Despertar en la Playa

Norman no sabía dónde podrían estar May y Max, pero él sabe que se fueron con un chico de Kanto llamado Ash que quería participar en la liga Hoenn, y para eso necesitaría las medallas de Hoenn. Por lo tanto, la conclusión más lógica era que se fueron tras la medalla de Petra. Pero él no pensaba ir hasta Ciudad Férrica para averiguar dónde podrán estar, ya que él tenía un amigo en la ruta 104: el señor Arenque.

Ya no lo había visto desde que se casó con Caroline hace diez años, pero estaba seguro de que aún vivía por el mar en la ruta entre Petalia y la Ciudad Férrica, y May seguro debió pasar por ahí.

Al segundo día ya había llegado a la pequeña cabaña del señor Arenque. Resultó ser un gran golpe de suerte que se le ocurrió hablar con él, quien lo reconoció de inmediato, ya que May y Max según él ya no estaban en la Ciudad Férrica.

—¿El chico con el Pikachu fuera de la Pokébola? No están en la Ciudad Férrica, yo mismo los llevé al Pueblo Azuliza — había dicho el señor Arenque cuando Norman le preguntó.

—¿Hace cuánto tiempo?

—Ahora mismo acabo de regresar de Azuliza, seguro aún están allá.

El señor Arenque se ofreció llevarlo hasta Azuliza, y Norman aceptó, muy agradecido. Él podía usar su Tauros por supuesto, pero no iba a ser un viaje fácil para él, así que un barco era una mejor idea.

Después de un desayuno que el señor Arenque le ofreció, ambos partieron en el barco del señor Arenque.

Hacía tantos años que Norman no se subía en un barco. Se agarraba de la reja en la popa del barco, viendo cómo este pintaba estelas en el mar diáfano. A pesar de vivir tan cerca del mar, solo lo veía de mil en ciento.

Mientras observaba las estelas hipnotizado, su mente empezó a pensar en todo lo que Caroline había dicho. Él la quería mucho; la amaba como amaría una hermana, pero eso no era suficiente. Ella lo quería como marido, con todo lo que eso involucraba, y él se sentía incapaz de satisfacerla de esa manera. Un gran viaje familiar a Alola en el cual le dedicaría todo su tiempo probablemente salvaría su matrimonio como había planeado, pero ¿por cuánto tiempo? Si después de todo esto, seguía incapaz de acostarse con ella a menudo, ella seguiría infeliz, y él seguiría atormentado por la posibilidad de que otros se enteren de su aflicción.

—¿Te inquieta una pesadumbre, Norman? —oyó de repente la voz del señor Arenque.

Norman casi saltó de un susto, se volteó y lo vio caminando hacia acá hasta que se detuvo frente a él. Norman fingió estar bien a gusto cuando dijo:

—Ah, no es nada, simplemente me quedé fascinado viendo el mar.

—Sabes —dijo el señor Arenque mientras le pasó por el lado a Norman y se detuvo frente la reja para mirar las estelas —, hay problemas que solo se resuelven cuando se comparten.

Norman suspiró, se volteó para estar lado a lado con el señor Arenque, y dijo simplemente:

—Algunos problemas son demasiado personales como para compartirlos.

—Todos tenemos uno que otro amigo leal de quien fiarnos.

Norman lo pensó por algunos segundos y suspiró profundamente. Por supuesto que desde joven había querido compartir este secreto de él con alguien, pero nunca se sintió capaz de hacerlo. Si tan solo hubiese conocido a alguien como él, pero en todos sus viajes nunca lo logró. Se sentía muy solo, como si fuese el único hombre en el mundo que prefería la compañía de los hombres a la de las mujeres. ¿¡Cómo reaccionaría la gente al enterarse de semejante inclinación!?

Él aún recuerda la desesperación cuando era joven. Cuando recurrió todo Sinnoh, la última región de su país que le quedaba, y nunca conoció a alguien como él. Hasta consideró irse a Kalos a ver si quizás en un país ajeno encontraría gente como él, pero para ese entonces ya había viajado casi diez años, ya estaba cansado, y Caroline lo había soportado todo ese tiempo.

Al ver que Norman no contestaba, el señor Arenque continuó:

—Esos amigos no han de ser gente como nosotros, pueden ser tus Pokémon —dijo sabiamente —. Cada vez que me atormenta algo, yo se lo cuento a mi pequeño Peeko. Los Pokémon nos entienden muy bien, ¿sabes?

Norman miró al señor Arenque un poco aturdido. Sí, él le contaba mucho a sus Pokémon. Pero esto era tan personal que no se imaginaba capaz de confesarse de esa manera. Ni en el mundo Pokémon se escuchaba de relaciones entre dos Pokémon machos o dos Pokémon hembras. ¡La habilidad de atracción sólo surtía efecto contra el género opuesto! Así fue cómo los creó Arceus, ya sean Pokémon o humanos. Era obvio, entonces, que un hombre que se sienta atraído hacia otros hombres estaba violando las reglas que les había dejado Arceus.

A veces se preguntaba si él hubo de nacer mujer, y Arceus simplemente se equivocó y lo puso en el cuerpo equivocado. Pero ¡él se sentía como un hombre a pesar de todo! ¡Él no veía su propio pene como un estorbo! ¿Por qué tuvo que ser él así?


Este no era el Pueblo Azuliza de antaño. Casi una semana después, bien temprano en una mañana cuando el barco arribó al muelle del pueblo, se despidió del Señor Arenque y desembarcó, se dio cuenta de que el pueblo había crecido enormemente. Lo que antes eran casitas pequeñas de madera ahora eran edificios altos en la distancia. Claro, aún no era más grande que Petalia, pero el cambio de todos modos era drástico.

¿Qué tanto había cambiado aquí desde la última vez que vino? Él nunca regresó a este pueblo luego de obtener la medalla puño cuando tenía diez años.

Veía mucha gente surfeando en el mar y voces felices de gente divirtiéndose en la playa, pero él venía con una misión muy importante y las ignoró mientras caminaba a paso ligero hacia la ciudad en la distancia.

Este no era un buen lugar para alguien como él. Logró no fijarse en la gente de la playa, pero cuando caminaba por las calles del pueblo en camino al Centro Pokémon, no podía ignorar que había muchos hombres caminando sin camisa. La última vez que estuvo aquí era demasiado joven como para interesarse en los hombres de esta manera, pero aún recuerda cuando visitó la Ciudad Orquídea de Johto y le pasó lo mismo: su mirada caía en todo hombre sin camisa que veía, era casi un tortura para él y tenía que forzarse a mirar hacia el suelo e ignorar todo el mundo.

Hizo lo mismo esta vez. Ya estaba seguro de ser la única persona en el mundo así, quizás si sucumbía demasiado a esta tentación, terminaría empeorando su aflicción. Entonces sí que no habría manera de rescatar su matrimonio.

Por suerte, no tuvo que fijarse en las calles demasiado, ya que el Centro Pokémon estaba en el mismo sitio de antes.

Ir allí fue un error. Él no recuerda que antaño se le permitiese a la gente entrar al Centro Pokémon sin camisa, pero claramente hoy en día parecía casi de costumbre, porque vio uno que otro hombre sin camisa dentro del Centro Pokémon. Y también se fijó en que cada uno parecía estar con una mujer.

«Soy un jodido bicho raro.» pensó él mientras se dirigía a la cafetería del centro para desayunar con sus Pokémon. Hizo un gran esfuerzo para ignorar la muchedumbre mientras comía, y luego regresó a sus Pokémon dentro de las Pokébolas y buscó a la enfermera Joy a cargo del centro.

Sintió un rayo de esperanza que podría encontrar a May y Max muy pronto cuando la enfermera le dijo que un chico con un Pikachu acababa de llegar aquí a curar sus Pokémon hace solo unos días. Después de escuchar esa información, Norman se fue corriendo hacia el gimnasio con la esperanza de encontrar a sus hijos y salir de este pueblo de prisa.

Quizás debió haber preguntado más acerca de los cambios en el pueblo Azuliza en los últimos 28 años, porque cuando llegó jadeando al gimnasio dentro del pueblo para preguntar sobre sus hijos, se aturdió ver que estaba dilapidado y claramente abandonado.

Pensó ir a buscar la líder a su casa, pero no se acordaba dónde ella vivía. Por suerte, una señora anciana vestida de batas tradicionales pasaba por esta calle en este momento, y Norman se le acercó y preguntó:

—Disculpe, señora. ¿Me podría decir qué pasó con el gimnasio? ¿Dónde puedo encontrar a la líder Palicia?

La señora lo miró un poco sorprendida, se rió y dijo:

—¿De qué cueva saliste? —se rió profundamente—. La líder Palicia se retiró hace 20 años. En ese entonces, el gimnasio quedó en manos de su hermana menor la líder Analucha. Lo primero que ella hizo fue mudar el gimnasio hasta la playa.

Se le había olvidado ese detalle. Ya iban casi cinco años que no le escribía o recibía cartas de las hermanas, ellas siempre se llevaban mejor con Caroline, así que era ella quien leía sus cartas usualmente.

—De acuerdo, entonces ¿dónde puedo encontrar a Analucha?

—Ya se retiró, se mudó para Arrecípolis hace tres años. Si a quien buscas es el presente líder del gimnasio, entonces quieres a aquel hereje, Marcial. Si no está en el gimnasio, seguro lo encontrarás en la playa surfeando con los otros hombres surfistas como siempre. Sal del pueblo siguiendo la calle Lotad y te llevará hasta la parte de la playa donde está el gimnasio.

Norman le dio las gracias y siguió sus instrucciones, que lo llevó por un sendero con palmas en ambos lados hasta un precipicio frente al mar. Ahí había un edificio bastante moderno, el nuevo gimnasio de Azuliza.

Lo que Norman quería saber era si Ash ya se había ganado la Medalla Puño. De ser así, es posible que May y Max ya se hayan ido de aquí. Pero si aún no se la había ganado, pues ¡solo faltaría encontrarlos en Azuliza!

Entonces, él caminó hasta las puertas y tocó tres veces. Desafortunadamente, la chica con atuendo de karateka que abrió la puerta le dijo que el líder de gimnasio, Marcial, no se encontraba aquí, y ella no sabía nada de ningún chico con un Pikachu.

—Entonces, ¿me puedes decir dónde puedo encontrar a Marcial? —preguntó Norman, él sabía que su búsqueda no sería fácil.

—Está en la playa surfeando. En los días que no tiene pretendientes a la medalla, no regresa hasta casi el anochecer.


Norman sopesó sus opciones por mucho tiempo. La señorita ya le había cerrado la puerta en la cara después de que él la ignoró por tanto tiempo en su indecisión. Él absolutamente no quería ir a la playa a buscar al líder entre la multitud de hombres en trajes de baño, pero el último barco a Ciudad Portual partiría en la tarde, y si Ash ya obtuvo la Medalla Puño, pues sus hijos ya se habrían ido para allá y él querrá seguirlos en cuanto antes.

Después de casi media hora pensando, se resignó por bajar a la playa a preguntar por el líder, Marcial. Siguió un camino que le dio la vuelta al gimnasio y lo llevó bajo la colina en la que estaba hacia la playa.

Estaba empezando a sentirse muy deprimido. Pretendía arrebatarles la aventura a sus hijos solo para que lo ayuden con su matrimonio, y tendría que convencerlos de que regresen con él sin decirles la seriedad de la situación, ya que no era un tema apropiado para ellos.

Y a pesar de todo eso, aun si todo es un éxito, hay la posibilidad de que Caroline quiera el divorcio de todos modos. Si se van a vacacionar en Alola, aun si los hijos están con ellos, seguro ella querrá aprovechar todo tiempo que estén solos para acostarse con él, y tal como comprobó su última noche en Petalia, esto no es nada fácil para él. Si una condición para mantener el matrimonio sería que tengan relaciones más a menudo, él no sabrá qué hacerse.

Norman estaba cada vez más deprimido por sus pensamientos que casi ni cuenta se dio cuando llegó a la playa, le echó un vistazo a la muchedumbre en la playa y de inmediato desvió la mirada hacia la arena. Tantos hombres en trajes de baño y sin camisa, ¿cómo pudo pensar que venir aquí a preguntar por el líder de gimnasio sería una buena idea?

Se apartó de la gente y caminó hacia el agua, y se sentó en la arena en un área de la playa donde no había nadie. La arena estaba bien húmeda, y se sentía relajante bajo los rayos del sol matutino.

Él tenía que superar estos sentimientos, esta inclinación anormal. «Tengo que ser normal.» se seguía diciendo. «Si Caroline me deja, ¿qué me haré?» A pesar de que nunca pudo dejar atrás sus preferencias, los últimos diez años han sido unos de paz para él. Se había sumido en el ajetreo del gimnasio, el invernadero y hasta los hijos que ya ni se acordaba de que él era diferente a los demás, salvo por las pocas ocasiones en las que Caroline no podía aguantarse más y le pedía a Norman que se acostara con ella. Pero todo esto se le estaba derrumbando ante a él y no sabía si podía arreglarlo todo.

—¡Oye usted! ¡Es peligroso sentarse ahí! —de repente se oyó una fuerte voz masculina venir de la distancia.

Entre el murmullo de las olas, los Wingull volando por doquier, y la muchedumbre surfeando o corriendo por la playa, Norman no estaba prestándole atención a nada y no se molestó en averiguar a quién le hablaban. Seguía sumido en sus pensamientos.

—¡Oye cuidado! ¡Sálgase de ahí! —se oyó la voz otra vez, esta vez más cercana y más desesperada.

El agua frente de Norman estaba alejándose, y una sombra crecía frente a él. Levantó su mirada y vio que una ola grandísima se acercaba y estaba a segundos de romper contra la playa. Sintió el corazón dar un salto, y abrió mucho los ojos completamente atónito. ¿Se ahogaría?

—¡Cuidado, apártese! —la voz gritó otra vez, esta vez mucho más cerca.

Norman ahora se dio cuenta que en la ola había un hombre surfeando y que estaba ahora mismo forcejeando para cambiar de dirección y no chocar contra él, pero era demasiado tarde. Norman no había reaccionado a tiempo y el hombre no había logrado apartarse, sino saltó de su tabla de surf y en solo instantes, Norman ni tiempo tuvo para ponerse de pie, la ola rompió contra la playa y él quedó inmediatamente sumido en el agua.

Todo pasó en segundos. Después del golpe de la ola sintió otro golpe mucho más pesado que lo derribó completamente al suelo. El agua con tanta presteza que había llegado se fue en unos instantes. El alboroto de unos segundos atrás fue reemplazado de nuevo por el relajante graznido de los Wingull en la distancia y el ligero murmullo del mar.

Norman estaba empapado y sentía un peso enorme encima. Abrió los ojos y lo vio. Un hombre estaba acostado encima de él, en ese mismo momento abriendo los ojos, unos ojos azules celestiales conectaron con los suyos. Un cabello largo erizado color azul de mar, un rostro de tez bronceada.

Todavía estaba encima de Norman. La mente se le congeló. No supo si llevaban así horas, o solo instantes, pero seguro que parecía una eternidad. La situación le infundió un pánico y dio un profundo respiro. En ese mismo instante, el hombre encima de él suspiró profundamente, y su aliento caliente invadió los pulmones de Norman, y el frío del agua que lo había empapado se espantó de un instante.

El hombre sonrió y empezó a hacer ademán de levantarse, y Norman se dio cuenta que estaba sin camisa. Gotas de agua se deslizaban por su cuerpo fornido y bien definido. Fue ahora, cuando el hombre empezó a moverse, que Norman se dio cuenta de algo.

Sus entrepiernas se estaban rozando.

Un calor intenso estalló en el rostro de Norman. Casi se le hizo difícil ver, hasta pensó que se le hinchaba la cara. Sintió una agitación en su pene y en instantes se le había parado y estaba tieso, y sintió la presión que hacía contra el cuerpo del hombre.

—Disculpe —dijo el hombre de ojos color turquesa.

Desde ese último respiro con el aliento del hombre, Norman no había podido exhalar. Seguía congelado, incapaz de decir nada o moverse.

El instante en que sus entrepiernas ya no se rozaban, Norman sintió un anhelo inquebrantable de continuar el contacto, pero ya era muy tarde. El hombre se puso de pie y extendió su mano derecha hacia Norman mientras sonreía.

—Ven, yo lo ayudo —dijo él, y continuó —. En verdad, disculpe señor. Traté de advertirle pero creo que no me oyó, las olas rompen en esta parte a menudo, por eso nadie se la pasa por aquí si no quieren mojarse.

La mano del hombre seguía ahí esperando la de Norman. Pero Norman seguía paralizado. Este hombre fornido y empapado con solo traje de baño puesto estaba de pie frente a él sonriéndole; era una sonrisa brillante y su piel bronceada y empapada brillaba bajo la luz del sol, la imagen era tan encantadora que Norman no sabía si todo esto era una ilusión o algo semejante. Este hombre, con su cabello y sus ojos azules, parecía haber sido materializado por el mismo océano. Sus cuerpos se acababan de rozar, y Norman estaba seguro de que su pene nunca había estado tan tieso.

—Oiga, ¿está bien, señor? —preguntó el hombre y dejó caer la mano.

Se iba a dar cuenta. Norman sentía el bulto que se le había formado en los pantalones. ¡Qué escándalo se formaría! ¡Todos sabrán qué especie de fenómeno es él! Sintió por fin un total arrebato de pánico y consiguió la energía para ponerse de pie, y en un abrir y cerrar de ojos, estaba corriendo hacia la ciudad, lo más lejos posible de la playa que pudiese ir.


«¡Qué infantil!» se regañaba mientras corría hacia el Centro Pokemon ignorando las miradas de la gente que pasaba. «Sin ningún autocontrol, huyéndole a mis problemas como un chamaco inmaduro.» seguía diciéndose. Pero, la verdad era que, toda su vida ha estado huyéndole a sí mismo. Eso nunca cambiaría.

Irrumpió en el Centro Pokémon como un desaforado joven montaraz y al ver la cara atónita de la enfermera Joy entró por fin en cuenta de su estado. Ya no había que tener pánico. ¿Qué rayos hacía? Aquel hombre no lo había seguido, y su pene hace mucho se le había bajado y el bulto desaparecido. Y aun si hubiese visto algo, ese hombre no lo conocía, ¿qué más daba si un playero ajeno se da cuenta de qué tipo de persona es él? Al fin y al cabo, él estaba en Azuliza, no en Petalia, aquí no mucha gente lo conocía. Se obligó a calmarse, y luego caminó hacia la enfermera.

Le pidió una recamara privada a la enfermera Joy, se fue al área de hospedaje del centro, y entró a su recamara.

Nunca había tenido una experiencia semejante. Cuando logró calmarse dentro de la habitación, la imagen de aquel hombre comenzó a resurgir en su mente una y otra vez. Sin siquiera tener que tocarse, se le formó un bulto en sus pantalones húmedos.

Esta era una habitación de una cama con un baño privado. Se quitó el chaleco que llevaba con sus Pokébolas y lo puso en una esquina de la habitación, y luego entró al baño para quitarse la ropa. Tenía que ducharse y cambiarse de ropa. Pero más que nada, tenía que lograr calmarse para que pueda salir en el anochecer y buscar al líder en el gimnasio como debió hacer de un principio. Por eso, pensó que si se cambiaba a ropa limpia y se acostase a tomar una siesta, podría quizás dejar atrás este día terrible.

Sin embargo, la imagen del hombre fornido de cabello azul marino irrumpía sus pensamientos. Mientras se quitaba la ropa, imágenes fugaces de los ojos turquesas le brillaban ante los ojos. Cuando finalmente se bajó los pantalones, liberando por fin su pene parado y tieso de la restricción de los pantalones, la imagen del cuerpo fornido y la piel bronceada del hombre le resurgía y un impulso le hacía saltar el pene y se le sentía cada vez más tieso. Estaba tan erguido que ya la punta de la cabeza rosada estaba expuesta, algo que él antes había llegado a creer que solo era posible si él jalaba la piel para exponerla.

¡Qué locura! ¡Hace una semana se preguntaba si su pene aún funcionaba después de años en desuso, y ahora él está seguro de que nunca lo había tenido tan duro y parado!

Sintió que jadeaba, a pesar de no haber estado jadeando hace unos momentos. La imagen del hombre playero le ocupaba casi todos los sentidos. No solo lo veía, sino también recordaba el olor de su aliento, el sonido de su voz.

No pudo controlarse. Agarró su miembro con firmeza, y en un arrebato de excitación incontrolable empezó a hacerse una paja. Desde que se resignó a hundir estos sentimientos, nunca había llegado a este extremo. Ya había cerrado los ojos, lo único que veía era la imagen del hombre playero. Su mano se deslizaba sobre su pene, que rápidamente se sentía más y más resbaladizo y empapado de su propio semen que comenzaba a filtrarse en cantidades cada vez más grandes. «¡Qué fácil era esto! ¡Qué increíble se siente!» pensaba él mientras enfocaba su mente más y más en cada detalle del cuerpo del hombre, en sus ojos turquesas, en su rostro bronceado. En solo unos cortos segundos, sintió una corriente surgir por su cuerpo, como un cosquilleo que llevaba parte de sí mismo hacia el extremo de su pene. La imagen del hombre se hacia aun más clara en su mente, y entonces emitió un profundo gemido que parecía estar atrapado en su alma por décadas. Su cuerpo se estremeció mientras su cintura empujaba con fuerza. Sintió su mano empaparse de un líquido cálido.

Abrió los ojos y vio cómo la pared frente a él estaba embarrada de semen por doquier. Era una verdadera obra de arte.

—Así fue demasiado fácil …. demasiado … natural… —jadeó él y sintió un profundo sentimiento de remordimiento y vergüenza.


Se le olvidó almorzar. Estuvo horas sentado en la cama con las piernas cruzadas con solo un calzoncillo puesto. Estaba completamente atónito. Hasta pensar se le hacía difícil. Había cometido un gran error, se regañaba una y otra vez.

Se había descubierto el pastel. Nunca se le iba a olvidar el placer que obtuvo imaginándose otro hombre. Era claro, que él no iba a poder dejar atrás esta inclinación aun si lo intentase toda su vida. Era parte de él. A su pene solo le interesaban los hombres.

«Ahora sí estoy completamente jodido.» se decía una y otra vez.

Cuando ya se aproximaba el ocaso, le llegó un nuevo pensamiento que por fin le levantó el ánimo.

«Quizás no sea completamente bueno para Caroline o para mí, pero algo bueno ha salido de todo esto. Si tan solo pienso en aquel hombre, seguro con la misma facilidad podría acostarme con Caroline. ¡Esta podría ser la solución para mis problemas!»

Después de todo, nunca había tenido una educación en relaciones sexuales. ¡Si era costumbre irse a explorar el mundo Pokémon a los diez años! Quizá si hubiese prescindido del mundo Pokémon y se hubiese ido a estudiar ciencia o ingeniería, quizá en esas escuelas hubiese aprendido algo más. Pero como entrenador Pokémon toda su vida, no hubo nada de escuelas o colegios para él después de haber empezado su aventura, y mucho menos algo donde enseñarían algo tan privado como el sexo. Por lo tanto, ¿a caso no era posible que haya otros hombres como él que simplemente tienen que recurrir a pensar en otros hombres para poder acostarse con sus esposas? Él nunca le mencionaría esto a nadie, y si nadie nunca hablaba, pues nunca se sabría la verdad, ¿no?

Y fue así como se convenció que esta era la solución para sus problemas maritales. Que seguro muchos hombres también hacían lo mismo, pensaban en otros hombres para poder acostarse con sus mujeres. No se había sentido tan animado desde antes de que escuchara aquella conversación entre Caroline y su hermana. ¡Todo volvería a la normalidad! Encontraría a May y Max, se regresaría rápidamente a Petalia, y luego estarían como familia completa de nuevo, en una vacación larga en Alola. Y no importa cuántas veces Caroline quiera acostarse con él, siempre y cuando tenga esa imagen de aquel hombre grabada en su mente, él tendrá los recursos para cumplirle.

Y así entonces, se vistió con apuro, sacó un chaleco nuevo de su mochila y puso sus Pokébolas ahí, fue al baño y se peinó el cabello para arreglárselo, diciéndose que es posible que se encuentre con May y Max afuera y él haría lo que fuera con tal de mantener su imagen de padre responsable y normal ante ellos. Cuando terminó de arreglarse, salió de la habitación a paso ligero. Ya era casi el anochecer, iría al gimnasio y preguntaría por Ash. Si ya obtuvo la medalla Puño se iría a Ciudad Portual en el primer barco de mañana, si no la ha obtenido todavía le pediría al líder que le deje un recado a May y a Max cuando regresen. Era perfecto el plan, y no tendría que regresar a la maldita playa.

Caminó en la ciudad hasta encontrar la calle Lotad, y luego la siguió hasta las afueras de la ciudad y por el sendero palmado que lo conducía hasta el gimnasio ubicado en aquella colina en la costa. En todo el camino no le prestó atención a nadie, caminaba ligero pero de forma desenfadada y normal. ¿Quién hubiera pensado, que aquel desastre en la mañana le hubiese hecho realizar la solución a sus problemas? Estaba de muy buen ánimo, tanto que ya estaba pensando en qué tipo de persona sería ese líder de gimnasio. Él había estado prácticamente aislado en Petalia por tanto tiempo que ya ni sabía quiénes eran los líderes actuales. Sólo sabía de Petra porque ella visitaba a Petalia a menudo y Caroline hablaba de ella.

Finalmente, llegó hasta el gimnasio con aspecto moderno y las altas puertas, y tocó tres veces en la puerta, y esperó.

La puerta se abrió y en ese instante, el frágil mundo de Norman, que acababa de reparar con su nueva idea en la habitación del Centro Pokémon, se le derrumbó una vez más.

El hombre de quien había pensado hace unas horas mientras se hacía una paja por primera vez en años estaba frente a él de nuevo. Era un poco más bajito de altura que Norman, pero su cuerpo era más grande y fornido. Esta vez tenía una camiseta color naranja puesta, pero su sonrisa, sus ojos turquesas, su cabello largo azul marino, su rostro bronceado, todos comenzaron a infundirle pánico a Norman. ¿¡Qué hacía él aquí!?

—Ah, ¡es usted! —dijo el hombre con una sonrisa grande—. Debo admitir, no me imaginé que se trataba de un pretendiente a la medalla. Hola, mi nombre es Marcial, y soy el líder de este gimnasio.

Marcial extendió la mano hacia Norman, que otra vez se había congelado.