Despertar en la Playa

—Gracias por curar a mis Pokémon, enfermera Joy.

—De nada, Norman. Veo que tuviste una batalla intensa hoy —dijo la enfermera Joy mientras le regresaba las Pokébolas con sus Pokémon a Norman.

—Sí, los chicos de hoy en día son muy serios. Fue una impresionante batalla, de verdad. Me pregunto cómo le irá a mi hija, que se fue con aquel chico de Kanto. —Norman puso las Pokébolas en su chaqueta y se volteó para irse.

—¡Espera! —dijo la enfermera Joy de repente, y Norman se volteó de nuevo, un poco aturdido—. Por cierto, tu aniversario con Caroline se aproxima, ¿no? Yo sé que eres medio despistado, desde que los tres éramos jóvenes siempre has sido así. ¡A que se te olvidaba!

El Centro Pokémon estaba vacío en este momento, salvo por Chansey que estaba limpiando un equipaje médico, pero eso no era inusual. La Ciudad Petalia era bien pequeña, y no solía ver turistas. A este rincón de Hoenn, sólo se venía por la Medalla Equilibrio.

Norman le sonrió a Joy, ella siempre ha sido una gran amiga de él, igual que Caroline, a quien conoce desde que él obtuvo su primer Pokémon a los diez años. Norman no sabía a qué se refería Joy con que él era despistado, él estaba seguro de que tenía todo bajo control.

—Sí, por supuesto que lo sé —dijo Norman firmemente—. Ya van casi diez años de matrimonio.

—Pues, ¿ya sabes lo que piensas hacerle a Caroline?

—¿Cómo? —ahora sí se confundió Norman.

—Ay, Norman. ¡A Caroline le gustaría que hagas algo para festejar ese momento! Si no haces nada, seguro se enfadará contigo —dijo la enfermera Joy con calma, como si le estuviese explicando algo a un niño —. En serio, ¿a caso nunca piensas en nada más que en el gimnasio y tus Pokémon? No sé si te has fijado, pero ¡Caroline no se ve contenta desde que tus hijos se fueron!

Norman se sintió un poco ruborizado y el corazón pareció hundírsele al estómago por un momento. No había pensado en hacer nada especial, después de todo, ellos nunca habían celebrado ningún año anterior. Pero es cierto que Caroline se ha estado comportando un poco extraña últimamente, ¿quizás ya se dio cuenta de que no le tenía nada planeado?

—Eh, bueno… —Norman no sabía qué decir. Era cierto que le dedicaba mucho tiempo al gimnasio, pero eso no quería decir que no le hacía caso a Caroline.

—¿A poco no la amas? ¿Cómo puedes ser tan despistado? ¡Querer celebrar que aún están casados después de tantos años es natural! —la enfermera Joy parecía perder la paciencia.

—Suficiente —dijo Norman con calma y firmeza —. Por supuesto que la amo, desde que embarqué en mi aventura con mi primer Pokémon, ella ha estado a mi lado. Me acompañó por todo Hoenn y hasta fuimos a Kanto, Johto y Sinnoh. Quizás soy así porque siempre ha sido parte de mi vida, y nuestro matrimonio solo fue un suceso natural de nuestra larga amistad. Desde que embarqué en mi aventura Pokémon, ella siempre ha estado de mi lado.

—Bueno, si tú lo dices —dijo la enfermera Joy, pero no parecía convencida—. De todos modos, piénsalo. Si necesitas ayuda, ven y pregúntame, ¿vale? Podrías hacerle una exhibición de fuegos artificiales o algo por el estilo.

—Gracias, estaré pensándolo —dijo Norman y sonrió de nuevo. Inclinó la cabeza un poco respetuosamente, y se fue.


Las calles de Petalia estaban tranquilas y serenas bajo el cielo crepuscular. A pesar de que ya el sol se estaba poniendo, el aire todavía estaba bien cálido y casi sofocante.

Mientras Norman caminaba de regreso a su casa, tenía un montón de ideas pasándole por la mente. Era un poco difícil de creer que ya iban diez años desde que se casó con Caroline. Pero ahora que lo pensaba, él había cumplido los 38 años este año, y se acuerda de que ellos se casaron cuando ambos tenían 28.

Como de costumbre a esta hora, tenía planeado ir al invernadero para pasar un rato tranquilo con sus Pokémon y asegurarse de que todo esté en orden. Caminó hasta las puertas del invernadero, y de repente se detuvo a pensar.

«Quizás no le dedico suficiente tiempo a Caroline. No puedo creer que ya hayan pasado diez años y casi ni cuenta me di. Joy tiene razón, quizás unos fuegos artificiales sería una buena celebración. Mañana le pediré que me ayude con eso.» pensó Norman frente a las puertas del invernadero.

«¿A caso debería decirle que le estoy planeando una sorpresa? Por si a caso piensa que se me olvidó el aniversario…» Consideró sus opciones por unos minutos y luego sacó una Medalla Equilibrio de su bolsillo, la arrojó con su mano derecha y la cogió con la izquierda, comprobó de qué lado cayó, y tomó su decisión. Primero hablaría con Caroline, Kenny puede esperarlo un poco más. Así que se volteó y se fue camino a la casa.

Esto seguramente sería una sorpresa para Caroline. Ella siempre se quejaba de que Norman casi no pasaba tiempo en la casa, porque se la pasaba del gimnasio al invernadero y luego de vuelta al gimnasio todos los días. Él ya se había dado cuenta de que últimamente Caroline le empezaba a tener rencor al gimnasio y al invernadero. Por eso, pensó que sería una linda sorpresa para ella que haya decidido regresar temprano a la casa, así que entró a la casa sigilosamente para sorprenderla. Supuso que estaba cocinando así que caminó por el pasillo hasta que se acercó a la puerta de la cocina.

Se detuvo en seco cuando oyó una voz un poco familiar venir de adentro.

—Pero ¿estás segura de que no estás exagerando? Es una decisión tan drástica.

Norman pensó por un momento y se acordó de quién era esa voz. Era la voz de la hermana de Caroline. ¡Qué sorpresa! No solía venir a Petalia.

—Creo que es lo mejor. Ninguno de los dos es feliz. —Esta, sin duda, era la voz de Caroline—. Lleva años que no me hace el amor, y las muy pocas veces que lo hizo en diez años, yo sentía que le faltaba pasión e interés. Digamos que su cuerpo lo delataba. Creo que solo lo hizo para tener los hijos. Desde un principio yo sabía que él no era una persona romántica o sexual, pero pensé que con el tiempo cambiaría, o yo me acostumbraría. No pensé que diez años después todavía me sentiría tan sola todos los días. Él es … diferente … no sé por qué, pero lo es.

Norman se quedó boquiabierto. Estaban hablando de él, de una manera en la que él nunca había escuchado a Caroline hablar. Él no podía desmentir lo que ella decía, para él siempre fue una miserable experiencia acostarse con Caroline. Él sabía que él era raro, que tener relaciones sexuales no era nada difícil para otros hombres, pero aun con la comodidad y familiaridad de estar con una amiga de toda la vida, esto requería mucho esfuerzo de su parte para cumplir la tarea.

—Pero, ¡piensa en tus hijos! ¿Qué se harían cuando se enteren?

—Ese es el punto… Cuando nos casamos, él me hizo el amor por primera vez y tuvimos a May. Desde entonces, siempre estuve ocupada en la casa, pocos años después también tuvimos a Max y así con el ajetreo cotidiano por lo menos ni cuenta me daba de su desinterés. Pero ahora que ambos se fueron y me quedé yo sola en la casa, ahora sí me he dado cuenta de lo infelices que estamos. Y bueno, ya May embarcó en su aventura con Ash de su lado, y también se llevó a Max. Si ese grupo hace como lo hicimos yo y Norman, quizás pasarán muchos años antes de que regresen, para ese entonces, al menos May ya será adulta, y Max seguro podrá con la noticia.

Norman estaba aturdido, mirando la puerta incrédulamente. Después de tantos años, ¿Caroline quería divorciarse de él? ¿Qué locura es esto? ¡Se quedaría solo por el resto de su vida sin su amiga de la juventud!

—Yo sé que él siempre ha sido un bicho raro, pero pensé que estabas feliz con las cosas. Cuando recibí tu carta, no me imaginaba lo que iba a leer —dijo la hermana de Caroline.

—No es lo que pensaba. Viajamos por tantas regiones cuando éramos jóvenes, y él siempre estuvo completamente enfocado en su desarrollo como entrenador. A pesar de que éramos gran amigos, siempre estuve en segundo lugar. Pensé que era solo por su afán de hacerse líder de gimnasio, pero aun después de lograr esa meta, él no cambió. Llevo años tratando de convencerlo de que se retire para que podamos pasar más tiempo juntos, pero él siempre se ha rehusado de plano, no está dispuesto a considerarlo.

—Bueno, entonces ¿cuándo piensas decírselo?

—Voy a esperar hasta nuestro aniversario. Veré si me sorprende ese día, pero en realidad, no sé ni por qué espero. Ya sé la respuesta. De todos modos, el aniversario está a menos de dos meses, a estas alturas ya no me cuesta esperar un poco más.


Norman dio un paso para atrás, todavía mirando la puerta incrédulamente. De repente, se volteó, y rápido pero sin hacer ruido salió de la casa y empezó a caminar hacia el invernadero.

Nunca se imaginó que Caroline se sentía así. Claro, él sabía que ella no estaba completamente satisfecha con su desinterés en acostarse con ella, pero ¡ella sabía qué difícil eso era para él!

Su cara se sentía cada vez más caliente, y los ojos se le humedecieron. «bicho raro» había dicho la hermana de Caroline. Eso ya lo sabía él, pero le dolía que la gente lo supiese. Toda su vida había tratado de ser una persona normal, con casarse con Caroline pretendió ahogar toda sospecha de su anormalidad, pero ahora parecía como si el mundo se le estuviese cayendo. ¿Qué diría la gente de Petalia cuando se enteren de su divorcio? ¡Todos querrán saber por qué!

—Hola, don Norman.

Norman se detuvo en seco, y levantó la mirada atemorizada. Era Kenny, el chico que lo ayudaba con el invernadero y el gimnasio. Sin darse cuenta, ya había entrado al invernadero.

—Ya es un poco tarde, así que me estaba preparando para irme a casa —dijo Kenny mientras recogía una mochila que estaba en una silla —. Oye, ¿está bien? No se ve muy bien, señor…

Kenny empezó a observar su rostro y Norman sintió el pánico aumentar. Hizo su mejor esfuerzo para calmarse, sonrió y habló con su tono habitual:

—No te preocupes, tuve un retraso en el Centro Pokémon y pensé que quizás te habrías quedado esperándome, por eso corrí hasta acá. No debes quedarte hasta el anochecer.

La fachada que puso Norman pareció ser convincente, porque Kenny se lo creyó, ya que dijo con tono un poco asombrado:

—¡Guau, todo el camino desde el Centro Pokémon? Bueno, gracias y nos vemos mañana —dijo Kenny, se inclinó respetuosamente hacia Norman, y se fue.

Al irse Kenny, no logró contenerse más y Norman sintió lágrimas empezar a rociar su rostro, mientras caminaba hacia la silla más cercana, con las piernas temblando ligeramente.

Se sentó y se cubrió la cara con sus manos, tratando de pensar qué irá a pasar ahora si Caroline le pidiese el divorcio, pero el tema le infundía miedo.

¿Qué diría la gente de Petalia cuando se enteren? ¿Sospecharan qué clase de tipo es él?

A solo dos años de haber empezado su viaje con sus Pokémon y con Caroline de su lado, ya había empezado a darse cuenta de que sus ojos favorecían el aspecto masculino. Que le gustaba mirar a los hombres de una manera distinta a cómo miraba las mujeres. Pero eso solo le causó temor. En Petalia nunca había visto ni siquiera una sola pareja compuesta de dos hombres. En todo su viaje por Hoenn, conoció todos los líderes de gimnasio y los del Alto Mando y nunca supo de un hombre como él. Todo hombre o era soltero aún o tenía mujer.

Fue por eso, que insistió al final de su viaje por Hoenn en ir a Johto. Caroline pensó que sólo era para mejorarse como entrenador para lograr ser un líder de gimnasio en el futuro y para poder ver de nuevo a parte de su familia, pero él tenía un motivo ulterior. Él necesitaba conocer hombres como él y estaba dispuesto a salir de Hoenn si era necesario.

Sin embargo, viajaron por todo Johto, y fue lo mismo. Nunca vio una pareja de hombres caminado por la calle de la mano o besándose, nunca oyó un hombre hablar de novio o esposo, husmeó la situación íntima de los líderes de gimnasio y el Alto Mando e igualmente no supo de ninguna relación romántica entre hombres. Desesperado, le preguntó delicadamente (para no revelarse) a sus abuelos y algunos tíos en Ciudad Olivo acerca del tema, y lo más que pudo aprender es que en nuestra sociedad era importante conformar, y que eso que él mencionaba sonaba a un ataque a la cultura tradicional de las cuatro regiones de su país. Norman estaba decepcionado pero aun no se rendía. Así que fueron hasta Kanto y finalmente hasta Sinnoh, tratando de husmear gente como él, pero la historia fue la misma. Poco a poco se daba cuenta de que él sí era un bicho raro, que si la gente se enterase lo tratarían con desprecio, como un anticonformista que odiaba a su país y a Arceus.

Años después, cuando regresó a Hoenn, ya estaba decidido por ahogar esos sentimientos. Sabía que Caroline lo amaba, y el resto fue historia. Se mudaron juntos, y años después se casaron.

Quizás su llanto les llamó la atención, porque en ese momento sus Pokébolas se agitaron, y después de una brillante luz fugaz aparecieron seis Pokémon súbitamente. Así de repente, el invernadero se sentía mucho más alegre ante la presencia de dos Slaking, un Blissey, un Kangaskhan, un Tauros y un Spinda. En sólo instantes, varios Zigzagoon, Slakoth y Vigoroth se acercaron de otras partes del invernadero. Todos lo miraban con una expresión de apoyo, y un Zigzagoon saltó a su regazo.

Norman los miró a todos y sintió una energía surgir en su cuerpo que le levantó el ánimo.

—Pase lo que pase, yo sé que vosotros siempre estaréis conmigo —dijo Norman mientras se secaba las lágrimas.

Todos los Pokémon hicieron un sonido afirmativo y Norman se sintió lleno de ánimo. Acarició al Zigzagoon en su regazo por unos minutos, y luego se puso de pie, pensando:

«No nos vamos a divorciar, no importa lo que tenga que hacer por ella.»


Esa noche, después de una cena silenciosa (que no era fuera de lo normal para ellos desde que May y Max se fueron), Norman se encontraba en el cuarto de baño bajo la ducha.

A pesar de ya tener 38 años, él se sentía muy joven. Era bien delgado, pero se sentía en forma ya que todos los días se llevaba a algunos de sus Pokémon a caminar por la ciudad para darles ejercicio.

Ya había terminado de ducharse pero aún seguía bajo el agua. Bajó su mirada mas allá de su torso hacia su pene, que estaba parcialmente cubierto por un pequeño arbusto de vello púbico negro. Estaba flácido, como siempre.

«Me pregunto si aún funciona. Quién sabe si de tan poco usarlo deja de pararse.» pensó Norman. Se acordaba de que cuando era joven se le paraba a cada rato, lo que le resultaba muy problemático, pero ya en los últimos años apenas se le movía, lo que también resultaba ser problemático (durante las veces en las que trataba de acostarse con Caroline).

Entonces con la mirada fija en su pene y ya decidido, extendió la mano izquierda y con dos dedos lo sostuvo y jaló el prepucio hasta que expuso la cabeza rosada. La frotó ligeramente con un dedo y sintió una sensación como una corriente que surgía desde el pene hasta todas sus extremidades y le infundía un ánimo y deseo que no había tenido en años. El miembro en sus dedos empezaba a ponerse tieso y a pararse con una presteza que lo tomó por sorpresa.

En solo segundos, la palma de su mano izquierda estaba envuelta alrededor de su tieso miembro mientras mantenía la mirada fija en él y se permitía imaginar que lo que su mano sostenía le pertenecía a alguien más, igual que había hecho las otras veces que se sintió obligado a hacer esto.

Tal y como sucedió la última vez que hizo esto, imágenes fugaces de hombres apuestos que había visto en su vida empezaron a iluminar su imaginación, pero esta vez se negó. «No puedo seguir recurriendo a eso para hacerlo… sino siempre seré un bicho raro.» pensó.

Frotó su pene ligeramente unas veces más, cerró el agua de la ducha y salió del baño completamente desnudo. Así sorprendería a Caroline, y le ofrecería todo lo que ella quisiese. Con su mano izquierda todavía sosteniendo su miembro tieso empezó a caminar hacia el dormitorio. Ya estaba sintiéndose bien caliente, y tal como la última vez que se puso así, se le empezó a hacer difícil controlar la dirección en la que se dirigía su imaginación.

Sin embargo, cuando abrió la puerta y entró al dormitorio, vio que Caroline ya se había acostado y parecía estar dormida. Era más temprano de lo usual. La recámara estaba un poco oscura, solo iluminada por la luz lunar que entraba por la ventana, pero al acercarse al futón de ella y ver su rostro notó que el miembro en su mano ya no estaba tieso. Bajó su mirada, y vio que su pene ya estaba completamente flácido, el arbusto negro que lo rodeaba hacía que apenas se veía de tan pequeño que se había puesto.

Siempre pasaba esto. No lo podía hacer. Desde que ella quedó embarazada con Max, ellos no lo habían vuelto a hacer. Aquella vez requirió un gran esfuerzo mental de su parte, y él ahora se dio cuenta de que él simplemente ya no tenía la energía para eso.

Suspiró profundamente. Se puso su ropa interior, y se acostó en el futón que estaba al lado del de Caroline, ya que no dormían en el mismo.


—Caroline, me voy de viaje —dijo Norman cuando Caroline se sentó al otro lado de la mesa para desayunar. La miró atentamente para evaluar su reacción mientras empezaba a comer su desayuno desenfadadamente.

Se había desvelado, pero pensó que ya tenía una buena idea para esto. La enfermera Joy había mencionado fuegos artificiales, y eso era una buena idea, pero él tenía que hacer algo más impresionante este aniversario. Ella quería el divorcio, y unos simples fuegos artificiales probablemente no eran suficiente para disuadirla. Ya que él se sentía incapaz de acostarse con ella de manera convincente, pues tenía que esforzarse aun más.

Tendría que ir a buscar a May y a Max, dondequiera que estén, y hacer que regresen lo antes posible. Con ellos, planearía un viaje familiar a Alola. Estarían en Alola todo el tiempo necesario, lejos del gimnasio y el invernadero, todos juntos para hacer que ella se sienta querida y valorada.

—¿Qué dijiste? —preguntó Caroline visiblemente aturdida pero intrigada —. Tú ya nunca viajas a ningún lado.

Norman sonrió. Su reacción le dio ánimo. Le ensañará que él puede cambiar por ella. Al menos, en este aspecto…

—Voy a ir a buscar a May y Max —dijo Norman sonriendo, ya había pensado en exactamente qué decirle para no arruinar la sorpresa—. Tengo una idea para un proyecto que te encantará, y necesito su ayuda.

Caroline estaba atónita, claramente sorprendida. Suspiró, y dijo:

—Pero ¿quién sabe por dónde irán ahora! ¿Para qué los necesitas? Por qué Kenny no te puede ayudar?

—No tiene que ver con el gimnasio. Es un proyecto familiar —dijo sonriendo con un tono vacilón.

—¿Cómo? ¿Un proyecto familiar? —Caroline preguntó confundida, luego abrió mucho los ojos, parecía darse cuenta de algo, y continuó —. ¡Pero puede tomarte mucho tiempo encontrarlos! ¿Y cuándo piensas regresar?

—Te prometo que regreso con ellos antes del fin del verano —dijo Norman firme y lentamente. Ya que su aniversario era en el primero de otoño, ella entendería sin tener que decirle la sorpresa. Para asegurarse de que entendiese, le guiñó un ojo.

Caroline entendió, porque se ruborizó, y una sonrisa fugaz apareció ligeramente en su rostro.


Después del desayuno, Norman se fue para el invernadero como de costumbre, donde vio que Kenny ya estaba encargándose de los Pokémon. Recurrió el área buscando los Pokémon que se iba a llevar, y luego le explicó a Kenny que iba a cerrar el gimnasio por un mes y se iba de viaje temporeramente.

A Kenny le encantó la responsabilidad y por eso estuvo de acuerdo en quedarse a cargo del invernadero y de los Pokémon que se quedarían allí, y entonces Norman regresó a la casa, frente a la cual estaba Caroline esperándolo.

—Quizás un tiempo separados nos irá muy bien —dijo Caroline con un tono lúgubre.

Norman sintió el pecho apretársele. ¿Y si esto era en vano y Caroline se divorciaría de él de todos modos?

—¿Por qué dices eso? —preguntó Norman con un tono desenfadado y curioso, no quería dejarle saber que la había escuchado anoche.

Caroline no contestó de inmediato, recogió una mochila del suelo al lado de la puerta de la casa y se la dio a Norman, luego dijo:

—Pues, desde que los niños se fueron, he empezado a extrañarlos muchos. Quizás la distancia podría…—no continuó hablando.

Ambos permanecieron en silencio.

—Te extrañaré —dijo Norman finalmente, la abrazó y luego se volteó y empezó a caminar hacia la calle principal.

Al llegar a la calle, metió una mano en su chaleco y sacó una Pokébola, después de un rayo de luz se materializó su Tauros frente a él.

—Vale, amigo. ¿Estás conmigo en esto? Será un viaje largo…

Tauros hizo un sonido que solo podía interpretarse como una respuesta positiva y le dio una mirada llena de lealtad.

Norman se montó en su Tauros y en un abrir y cerrar de ojos, Petalia se había quedado atrás.