Su Tauros lo llevó hasta la costa y esta vez por lo menos llegó a tiempo para alcanzar un barco hacia Azuliza. Esta vez no tenía que ir hacia la ruta 104 a buscar al señor Arenque. Aquel desvío solo lo había hecho porque no sabía dónde sus hijos estaban, pero él sabe dónde Marcial está, y el puerto al sur de Petalia es la manera más rápida de irse.
Norman era un hombre en una misión. Durante el largo viaje en barco, hizo el más grande esfuerzo posible para evitar caer en la depresión. Sí, tenía miedo de que haya perdido a Marcial para siempre, aun si una voz razonable en su mente le decía que podría encontrar otro hombre como él, a él le gustaba Marcial, no solo era muy atractivo, sino también una persona muy divertida y simpática con quien tenía muchos intereses en común.
Él quería a Marcial. Y por lo tanto, aprovechó todo el tiempo en el barco que tuvo a solas para escribir. Intentó escribirle un nuevo poema una y otra vez, y también se la pasó mucho tiempo escogiendo las palabras que usaría para pedirle perdón a Marcial y hacer que entendiera que todo esto fue un malentendido, que él nunca lo delató a propósito.
Unos días después, cuando el barco ya se estaba acercando a Azuliza, que estaba cubierto en la distancia por una neblina matinal, Norman terminó su poema y estaba listo para enfrentar la misión más importante de su vida. No había dejado que la depresión le ganara. Él sabía que siempre y cuando lograra tener un tiempo a solas con Marcial, podría convencerlo.
Y fue así como él se bajó del barco en el puerto de Azuliza y caminó por la playa hacia el gimnasio. A esta hora de la mañana, Marcial no estaría en su casa sino en el gimnasio o en la playa. Mientras caminaba en la playa, se fijaba en todo hombre que veía, especialmente aquellos con cabello azul, pero no veía a Marcial por ningún lado.
La primera vez que arribó en la playa de Azuliza no podía ni mirar a los hombres descamisados, porque inmediatamente lo excitaban. Pero ahora, nada de nada. Ahora su mente solo anhelaba a Marcial. Aun si Norman pensaba que la razón era que todas las noches anteriores en el barco se había masturbado pensando en Marcial y ya su pene solo quería a ese hombre y ninguno más.
Norman caminaba con confianza. Podía notar que había una que otra persona que se detenía y lo miraba. Sentía gente juzgándolo. Él sabía que mucha gente sabía que él era el líder de Petalia, así que lo reconocían de inmediato. Pero, no le importaba nada de esto. Que hablen. Que lo juzguen. Le importaba un bledo, ya que él sabía que nadie se atrevería a meterse con él. Quizá molestarían a alguien más joven, pero quien sea que supiese que él era el líder de Petalia, habría de saber que meterse con él sería como meterse con alguien del Alto Mando.
Quizá las guerras de antaño trajeron devastación para el mundo, pero algo bueno que sí causaron fue infundirle a la gente una gran timidez a la agresión explícita y hacia la violencia como forma de resolver conflictos. Por eso, con más que hablara la gente, él sabía que no se atreverían a hacerle nada. Y si un pobre idiota se atrevía, pues no le iría bien.
Desafortunadamente, después de haber caminado toda la parte de la playa donde Marcial solía surfear, aún no lo había visto, así que se fue hacia el gimnasio. Preferiría verlo afuera al aire libre, sería más fácil, ya que ir a buscarlo al gimnasio tendría el riesgo de que…
—Otra vez tú —dijo Natasha cuando abrió la puerta del gimnasio. Era lo que Norman temía. Deseaba que sea Marcial quien abriese la puerta y no su asistente otra vez—. ¿Cómo osas aparecerte por aquí otra vez después de lo que le hiciste a Marcial?
—¡Por favor! —dijo Norman súbitamente al ver que Natasha otra vez le iba a cerrar la puerta en la cara—. Por favor, tengo que hablar con Marcial. Yo no puedo vivir sin él … yo me divorcié con tal de estar con él … por eso regresé. Te lo juro, ¡Marcial es muy importante para mí! ¿Qué tengo que hacer para convencerte?
Por primera vez, la mirada de Natasha pareció hacerse menos fría.
—Yo también pensaba que eras honesto … Marcial me contaba una que otra cosa de vosotros, ni la alimaña que trató de delatarlo la última vez llegó al extremo de besarlo y acostarse con él … —dijo Natasha en voz baja y se volteó y entró al gimnasio, dejando la puerta abierta.
Norman siguió en pos de ella, aturdido por la revelación de que ella sabía que Marcial y él lo habían hecho. Al entrar al gimnasio, sus esperanzas se cayeron otra vez al ver que el gimnasio estaba completamente desierto. Marcial no estaba aquí.
—¿Marcial te contó? ¿Pero cómo? —preguntó Norman, a Marcial le costaba confiar en la gente. Le era un poco difícil de creer que le haya dicho estas cosas a su asistente del gimnasio.
—Sí… —dijo Natasha en voz baja.
—Disculpa, me sorprende… después de lo que le había pasado, pensé que no confiaba en nadie —dijo Norman, no sabía qué hacer con esta información.
Mientras caminaban hacia un banco y se sentaron, Natasha comenzó a hablar:
—Sí fue así … Marcial prácticamente no confiaba en nadie en Azuliza. Pero después de lo que pasó la última vez, su asistente previo renunció. Decía que no quería estar cerca de un hombre como él. Fue así como yo logré ser su asistente, porque muy poca gente en Azuliza quería trabajar para él. Era una cosa venir al gimnasio de vez en cuando o para desafiarlo, pero después de aquel día, trabajar y estar cerca de él todo el tiempo era demasiado para la mayoría de la gente en Azuliza, especialmente los hombres. A mí no me importa si a Marcial le gustan los hombres, por eso tomé el trabajo sin demora. Se lo expliqué desde aquel día a Marcial, y poco a poco fue confiando en mí.
»Entonces llegaste tú. Marcial me contó cómo se topó contigo en la playa y creía que era amor a primera vista. Luego entró en pánico al saber que eras casado y mucho mayor que él. Yo le aconsejé que te tuviera a distancia, porque la situación parecía un poco sospechosa. Pero después os besasteis, y cambié de opinión. Me costaba creer que alguien llegaría a ese extremo solo para hacerle una broma a Marcial. Pero luego llegaron gente del Centro Pokémon, acusando a Marcial de haber «contagiado» al líder de Petalia, exigiéndole que renuncie su cargo como líder. Parecía como si en solo minutos, toda Azuliza se creía este cuento.
»Y lo peor era que sucedió exactamente cuando tus hijos regresaron. Marcial me había dicho que tú pensabas regresar a Petalia con tus hijos. ¡Qué coincidencia que cuando ya tienes a tus hijos a tu lado, se riega semejante rumor por la ciudad!
Natasha terminó de hablar y se quedó en silencio sin mirar a Norman.
—Sí, tiene que ver con mis hijos. Marcial los envió al Centro Pokémon tal y como habíamos quedado. Pero ellos llegaron a mi habitación cuando me estaba duchando. No pensé cuando les dije que entraran a esperarme, y lo pagué muy serio. Mi hija vio un poema que le había escrito a Marcial. Ella no quizo regarlo a propósito, pero salió llorando de la habitación y cuando le preguntaron por qué lloraba…
»En fin, yo nunca le haría daño a Marcial. Te lo juro que yo en realidad lo quiero mucho. Yo lo necesito. Por eso regresé, mira.
Norman abrió su mochila de viaje y sacó el documento que hace oficial su divorcio.
—Mira la fecha —dijo Norman y le dio el documento a Natasha—, tan pronto me fui aquella vez, lo primero que hice al regresar a Petalia fue pedirle el divorcio a mi esposa. Todo lo hice por Marcial.
Natasha leyó el documento y comprobó la fecha antes de regresárselo a Norman. Fue ahora que por fin miró a Norman, media boquiabierta.
—Dejé todo. Dejé a mi vida anterior. A mi esposa, a mi gimnasio, a mi casa. Todo con tal de vivir con Marcial. Por favor… déjame hablar con Marcial —dijo Norman en voz baja y metió el documento en su mochila.
—Entonces … ¿sí amas a Marcial?
Esto era fácil de comprobar para Norman. Aunque él siempre amó a Caroline como una hermana, lo que su corazón sentía ahora hacia Marcial superaba mucho esos sentimientos.
—Lo amo y mi corazón está adolorido sabiendo que él sufre, que él piensa que yo lo traicioné. Por favor … ¿dónde lo puedo encontrar? ¿Me ayudas a que pueda hablar con él? —Norman sintió una esperanza, Natasha podría hacerlo salir de su apartamento, o al menos dejarlo entrar al gimnasio cuando Marcial regrese. Él tenía fe en que si podía hablar con Marcial, podría convencerlo.
—Lo siento … lo siento mucho … es demasiado tarde —dijo Natasha, y sus ojos ahora se estaban humedeciendo—. Me dejó el gimnasio y se fue … se fue de Azuliza hace ya una semana, y no me dijo adónde.
A Norman se le cayeron los papeles de divorcio al suelo, su corazón adolorido.
Norman sintió lágrimas humedecer su rostro. Se quedó atónito casi un minuto. Se despidió de Natasha y se fue camino hacia las montañas del oeste, sintiéndose completamente devastado. Marcial se había ido, seguro pensaba que ya no podía seguir en Azuliza por culpa de Norman. Eso era lo más que le dolía. No haberlo perdido, sino dejar al hombre que llegó a querer tanto en ese estado, pensando que fue traicionado, cuando en realidad Norman no era capaz de hacerle nada malo.
La persona que más quería hacer feliz ahora estaba deprimida y posiblemente desconfiando del mundo entero, y Norman no sabía a dónde ir a buscarlo.
Cuando ya se había apartado de la civilización y estaba por las montañas lejos de todo el mundo, dejó salir a sus Pokémon, se dejó caer en el suelo sentado, y frente a todos ellos empezó a llorar, mirando el suelo.
Esto no puede ser el fin. Por fin había llegado a experimentar lo que se sentía estar enamorado, y ahora toda esa felicidad se había convertido en dolor.
Sus Pokémon inmediatamente se acercaron a él. Blissey lo miró en la cara con una sonrisa débil, y dijo algo, que Norman creyó entender como: «no te rindas»
Después de unos minutos, Norman logró calmarse. Esto era solamente un pequeño contratiempo. Seguro encontraría a Marcial. Aun si tenía que buscarlo hasta el fin del mundo.
Se puso de pie y le sonrió a sus Pokémon, era una sonrisa adolorida y lánguida, pero quería mostrarles que no se daría por vencido. Fue entonces cuando oyó una voz familiar.
—Hey, ¡eres tú otra vez, Norman!
Norman se volteó y vio a Máximo caminando hacia él.
—¿Estás bien? —preguntó Máximo de repente al verlo—. ¡No me digas que los del pueblo te estaban molestando!
—No —dijo Norman firmemente y con rencor en la voz. La culpa de todo esto era de ellos, de la gente intolerante y metiche que se involucraba en los asuntos ajenos. Si no fuera por ellos, Marcial no hubiera tenido razón de irse—, ni que se atrevan. No les perdonaré lo que le hicieron a Marcial.
—Entonces, ¿es cierto que amas a Marcial?
—Sí, ¿y qué? —dijo Norman alerta. Hasta Máximo que se la pasaba en las montañas de la isla ya se había enterado. ¡Cómo había corrido el chisme!
Máximo arqueó las cejas y pareció un poco sorprendido por el tono de Norman. Se acercó un poco más hacia Norman (a pesar de que los Pokémon de Norman se habían volteado hacia él y estaban alertas), sonrió y dijo:
—No me mires así, yo te entiendo, Norman —dijo Máximo—, yo también soy como tú. ¿Conoces a Plubio, verdad?
Norman se quedó boquiabierto. No lo podía creer. ¿Otro más? ¿Cómo puede ser que desde que se hizo público, tanta gente venía a decirle lo mismo?
—¿Hablas del líder de Arrecípolis? —logró preguntar Norman.
—Sí … él y yo somos novios —reveló Máximo.
—¿¡En serio!? —dijo Norman sorprendido. Sus Pokémon captaron el aire de la conversación y se empezaron a dispersar para darles espacio.
—Sí, tuve la increíble suerte de que mi amigo de infancia sea como yo. Por eso quería que lo supieras … tú y Marcial tampoco sois los únicos, seguro somos muchos que tenemos que mantenernos callados porque sino todo el mundo empezara a hablar de nosotros y tratarnos diferente. Especialmente para mí como campeón de la liga Hoenn.
—Ahora me pregunto por qué todos escogimos ser líderes de gimnasio o dedicarnos a los Pokémon de una forma u otra —dijo Norman en voz baja, más para sí mismo.
Ya eran tres líderes de Hoenn que les gustaba el mismo género. Claro, él y Marcial ya no eran líderes, pero Kenny lo había remplazado a él, y Kenny también…
—Créeme, he estado pensando en el tema de nuestra relación con los Pokémon desde hace muchos años. En cuanto a tu pregunta, personalmente yo siempre sentí que los Pokémon que me acompañaron desde chiquito siempre me aceptarían a pesar de cómo era diferente a los demás, por eso me aferré a ellos.
Norman consideró lo que Máximo decía. Es verdad que sus Pokémon siempre lo han apoyado. Incluso cuando hizo la prueba para ver si en verdad lo entendían, y comprobó que sí lo apoyarían en estar con Marcial.
—Tienes razón —dijo Norman y miró hacia sus Pokémon, que ahora lo estaban esperando en la distancia—. Ellos siempre me han apoyado.
—Pero esa no es la única razón por la cual yo estudio las leyendas antiguas y los fósiles Pokémon —dijo Máximo con un tono serio—. Te mentí la última vez que hablamos. No sabía si podía decirte la verdad de mis estudios, porque hay gente que es muy sensitiva con este tipo de cosa. ¿Te acuerdas cuando te dije que no había evidencia de que Groudon y Kyogre en verdad hayan creado los continentes y océanos tal y como la gente piensa?
—Sí, me dijiste que pensabas que quizá haya un tercer Pokémon que los haya ayudado —dijo Norman, intentando acordarse de la conversación de aquel día. Se acordó de que Máximo se había ido de prisa aquel día.
—Te dije eso para que no sospecharas o pienses mal de mí. La verdad es que el consenso científico es que nuestras tierras y aguas tomaron forma sin ayuda de ningún Pokémon. Es decir, nuestro planeta se formó por procesos naturales y no por la creación de Pokémon —explicó Máximo con tono muy serio y se sentó sobre una roca grande.
Norman se quedó boquiabierto. Entonces, podría eso decir que…
—Eso quiere decir que es posible que otras leyendas de nuestra creación sean incorrectas. Por ejemplo, que los Pokémon creadores Dialga y Palkia no hayan creado el tiempo y el espacio, y que Arceus no nos creó el mundo. Eso diría que nosotros y los Pokémon somos seres completamente distintos, y que estas leyendas fueron construidas por gente que quería que los humanos seamos subordinados a los Pokémon, o al menos más como ellos.
Norman estaba escuchando atentamente. Si Arceus no era el creador … entonces … ¿qué habría de pensar él?
—Personalmente, yo creo que estas leyendas sí fueron inventadas por gente que quería que vivamos como Pokémon —continuó Máximo—. Toda nuestra mitología es originaria de Sinnoh, y como quizá sabrás, en el antiguo Sinnoh, hubieron incluso casos de humanos y Pokémon casándose entre sí. Por suerte, esas tradiciones no sobrevivieron hasta hoy en día, aun si la gente sigue creyendo en las leyendas como la verdad absoluta.
Norman había escuchado acerca de esas leyendas de exogamia en Sinnoh, pero siempre le pareció muy inverosímil para creer. Norman consideró lo que decía Máximo, y se acordó de haberle preguntado acerca de Arceus a sus Pokémon, así que dijo:
—Mis Pokémon ni siquiera saben quién es Arceus … quizá tienes razón, y todo esto son inventos de nuestra sociedad.
—Lo que significaría que la actitud de la gente hacia la atracción al mismo sexo es un producto de cientos de años de una mitología que intentó hacer que los humanos seamos más como los Pokémon. Si tan solo lográramos encontrar evidencia irrebatible de que nuestra mitología es falsa, quizá ¡podríamos convencer a más gente a que la abandone, y forjar un futuro mejor para gente como nosotros!
Norman intentó imaginarse un futuro donde él pudiera caminar por las calles de la mano con Marcial sin temor alguno, y entonces se deprimió. Ese día no solo parecía estar lejísimo, pero aun no sabía si tenía esperanza de reunirse con Marcial. Aun si lo buscase por todo el mundo, ¿cuál era la probabilidad de que lo encuentre?
Era claro que Máximo se percató del cambio en humor de Norman, porque preguntó:
—¿Estás bien? Pensé que mi ideal te tendría más excitado … yo sé que no será fácil, pero siempre y cuando nos esforcemos, podremos crear un mundo mejor.
—Disculpa, es que … tengo que irme. Tengo que buscar a Marcial. Él cree que yo lo traicioné, pero no fue así, yo nunca le haría daño, y tengo que encontrarlo donde sea que esté lo antes posible. No sé dónde está ni cuánto podría tomarme encontrarlo, pero entre más me tarde, es posible que más llegue a odiarme por un mal entendido, y hasta llegue a olvidarme —dijo Norman con tono lúgubre. La idea de que Marcial se olvide de él o se consiga a otro hombre lo espantaba.
—¡Ah! ¿¡Marcial se fue de Azuliza!? ¿No me digas que es por culpa de la actitud de la gente?
—Sí … se fue … y como te dije, yo me tengo que ir a buscarlo lo antes posible, discúlpame. —dijo Norman firmemente—. Gracias, tu plática acerca de la mitología me ha dado la energía que necesitaba. No tengo tiempo para descansar.
Sus Pokémon parecieron escuchar, porque todos regresaron a paso ligero.
—Pero, ¡espera! ¿Al menos tienes alguna idea de dónde habrá de estar? ¡Hoenn no es un lugar pequeño!
Norman lo pensó por unos momentos, y dijo:
—No sé, pero mi corazón me dice que está … en Kalos.
Tenía mucho sentido. Marcial ya planeaba mudarse para uno de Kalos, Paldea, o Alola, según le había dicho aquel día en su apartamento. Él quería irse del país y ahora que quedó expuesto a todo el mundo, seguro tomó la oportunidad.
De los tres lugares, el más accesible y barato era Kalos. Kalos era parte de un continente más grande al que la gente viajaba a menudo, mientras que Alola era un archipiélago exótico, bien popular con los turistas, pero muy caro para irse a vivir. Marcial tuvo que irse sin muchos preparativos, y es probable que no logró ajuntar suficiente dinero para vivir cómodo en Alola.
De todos modos, él sabía que si Marcial ya se fue de Azuliza, lo más probable era que estaría en uno de esos tres sitios. Entonces, si no lo encontraba en uno, solo tenía que ir a otro, y Kalos y Paldea estaban juntos uno del otro, lo que haría más fácil buscarlo en ambos lugares primero.
—¡En Kalos! —dijo Máximo sorprendido—. ¿Piensas ir a Kalos a buscarlo?
—¡Por supuesto! Yo lo necesito, mi corazón duele cada instante que pienso en lo que debe estar pasando él. Tengo que encontrarlo lo antes posible —dijo Norman, y se volteó hacia sus Pokémon. Ellos asintieron con la cabeza, sabían que era hora de viajar otra vez. Así que Norman los hizo entrar en sus Pokébolas de nuevo y se volteó hacia Máximo para despedirse, pero Máximo habló primero:
—Entonces, Marcial tuvo que ir hasta el aeropuerto de Ciudad Férrica para salir del país, ¿no?
—Sí, para allá voy yo también.
—¿Hace cuántos días se fue Marcial?
—Aparentemente hace una semana… —dijo Norman acordándose de lo que dijo Natasha.
Máximo se puso a pensar unos momentos, y luego metió su mano en un bolsillo y sacó una Pokébola. Después de un rayo de luz, en el aire arriba de ellos volaba un enorme Aerodactyl que aterrizó al lado de ellos.
—¿Lo escuchaste, Aerodactyl? —le preguntó Máximo en voz baja, y después de que Aerodactyl asintiera, se volteó hacia Norman de nuevo y dijo—: Te lo presto. Mi Aerodactyl podrá llevarte al Aeropuerto Férrico en menos de un día. Ya que el viaje por mar y tierra a Ciudad Férrica ha de tardar alrededor de una semana, quizá haya tiempo de alcanzarlo antes de que se vaya del país. Tendrás mucha más esperanza de encontrarlo si logras alcanzarlo en el aeropuerto.
—¿¡En serio!? —dijo Norman boquiabierto y abrazó a Máximo llenó de emoción—. ¡Muchas gracias!
—¡Te deseo toda la suerte del mundo!
No fue un viaje nada fácil. Era cierto que Norman tenía un Staraptor, pero lo había dejado en el gimnasio y no lo usaba mucho para volar. De todos modos, eso no era nada comparado con volar en un Aerodactyl. Iban tan rápido, que Norman tenía que cerrar los ojos a menudo, para no marearse, y para que no le dolieran por el ventarrón que hacía.
Fue un viaje agotador, pero muy rápido. De hecho, llegaron al aeropuerto en las afueras de Ciudad Férrica en solo unas seis horas, todavía ni había oscurecido el cielo cuando por fin aterrizaron y Norman quería vomitar.
—Muchísimas gracias, Aerodactyl —dijo Norman en voz baja, aun muy mareado—. Tú y Máximo me habéis hecho un gran favor. No lo olvidaré.
Acarició el rostro de Aerodactyl un momento, y luego Aerodactyl voló y se fue en alta velocidad de regreso hacia el sur.
Norman se obligó a calmarse, y tomó cuenta del área. Estaba en una plaza muy amplia, y había gente que lo observaba desde la distancia. ¡Menuda aparición había hecho! Vio el edificio en la distancia que reconoció como el aeropuerto y corrió en esa dirección hasta entrar al edificio.
—Señorita, buenas tardes —dijo Norman después de correr hasta la recepción del aeropuerto.
—Bienvenidos al Aeropuerto Ciudad Férrica —dijo la mujer de cabello castaño y largo—. ¿Necesita comprar un boleto?
—Disculpa, me urge saber si por aquí ha pasado un hombre de cabello y ojos turquesas. Un poco más bajito que yo y de tez bronceada —dijo Norman mientras intentaba mantener la calma. Si tan solo le hubiese tomado una foto a Marcial, quizá todo esto sería más fácil.
—Oh … discúlpeme. Mucha gente viaja por aquí todos los días, no podría acordarme de todos —dijo la señorita con calma—. ¿Necesita un boleto?
Norman tragó saliva. Era posible que Marcial aún no había llegado al aeropuerto. Pero eso le parecía inverosímil.
—¿Cuándo sale el próximo vuelo a Kalos?
—El vuelo a la Ciudad Luminalia sale a las nueve de la mañana todos los días —explicó la señorita.
No tenía más remedio. Era obvio que a Marcial le urgía salir del país. No iba a tardarse tanto en irse. Si no estaba en el próximo viaje, seguro es porque ya se fue.
—Un boleto a Ciudad Luminalia, por favor.
Después de comprar el boleto, Norman se fue hacia el centro de la Ciudad Férrica paso ligero. Tenía más de doce horas antes de que se vaya el avión y no las iba a desperdiciar.
No le tomó mucho tiempo encontrar la sucursal de la Oficina de la Liga Pokémon. Era un edificio principalmente burocrático, dedicado a los entrenadores lugareños que querían registrarse para la liga Pokémon o inspirarse viendo las hazañas de los demás. Adentro había una fila de jóvenes esperando en la recepción para registrarse, pero Norman se dirigió hacia una habitación secundaria donde había un rótulo que decía «Salón de Fama». Aquí no había nadie, solo habían montones de libros en estantes como una biblioteca, también había un área con escritorios y computadoras, y hasta un área con estantes llenos de CDs.
Entre todas las conversaciones acerca de Pokémon que había tenido con Marcial, había husmeado el año en el que él desafió la liga Pokémon de Hoenn, así que él vino preparado. Buscó entre los archivos de CDs hasta encontrar las grabaciones del año correspondiente, y puso el CD en una computadora para ver las grabaciones.
Eran videos de todas las batallas que habían tomado lugar en la liga Pokémon en aquel año. Estuvo sentado en esa silla viendo el video unos veinte minutos hasta que por fin vio a Marcial. Verlo otra vez hizo que el corazón le doliera. Este joven sonriendo de oreja a oreja ahora ha de estar deprimido y desconfiando del mundo entero, y todo porque piensa que el hombre que más lo quiere lo traicionó. Era unos años más joven en el video, pero no había cambiado demasiado, así que Norman creyó que esto sería suficiente.
Imprimió el mejor fotograma que pudo encontrar donde se veía Marcial claramente, y salió de la oficina de prisa.
Fue al Centro Pokémon, el lugar más lógico para un entrenador que tenía que hospedarse temporalmente. Le enseñó la foto de Marcial que imprimió a Joy y a todos los entrenadores que estaban en la sala del centro pero ninguno creyó haberlo visto.
No le costó más remedio que irse a dormir y esperar a tener más suerte el día siguiente.
El día siguiente por la mañana, se levantó temprano para tener tiempo para ducharse y desayunar con sus Pokémon. Preguntó otra vez por Marcial a los del centro, y se fue hacia el aeropuerto después de no tener ninguna respuesta afirmativa.
Cuando regresó al aeropuerto, en vez de dirigirse al área de entrada con su boleto, fue primero hacia la recepción, donde ahora había un joven de cabello rojo que parecía somnoliento.
—Permiso, ¿has visto a este joven pasar por aquí? —preguntó Norman y le enseñó la foto al joven.
El recepcionista le echó un vistazo a la foto, y dijo:
—Me parece que sí … vino antier en la madrugada por un boleto… —dijo el joven.
A Norman le dio un vuelco el corazón. ¿Y ahora qué?
—¿¡Sabes para dónde iba!? Me urge saberlo, ¡por favor!
—Disculpe, no podría acordarme de los boletos que toda persona compra. Y aun si lo supiera, no creo que sea correcto que se lo diga —dijo el joven con tono más serio y firme.
Norman le dio las gracias, y se fue al área de abordaje. Al menos parecía que Marcial sí había tomado un avión. Eso casi garantizaba que había salido del país. Así que tendría que seguir con su plan. Iba a buscarlo afuera del país no importa cuánto tiempo le tomara.
En solo una hora, ya había bordado el avión y había despegado.
Cuando por fin llegó a Kalos y estaba dirigiéndose hacia la salida del aeropuerto, estaba mareado. Era la tarde aquí, pero pensaba haber perdido todo sentido del tiempo. Era la primera vez que había salido del país, y ahora se sentía completamente desorientado. La gente hablaba de una manera que se le hacía un poco difícil de entender, todos vestían de una manera diferente, y hasta la temperatura parecía estar más fría que una noche invernal en Hoenn.
—Disculpe, ¿ha visto a este joven pasar por aquí? —preguntó Norman al señor que le verificó su tarjeta de identificación cuando pasó hacia la entrada. Norman le entregó la foto de Marcial junto con su tarjeta de identificación.
—Me parece que sí, pero no puedo estar seguro. Todo en orden. Bienvenido a la Ciudad Luminalia —dijo el señor y le entregó la foto y la identificación a Norman, y llamó al siguiente en la fila, así que Norman no le costó más remedio que seguir caminando.
Cuando salió del aeropuerto, comprobó una vez más que era más frío acá, pero en realidad no tanto como pensaba. Resultó ser que el aeropuerto de acá tenía aire acondicionado. Tomó un tren que lo llevó hasta el centro de Ciudad Luminalia y quedó boquiabierto al ver lo increíble que era la ciudad. Nunca antes había visto una ciudad tan grande y hermosa. Todo parecía muchísimo más moderno que lo estaba acostumbrado a ver en Hoenn y Johto. Le recordaba un poco a Kanto, especialmente a la Ciudad Azafrán, pero esta era más limpia y más hermosa.
Se hospedó en el Centro Pokémon, dándole de comer a sus Pokémon y preguntándole a toda persona que veía sobre el hombre en la foto, pero no pudo encontrar a alguien que lo haya visto.
En los próximos días, fue a varios cafés y restaurantes de la ciudad, visitó el gimnasio y llegó a conocer al líder Clemont, que tenía la misma edad de Ash, pero tampoco nadie había visto a Marcial. Hasta terminó yendo al laboratorio del Profesor Ciprés y preguntando por él allá, pero tampoco encontró a alguien que lo haya visto.
Ocasionalmente, había un taxista o persona al azar de la calle que le decía que sí lo habían visto, pero siempre parecían no estar seguros.
Norman notó que no había mucha gente de cabello azul en Kalos, lo que habría de hacer esto más fácil, pero después de una semana buscándolo por toda Ciudad Luminalia, ya estaba empezando a darse por vencido. Tenía que ir a otro lugar a buscarlo. Al menos para mantener el ánimo más alto.
Fue así como terminó en una biblioteca, preguntando por mapas de Kalos, y se dio cuenta de qué tan grande la región era. Pero, al ver el mapa, se dio cuenta de algo que no sabía de Kalos: ¡tenía costa! ¡Con razón estaba entre los países a los que Marcial quería mudarse!
—Discúlpeme, señora, ¿me puede decir qué ciudades en Kalos tienen playa? —preguntó Norman a la bibliotecaria.
—Si vino a Kalos buscando playas, solo le puedo recomendar Ciudad Relieve. No es una playa maravillosa, pero quizá tiene la mejor que encontrará en Kalos.
Norman se excitó. ¿Solo había una ciudad con buenas playas? ¡Pues, ese sería el mejor lugar para buscarlo! Preguntó cómo llegar allá, y emprendió el viaje.
Norman llegó a la Ciudad Relieve en la madrugada. Estaba cansado y desvelado, porque cada día que pasaba sin encontrarlo le bajaba aun más el ánimo. No había encontrado a nadie que le diga que estaba seguro de haber visto a Marcial, era posible que él ni siquiera estuviese en Kalos, y este país era enorme y seguro le tomaría más de un año buscarlo aquí. Hasta estaba seguro de que tendría que regresar a Ciudad Luminalia para seguir buscando allá, ya que sabía que en una semana aún no había buscado por todas partes de la ciudad.
No quería ir a dormir, después de todo el sol ya estaba saliendo y alumbrando la costa, y sus Pokémon han de estar ansiosos por salir a caminar. Estos últimos días había descuidado las necesidades de sus Pokémon y ya había empezado a sentirse mal por eso también. No era culpa de ellos que estuviera metido en este lío.
Fue así cómo terminó caminando hacia la playa y haciendo salir a sus Pokémon para que caminen con él. Era una playa hermosa, definitivamente, aun si no le llegaba a los pies de las playas de Azuliza. Cuando ya estaba caminando cerca del agua en la arena, ya el sol había completamente alumbrado la ciudad y la playa, pero aun no había nadie en la playa. Norman entendió por qué la playa no estaba llena de gente como la de Azuliza solía estar: hacía frío. Bueno, no tanto frío como para que nadar sea peligroso, pero suficiente como para no tentarse a irse a nadar.
Caminó a lo largo de la costa por media hora, y sus Pokémon todo el tiempo parecían preocuparse más por tratar de hacerlo sentir mejor que su propio ejercicio diario. Norman estaba perdido en su mente, pensando en el tiempo que estuvo con Marcial, cuando su Tauros lo hizo detenerse de repente.
Tauros bufó y pareció tratar de comunicar algo, y luego empezó a correr hacia el norte a lo largo de la playa. Norman quedó un poco aturdido por la actitud rara de Tauros, pero siguió en pos de él, preguntándose a qué se debía este comportamiento extraño de Tauros. Corrió otra media hora hasta que por fin alcanzó a Tauros, que se había detenido en el medio de la playa. Cuando lo alcanzó y vio hacia al frente, su corazón dio un salto que casi lo deja mareado.
Allá en la distancia había un hombre de cabello azul celeste sentado en la arena mirando hacia el mar. Estaba demasiado lejos para poder verlo claramente, pero Norman ya sabía. ¡Por supuesto que estaría en el único lugar en Kalos donde habían playas buenas!
Sus Pokémon se quedaron atrás mientras que Norman empezó a correr hacia él.
—¡Marcial! —gritó Norman lleno de emoción, y ahí fue que Marcial por fin se percató de su presencia y se volteó hacia él.
Norman se lanzó al suelo frente a Marcial, arrodillado frente a él, con lágrimas surcándole el rostro. Norman notó que Marcial se veía cansado, como si no hubiese dormido bien durante días.
—¿Tú…? Pero… —dijo Marcial más aturdido que nada, tenía los ojos como platos, claramente no podía creer lo que veía.
—¡Gracias a los cielos que te encuentro! ¡Marcial, perdóname por favor! Yo te juro que no lo hice a propósito. Yo te quiero tanto y daría cualquier cosa por ti —dijo Norman con tono agitado y las manos temblándole.
Marcial se volteó hacia el otro lado para no mirarlo.
—¿Cómo rayos me encontraste? No quiero verte.
Norman, aun arrodillado, se movió hacia el otro lado para estar frente a Marcial de nuevo, extendió los brazos y le agarró los hombros.
—Escúchame, todo fue aquel día que llegaron mis hijos… Me descuidé y los dejé entrar a la habitación y vieron un poema que te había escrito. Mi hija salió en pánico y terminó diciéndoselo a Joy. ¡Perdóname por descuidar nuestra intimidad, yo nunca quise que supieran de nosotros! Pero te juro que soy sincero cuando te digo que ¡no hay nadie más en el mundo con quien quiera estar! ¡Dejé todo con tal de buscarte y poder estar contigo!
A Marcial también se le empezaron a llenar los ojos de lágrimas.
—¡Vete! ¡No quiero escucharte! ¡Seguro viniste a arruinarme la vida acá también! —dijo Marcial en voz baja y bajó la cara, pero no se echó para atrás o trató de hacer que Norman lo soltara. Se veía exhausto, completamente sin energía, y eso le daba aun más dolor a Norman.
—Me divorcié para poder estar contigo el resto de mi vida si me aceptas —dijo Norman en voz baja, haciendo el esfuerzo más grande de su vida para mantener un tono calmado. Se acercó un poco más a Marcial y soltó su mochila al lado de ellos, y sacó de ella el papel que hacía oficial su divorcio y se lo dio a Marcial—. Créeme por favor…—decía mientras usaba la otra mano para acariciarle el rostro a Marcial—, sí, fue mi culpa por descuidar algo tan importante, pero te lo juro que he sufrido todo este tiempo pensando en cómo tú has de estar sufriendo. Mi corazón sufre si no eres feliz. Mi corazón late por tu felicidad. Estoy dispuesto a abandonarlo todo por ti. Me divorcié y abandoné mi gimnasio, y estoy dispuesto a hacer una vida nueva contigo aquí o donde quieras si me aceptas.
Marcial no dijo nada, pero tomó el documento de divorcio y empezó a leerlo.
Norman tomó la oportunidad para sacar la concha de Azuliza que aún llevaba en su chaleco. Siempre la llevaba consigo, como un especie de recuerdo o símbolo de su amor. O más fingía que era una parte de Marcial que llevaba consigo.
Le dio la concha y el poema a Marcial. Norman había editado el poema mucho en barco de regreso a Azuliza, pero nunca llegó a eliminar su declaración de amor. Después de tantos días de introspección, después de haber perdido a Marcial y descubierto lo mucho que esa pérdida le dolía, y ahora después de descubrir lo mucho que su corazón le dolía verlo en este estado, él estaba más seguro que nunca.
—Quería dártelos aquel día funesto … pero no me dejaste —dijo Norman en voz baja. Su rostro estaba caliente aun bajo el viento frío del mar—. Marcial, mírame a los ojos.
Marcial levantó la mirada después de leer el poema. Sus húmedos ojos turquesas se conectaron con los ojos de Norman. Norman otra vez puso sus brazos en los hombros de Marcial.
—Te amo con toda mi alma —suspiró Norman y se acercó un poco más a Marcial.
Marcial parecía estar a punto de sucumbir al llanto, extendió sus manos y abrazó a Norman firmemente.
—Oh Norman… —aulló Marcial. Se abrazaron en silencio un largo tiempo. Norman lo apretaba duro contra su cuerpo, quería protegerlo, quería hacer que no vuelva a sufrir. El calor de su cuerpo lo sostenía, pero era la sonrisa de Marcial la que en verdad le daba vida y sostenía su corazón, la que más añoraba.
Después de un tiempo, aún abrazados, Marcial habló:
—Pensé … pensé que me habías traicionado, que todo había sido un juego otra vez … y por eso trataba de forzarme a odiarte … pero no podía … porque tus caricias … tus detalles … tu pasión … todo parecía tan real, que mi corazón insistía en que lo eran.
—¡Lo son! ¡Yo nunca te mentí! Todo fue real. Desde la dichosa mañana en la que te vi por primera vez, quedé enamorado de ti. Fue un gran día de suerte conocerte allí. ¡Te quiero más de lo que te puedas imaginar! No hay nada que quiero más que lograr hacerte feliz.
—Yo también te quiero, Norman —dijo Marcial en voz baja.
En el mundo no restaba nada más. Solo quedaba Norman y Marcial, abrazándose, dándose fuerzas uno al otro.
Esa noche, Norman se encontraba en una habitación temporera del Centro Pokémon duchándose y arreglándose para Marcial. Habían quedado en arreglarse para cenar juntos y hablar con calma, ya que por la mañana en la playa Norman llevaba más de un día sin bañarse y Marcial, igual que Norman, se había desvelado y necesitaba dormir.
Cuando salió de su habitación estaba lleno de energía y listo para encontrarse con Marcial. Ahora que estaba más relajado, podía fijarse en la gente de Kalos, y se puso muy contento en comprobar la verdad: la cultura acá era diferente a la de su país. La gente no solo vestía diferente y se veía diferente, pero también logró ver una que otra pareja del mismo sexo mostrando afección en público (algo que nunca vio en su país). Quería enfadarse consigo mismo por no haber ido fuera de su país cuando joven, pero no podía, ya que de ser así no hubiese llegado a conocer a Marcial.
Más tarde, había llegado al restaurante donde habían quedado en encontrarse y había pedido una mesa para dos. Era un restaurante con un aire romántico, muchas decoraciones de color rojo, y la mayoría de las mesas solo sentaban dos personas. Mientras caminaba a su mesa, logró ver una pareja de dos hombres cenando juntos y coqueteando.
Norman llevaba una sonrisa en el rostro, y la sonrisa se hizo más grande al ver a Marcial entrar al restaurante. Estaba vestido con una camisa de manga larga azul oscuro, y pantalones largos. Claramente, él ya había comprado ropa nueva aquí.
—Hola mi amor —dijo Norman en voz baja para que solo Marcial lo oiga, mientras se ponía de pie para sacarle la silla y ayudarlo a que se siente.
—No tienes que hacer todo esto por mí… —dijo Marcial en voz baja.
—Si te molesta, o no te gusta, entenderé completamente y no lo haré otra vez —dijo Norman después de sentarse de nuevo—. Pero si me dices que te gusta, lo haré por el resto de mi vida.
—¡Qué lindo eres! Me gusta, pero tampoco quiero que lo hagas todo el tiempo. Yo también querré tratarte así.
—¡Por supuesto! Creo que me encantaría —dijo Norman. Sabía que esto era algo de ajustarse, donde ambos tendrían que aprender uno del otro lo que les gustaba. Después de todo, era la primera vez en la que estaba realmente enamorado de alguien, y también era su primera vez haciendo estos detalles con un hombre.
—Entonces … ¿vamos a ser novios? —preguntó Marcial mirando a Norman en los ojos.
—Sí, si tú quieres. Yo quiero ser tu novio.
—¡Por supuesto que quiero!
—¡Perfecto! Hay otra cosa… me gustaría que vivamos juntos —dijo Norman, ya tenía todo esto planeado—. Aunque perdí mi casa y trabajo, seguro aún tengo suficiente dinero ahorrado para comprarnos una casa en algún lugar de Kalos. ¿Qué te parece? —preguntó Norman y extendió una mano sobre la mesa y la colocó sobre la mano de Marcial—. Quiero que vivamos juntos lo antes posible, cada minuto sin ti me causa dolor en el corazón.
Marcial sonrió y vio a Norman en los ojos.
—Me encantaría que vivamos juntos. Yo solo estoy rentando un apartamento aquí, porque aun no sabía si me iba a quedar aquí.
De repente, llegó la mesera:
—¡Bienvenidos a Mariscos Paldea!
Instintivamente, Norman y Marcial ambos recogieron sus manos en pánico. La mesera simplemente tenía una sonrisa en la cara, y dijo:
—¡Tenemos una oferta de cena romántica para parejas si os interesa! Dos copas de vino rojo de Ciudad Romantis, cena de cinco platos para dos, y un pastel de fresas y chocolate. ¿Estáis celebrando un aniversario o algo por el estilo?
Norman y Marcial se quedaron boquiabiertos. Norman no esperaba esa actitud. ¡Qué diferencia!
—¿Necesitáis más tiempo para pensarlo? —preguntó la mesera al ver que aún no respondían.
—La cena romántica, por favor —dijo Norman con calma.
Marcial se ruborizó unos momentos, y luego de que la mesera se fuera, empezaron a hablar en voz baja de la diferencia en la actitud de la gente, y Norman le dijo de las otras parejas como ellos aquí. Marcial también le contó haber visto otras parejas de dos hombres o dos mujeres, y poco a poco se empezaron a relajar mucho más.
El vino y la cena llegaron y Norman apenas se daba cuenta si la comida era buena o no porque estaba perdido en los ojos de Marcial mientras hablaban de todo lo que había pasado los últimos días, incluso cómo Norman lo encontró aquí en Kalos, cómo sus hijos lo aceptaron y hasta parecían querer verlos juntos, y hasta cómo Máximo lo ayudó en su odisea.
Cuando ya estaban comiéndose el postre, ya se habían puesto a gusto, Norman le había puesto su mano sobre la mano de Marcial, y hasta se daban bocaditos de pastel uno al otro mientras se reían.
—Te quiero tanto, Norman … creo que desde el día en que te vi de repente en la playa, no sé cómo pero … todo cambió. Sí, es cómo tú dijiste, fue un día de suerte. El mundo ahora es de color.
—La suerte, Marcial, es que tú sientas lo mismo por mí. Aún me cuesta creer que un hombre tan maravilloso como tú, haya literalmente chocado contra mí aquella dichosa mañana —dijo Norman y se rió un poco.
—Creo que cuando vivamos juntos, se me hará difícil forzarme a hacer cualquier cosa … querré abrazarte todo el tiempo —susurró Marcial.
—Podemos abrazarnos días enteros … yo no tengo que conseguir trabajo tan de prisa —dijo Norman, se inclinó sobre la mesa y le dio un beso en los labios a Marcial.
—Te amo —dijo Marcial.
—Yo también te amo —dijo Norman.
Fin