, cuando vosotros os consigáis pareja nueva, ¿nosotros tendremos tres papás? ¡Suena increíble!

El día siguiente, Norman empacó sus cosas más importantes en una mochila grande, la mayoría de sus pertenencias las dejó en un cajón dentro de un armario ya que no se le haría fácil llevárselas hoy. Ayudó a Caroline en la cocina y, después de desayunar, todos salieron de la casa. Los hijos se fueron al Centro Pokémon, mientras que Norman y Caroline se fueron hacia el ayuntamiento para formalizar el divorcio.

Norman tenía otros asuntos que arreglar también. Después de formalizar el divorcio, Norman se despidió de Caroline. A pesar de todo, la amargura parecía habérsele reducido, y durante la despedida le dijo a Norman:

—Te deseo suerte con … Marcial. Y espero que seas feliz.

—Yo también espero que puedas encontrar la felicidad.

Se abrazaron, y Caroline se fue para la casa mientras que Norman se quedó en la alcaldía. Pidió una copia del certificado de divorcio para él y la metió en su mochila de viaje. Después de eso, se fue a la oficina de la liga para pedir los documentos del gimnasio. Con ellos en la mano, se fue hacia el invernadero. Aún era temprano en la mañana, así que él sabía que Kenny habría de estar en el invernadero y no en el gimnasio.

No le tomó mucho tiempo encontrar a Kenny. El momento en el que entró al invernadero, varios de sus Pokémon, incluyendo algunos Zigzagoon, Linoone, Slakoth y Vigoroth inmediatamente se apresuraron hacia él, y con ellos se trajeron a Kenny.

—¡Norman, regresaste! —dijo Kenny—. Vi ayer que May y Max vinieron contigo.

Norman no sabía qué tanto habían hablado.

—¿Ya te enteraste de todo? —preguntó Norman.

—¿Oh, de qué? —preguntó Kenny y arqueó las cejas.

Otra vez tenía que tener esta conversación. Norman le contó sobre el divorcio y Kenny parecía genuinamente afectado. A Norman se le había olvidado considerar cómo contárselo todo a Kenny, ya que los últimos años él se la había pasado en la casa con ellos a menudo y ya casi era otra parte de la familia.

—Me cuesta creerlo … después de tantos años … ¿de repente todo termina así y te vas? —dijo Kenny en voz baja y se había sentado en un banco con un Zigzagoon en su regazo.

—Así es la vida, a veces. Cosas inesperadas pueden ocurrir cuando uno menos se las espera… —dijo Norman y se puso a pensar en aquella dichosa mañana en la playa cuando Marcial chocó contra él y su vida cambió para siempre.

—¡Pero llevabais casi diez años de casados! ¡El aniversario estaba a solo semanas! —decía Kenny en voz baja, más a sí mismo.

Norman lo observó por un momento, y sabía que él quería y merecía una explicación más concreta. En Azuliza cuando él se decidió por divorciarse, él pensaba que les daría a todos sus conocidos la excusa de que él era un hombre solitario que no podía hacer feliz a una pareja. O al menos alguna excusa semejante. Pero después de todo lo que pasó con la gente chismeando en Azuliza, y luego con lo de Ash, su perspectiva había cambiado. Quizá él sufriría un poco si más y más gente sabía la verdad de su intimidad, pero le estaría haciendo la vida más fácil a jóvenes como Ash.

—El matrimonio fue un fraude. Yo nunca pude amar a Caroline, porque a mí me atraen los hombres, no las mujeres. Me enamoré de un hombre, y quiero estar con él. Por eso es que me voy —dijo Norman. Evitó mencionar cualquier cosa que sugiriera que ese hombre era Marcial. Solo le dijo la verdad a Caroline porque ya sus hijos lo sabían, pero no quiere ir por ahí diciéndole eso a todo el mundo, especialmente cuando Marcial piensa que él lo traicionó a propósito.

—¿¡Que qué!? ¡Don Norman! —dijo Kenny sorprendido y se quedó boquiabierto. El Zigzagoon en su regazo dio un salto y casi se cae al suelo.

—No hay nada malo con ello. Si dos hombres se aman, ¿qué le importa a los demás si se hacen felices uno al otro? —dijo Norman firmemente—. En los últimos días me he dado cuenta de que muchos hombres en este país podrían estar escondiéndose, mintiéndole a la gente sobre sí mismo. Mi sueño es que en un futuro nadie tenga que esconderlo y no hayan más mujeres casadas con hombres que no las puedan amar.

Cuando terminó de hablar, Norman se puso a pensar. Él sabía que en su país los divorcios eran algo extremadamente común. ¿Sería esta la razón?

Kenny colocó al Zigzagoon de su regazo de vuelta al suelo y se puso de pie y a caminar dando vueltas al frente de Norman. Norman supuso que esto era difícil para él también, después de todo, Norman sabía que Kenny lo veía más o menos como un padre, ya que nunca conoció el suyo, quien había dejado a su familia cuando él solo era un bebé, y por lo tanto, él creció con solo su madre.

Después de unos largos minutos en los cuales Norman se estaba tomando su tiempo acariciando a sus Pokémon por última vez (todos los que se criaron en el invernadero después de hacerse líder se iban a quedar aquí), Kenny por fin se detuvo, y dijo algo que le recordó a Norman inmediatamente a Ash.

—Yo no sabía que se podía tener relaciones con otro chico… —dijo Kenny en voz baja, un poco con pánico.

Norman se puso de pie de nuevo, le sonrió y dijo:

—Si dos hombres se quieren, no hay quien tenga el derecho de impedir que estén juntos —dijo Norman firmemente—. Yo me enamoré de un hombre maravilloso, y pienso regresar con él y estar juntos. No somos los únicos; este viaje me ha abierto los ojos a que el mundo quizá es más complejo de lo que imaginaba.

Kenny se quedó en silencio unos minutos.

—Pensé que yo era el único … —dijo Kenny finalmente.— Todos mis amigos de la escuela Pokémon solo querían hablar de chicas. No es que no me gusten las chicas, pero a mí siempre me han gustado los chicos también.

Y fue así como Norman descubrió que también podían haber bisexuales.

—¿También? —dijo Norman un poco aturdido.

—Cuando era más joven, siempre que pensaba tener una pareja, mi mente no imaginaba género, solo una persona hermosa abstracta. Sea chico o chica no importaba … —explicó Kenny—, pero al ver que yo era el único que hacía eso, empecé a forzarme a solo pensar así en las chicas.

Norman no se imaginaba que eso sea posible. Toda su vida solo pudo imaginarse a sí mismo con hombres. Tantos años pensaba que era al revés de todos los otros hombres. Luego descubrió que en realidad podrían haber muchos hombres como él, y ahora esto. Ahora le interesaba saber si habían científicos que estudiasen los humanos y no solo los Pokémon.

—A mí solo me gustan los hombres, pero ¡me parece genial que tú puedas querer a quien sea sin importar género! —dijo Norman honestamente.

Norman y Kenny platicaron un largo rato más, y luego Norman empezó a decirle lo que Kenny ya se estaba esperando desde que se enteró que Norman se iba.

—¿Crees poder encargarte del gimnasio de ahora en adelante?

—¡Por supuesto, Norman! —dijo Kenny con tono excitado—. Tú sabes que he trabajado duro por este día ya muchos años. ¡Seguro no te defraudaré!

Norman sonrió y sacó los papeles de la liga que indican quién es el líder del gimnasio. Ya estaba firmado por Norman para transferir la posesión.

—Confío en ti. Aquí tienes. Fírmalo, y serás el nuevo líder de Petalia —dijo Norman y le entregó los papeles—. Cuando los hayas leído y firmado, solo tienes que regresárselos a la oficina de la liga en la alcaldía.

Kenny recibió los papeles, y miró a Norman con los ojos aguados.

—Siempre pensé que cuando recibiera estos papeles, sería porque te retirarías para estar más tiempo en tu casa. Nunca me imaginé que te irías de Petalia.

—Ya no me necesitas, seguro harás un trabajo estupendo.

—Pero … ¿cuándo te vas? ¿Te volveré a ver? —preguntó Kenny, y ya le estaban saliendo lágrimas.

—Hoy mismo me voy —dijo Norman. Era imprescindible que regresara a Azuliza lo antes posible. Tenía que convencer a Marcial de que le diera una oportunidad, y explicarle lo que había sucedido. —No importa lo que pase, seguro nos volveremos a ver. Tú sabes cómo contactarme en caso de cualquier cosa, ¿verdad?

—Sí…

—Entonces, ¡hasta la próxima, Kenny! —dijo Norman con una sonrisa, y abrazó a Kenny antes de irse.


Su último quehacer antes de irse era despedirse de sus hijos. Norman regresó al Centro Pokémon donde se encontró con Ash, Brock y sus hijos en la sala principal, con todos sus Pokémon afuera hablando en grupo.

Joy, al verlo entrar, salió de la recepción a saludarlo. Era una amiga de hace muchísimos años para él, y también se le había olvidado despedirse de ella. Esta vez, Norman no pudo hacerse decirle la verdad, de que había dejado a Caroline por un hombre. El recuerdo de lo que había pasado en Azuliza todavía estaba grabado en su mente. Así que solo le dijo lo del divorcio y que iba a mudarse.

Joy ya sospechaba que ese matrimonio iba en las malas, y no pareció quedar muy sorprendida. Lo más que le sorprendió fue cuando Norman le explicó que ambos querían el divorcio, y no fue una decisión de una sola parte.

Por fin, después de una larga y agotadora conversación, Norman pudo ir adonde sus hijos estaban. Ya estaba completamente harto de platicar el tema, así que caminó hacia ellos y se sentó en una silla cerca del grupo sin decir nada. Por suerte, sus hijos ya sabían todos los detalles … solo faltaba despedirse, y la reacción de sus hijos hacía las cosas un poco más fácil.

—Entonces, ¿vas a regresar a Azuliza? —preguntó Max.

—¡Podemos ir todos juntos! Ash todavía necesita desafiar a Marcial por la medalla —dijo May con tono un poco alegre.

—Pero, ya que estamos aquí en Petalia, tiene sentido desafiar a Kenny antes de irnos, ¿no? —dijo Ash y parecía estar completamente centrado en su misión de desafiar la liga Hoenn.

—Kenny necesitará algunos días para prepararse, no podrás desafiarlo de inmediato —explicó Norman.

—Creo que considerando nuestro viaje, tiene sentido esperar unos días aquí para obtener la medalla Equilibrio antes de ir a Azuliza. Ash, podrás usar este tiempo para prepararte. Recuerda Kenny también usará Pokémon tipo normal —dijo Brock.

Discutieron el tema unos minutos más hasta que por fin se pusieron de acuerdo en quedarse en Petalia un tiempo más.

—Entonces, ¿te irás solo, papá? —preguntó May.

—Sí, tengo que regresar hoy mismo. Tengo mucho de qué hablar con Marcial —dijo Norman con tono lúgubre. Debió haber tenido más cuidado con cualquier cosa que pudiera exponer a Marcial. Marcial le había contado de la traición que había sufrido y cómo la gente en Azuliza lo trataba diferente, y ahora aún ha de estar pensando que Norman lo utilizó como un juego. Si no lograba hacer que Marcial lo perdone, ¿cómo volvería a ser feliz otra vez? Por fin estaba completamente obsesionado y enamorado por un hombre, por fin conoció ese sentimiento, y terminó arruinando la confianza que le tenía.

—Entonces, si todo sale bien … ¿Marcial también será nuestro papá? —preguntó Max con tono curioso.

Le gustaría decir que sí, pero la mente le costaba imaginarse un mundo en el que lograra una vida cotidiana con Marcial, en la que sus hijos los traten a ambos como padres, y en la que Marcial vea a May y a Max como sus propios hijos.

—Ya veremos qué nos trae el futuro —dijo Norman con una sonrisa lánguida, colocando una mano en el hombro de Max.

Después de unos minutos de silencio, May dijo en voz baja:

—Ash prometió que cuando gane la liga Hoenn, nos llevaría a todos a Kanto para que podamos conocer a Gary.

Norman arqueó las cejas. Antes de todo esto, quizá se hubiese opuesto a que Max tan joven se vaya de Hoenn, pero ahora pensaba que les sería una buena experiencia a todos.

—Aún me cuesta creerlo —se rió Brock—, después de tanto que os peleabais, ¿ahora te gusta?

—¡Nunca fue tan blanco y negro! —dijo Ash ruborizado—. Fuera de la rivalidad, él siempre fue bueno conmigo. Más o menos … ¡Es difícil de explicar!

—Deja que Misty se entere …—dijo Brock, aún riéndose.

Todos se rieron un buen rato, y luego Norman se despidió de cada uno de ellos y les deseó suerte en su largo viaje. Luego, cuando ya estaba de pie y a punto de irse, se acordó de algo:

—Max, todavía tienes el PokéNav que te había dado, ¿verdad?

—Ah, ¡por supuesto, papá! —dijo Máx y sacó el PokéNav del bolsillo.

—Excelente, seguro tienes el número de la casa pero no el de mi PokéNav personal. ¿Puedes darme el número de contacto? Así podré comunicarme con vosotros en caso de cualquier cosa.

Entonces, intercambiaron números, y Norman se fue mucho más relajado.