Norman no lo podía creer. Él pensaba que nunca volvería a ver aquel hombre, pero claramente el destino no terminaba de amedrentar y desafiarlo.
Gracias a Arceus, Norman se sintió un poco más en control esta vez. Quizás fue todo gracias a que se acababa de masturbar hace solo unas cortas horas, o quizás porque esta vez el hombre no estaba casi desnudo, pero no sintió el arrebato de excitación que tuvo en la playa o en el baño. Después de unos segundos, logró controlarse, extendió su mano, y le estrechó la mano a Marcial. Su palma estaba ligeramente húmeda de sudor, y se sentía más firme y un poco más grande que su propia.
—Un placer conocerlo —dijo Norman con el tono más desenfadado que pudo utilizar. Tenía que salir de esto lo antes posible. Le preguntaría sobre Ash y se largaría de aquí cuanto antes.
—El placer es mío —dijo Marcial sonriendo, y de repente arrugó la frente, fijó los ojos en Norman y preguntó —: ¿Nosotros nos conocemos? En la playa ya me parecía usted un poco conocido, pensé todo el día en quién era sin llegar a nada, pero ahora que lo veo otra vez, estoy seguro de que lo conozco. ¿Cómo se llama?
Norman le soltó la mano como si tuviera corriente, pero no dejó que el pánico lo arrebatara otra vez, ya le iba a mentir y decirle un nombre inventado cuando Marcial habló de nuevo, con los ojos bien abiertos y una sonrisa grande en el rostro:
—¡Ah, pero si es Norman! ¡Usted es el líder del gimnasio de Petalia!
Norman abrió mucho los ojos, otra vez congelado. ¿Cómo rayos lo conoce este hombre? ¡Él lleva años que no sale de Petalia, y no se acuerda haber visto este playero por allá!
Desafortunadamente para Norman, Marcial pareció estar fascinado por la visita, porque le agarró la mano a Norman y lo jaló hacia adentro antes de cerrar la puerta.
—Entre, entre, ¡vea mi gimnasio! —dijo Marcial con tono muy feliz —. No es todos los días que me visita otro líder de gimnasio …. sigue siendo el líder de Petalia, ¿verdad? Ya yo me preguntaba que hará un hombre de su edad buscándome. En tres años el desafiante de mayor edad que he recibido solo tenía quince años.
Norman se quedó boquiabierto cuando vio este gimnasio. No parecía un gimnasio Pokémon, sino un gimnasio de entrenamiento físico. Había maquinas de ejercicio por todas partes, pesas que parecían imposibles de levantar, y hasta unas pocas personas y Pokémon practicando karate.
Marcial ya iba a empezar a introducirle el gimnasio, pero Norman tenía demasiadas preguntas. Y no quería darle la vuelta al gimnasio, quería salir de aquí lo antes posible. Hizo que Marcial le soltara la mano, y preguntó, confundido:
—¿Cómo sabes quién soy? —claro, los líderes de Hoenn solían conocerse entre sí, por ejemplo él y Caroline habían tenido correspondencia con Analucha y Palicia, pero él nunca había oído de este líder, y según la señora que le habló sobre él, él ha sido líder por solo tres años.
Marcial pareció entristecerse un poquito, pero se recuperó rápido y dijo:
—Bueno, no lo culpo por no acordarse. ¡Yo seguro no me acuerdo de todos los chicos que vienen a desafiarme! —rió Marcial—. Pues, ¿no es obvio? Hace diez años cuando fui a Petalia para obtener mi medalla Equilibrio, en aquel entonces ya usted era el líder del gimnasio de Petalia. Fue usted quien me dio mi medalla Equilibrio, por eso me acuerdo de usted.
—¿Tan joven eres? —preguntó Norman, sintiéndose un poco mareado. ¡Acababa de masturbarse mientras pensaba en este joven!
—¡No tanto! Tengo 21 años y ya llevo tres años como líder —dijo Marcial con una sonrisa grande y orgullosa—. Es una pena que no se acuerde de mí, pero ¡yo sí me acuerdo de usted y sus Slaking!
—¿En serio? —Norman no pudo contenerse. Él había recibido cientos de desafiantes en los años que lleva como líder, era imposible acordarse de alguien, pero claramente Marcial sí se acordaba de él.
—¡Por supuesto! Usted me enseñó sobre el equilibrio en cuanto a nuestro entrenamiento Pokémon. Los Pokémon no solo necesitan entrenamiento en batallas Pokémon, sino también entrenamiento físico y un ambiente que les sea agradable —explicó Marcial mientras empezó a caminar alrededor del gimnasio, haciendo que Norman lo siga. Norman vio varios Pokémon tipo lucha entrenando con las maquinas de hacer ejercicio o practicando karate uno con el otro—. A los Pokémon tipo lucha les gusta poder entrenar su cuerpo tanto como a nosotros, por eso rediseñé el gimnasio de esta manera, para que ellos puedan sentirse cómodos y puedan entretenerse, ¡tal como hizo usted con su invernadero en aquel entonces!
A pesar de todo lo que había pasado por la mente de Norman antes de esta conversación, la repetición de su propia filosofía de entrenamiento Pokémon por Marcial le infundió un orgullo que lo ayudó a sentirse como sí mismo de nuevo. Ahora veía el gimnasio con una nueva perspectiva, y le parecía genial.
—¡Excelente aplicación de la teoría del equilibrio! Yo no soy un experto en Pokémon tipo lucha, pero puedo ver claramente que tus Pokémon están muy a gusto —dijo Norman mientras se acercaba a un área de pesas y observó un Hariyama de cerca, fijándose en el aspecto de la piel y la expresión facial—. Seguramente sabes lo que haces, están muy bien cuidados. A juzgar por su tez, también parece que reciben suficiente tiempo al aire libre bajo el sol, ¿no es así?
—¡Exacto! Tal y como usted hacía. Me había dicho que todos los días salía a caminar con sus Pokémon por Petalia porque el ejercicio al aire libre también era importante, no solo podían estar en su invernadero. Por eso, aprovecho la proximidad a la playa, y todas las mañanas que no tenga desafiantes nos vamos a surfear juntos al agua.
—Pero, ¿por qué surfear?
—Ya que Azuliza es un área que atrae muchos turistas, no suele haber un buen sendero solitario como los del bosque de Petalia, por ello no se puede tener una caminata de meditación sin irse hasta las montañas. Para obtener el equilibrio, empleo un método más literal. Balancearse sobre una tabla de surf requiere un equilibrio mental y físico avanzado para no caerse mientras la forma de las olas se desarrolla. ¡Es más difícil de lo que aparenta!
A Norman no se le había ocurrido esa utilidad del surf, y ahora que lo pensaba, sí parecía ser un gran ejercicio para sus Pokémon.
—¡Enhorabuena, en verdad creo que has conquistado la teoría del equilibrio! —dijo Norman muy orgulloso mientras miraba a Marcial. Ya no se sentía nada fuera de lugar cerca de él, el tema de entrenamiento Pokémon lo había relajado suficientemente como para dejar atrás la imagen de esta mañana funesta que experimentó en la playa, y también ayudaba que Marcial estuviese vestido completamente.
—¡Gracias, señor! —dijo Marcial, y a pesar de su tez ligeramente bronceada, el rostro parecía ruborizársele un poco—. Recibir el alabo de un compañero líder de gimnasio con tanta experiencia ¡es un gran honor!
Cuando terminó de hablar, inclinó su cuerpo hacia Norman respetuosamente. Norman le sonrió y preguntó:
—Todavía hay algo que no entiendo acerca de tu gimnasio, ¿dónde está la cancha de batalla?
Seguro había una, era contra las reglas de la liga Pokémon de Hoenn no conducir batallas por las medallas de Hoenn, y estas debían de llevarse a cabo en una cancha estándar.
—Venga conmigo, se la enseño.
Y así, Norman no tuvo más remedio que seguir a Marcial hacia la parte trasera del gimnasio. En el camino, Marcial le contó más de lo que había aprendido sobre el equilibrio y entrenamiento Pokémon, y por eso, Norman estaba contentísimo, ya que era su área de especialidad, y estaba muy feliz de contarle a Marcial todo lo que había aprendido en los últimos diez años escudriñando la naturaleza y desarrollo de los Pokémon en el invernadero.
—¡He aquí la cancha! —dijo Marcial riéndose. La cancha estaba en el medio de un gran estadio que hacía que parezca una cuadrilátero de boxeo.
Norman la examinó por un tiempo, y luego se volteó hacia Marcial, y le dijo sonriendo:
—¡Me encanta lo que has hecho! Hacer un lugar de batalla que le parezca familiar a tus Pokémon es muy importante, y como es una extensión del gimnasio de entrenamiento físico utilizando el mismo estilo de decoración, seguro tus Pokémon están muy a gusto aquí.
Platicaron por unos momentos los diferentes estilos de gimnasio, y entonces Marcial le hizo una pregunta que arrastró a Norman hasta la realidad que se enfrentaba:
—Entonces, ¿a qué le debo el placer de su visita? —preguntó Marcial, aún hablando con mucho respeto—. Yo sé que solo llevo tres años como líder, pero es usted el primer otro líder que me visita. En realidad, ¡no esperaba que nadie me visitara nunca en este rincón de Hoenn!
Sus hijos. La sorpresa de aniversario. Su matrimonio en crisis. La posibilidad de que termine divorciado y de que la gente se entere que no pudo satisfacer a su mujer. El miedo que lo atormentaba los últimos días le bajó el ánimo un poco, pero mantuvo la fachada para que no se diera cuenta.
—Estoy buscando a un chico que lleva a un Pikachu fuera de su Pokébola todo el tiempo. Él pretendía desafiarte, ¿ya lo hizo? —preguntó Norman con calma y desenfado.
—Ah, ¿habla de Ash? —preguntó Marcial—. Sí, hace casi una semana vino él aquí, pero no consiguió derrotarme. Creo que se fue a entrenar, seguro regresará dentro de una o dos semanas para intentar de nuevo.
—¡Gracias! ¿Les podrías dejar un recado? —preguntó Norman, por lo menos ahora solo tenía que esperar a que regresen, y eso lo podía hacer lejos de la playa—. ¿Podrías decirle a él y a su grupo que Norman los está esperando en el Centro Pokémon de Azuliza?
—¡Seguro! No hay problema, yo se lo digo —dijo Marcial y asintió con la cabeza.
—Muchas gracias. Fue un placer conocerte —dijo Norman con desenfado y inclinó la cabeza como señal de despedida respetuosa. Ya era hora de despedirse. No podía negar que este joven le cayó muy bien, pero una parte de sí mismo tenía miedo de que él sí se había dado cuenta de su erección esta funesta mañana y tarde o temprano lo mencionaría. Era mejor dejarlo a que se le olvide todo el asunto.
—¡Espera! ¿Ya se va? —preguntó Marcial—. Si aún va a estar en Azuliza, ¿qué tal si nos vemos mañana? ¡Podríamos cenar juntos y platicar de nuestros gimnasios! Como ya sabe, soy todo un novato. Solo tres años aquí y Analucha ya se mudó de Azuliza, así que no tengo a quién recurrir.
Norman ya se estaba volteando para irse, pero quedó congelado ante la oferta. Regresó su mirada hacia Marcial y no pudo impedir que le cayera en los ojos turquesas de Marcial. Sintió un aprieto en el corazón. Instintivamente quería rechazarlo, pero una parte carnal de él le exigía que asintiera, le exigía pasar más tiempo con el joven playero.
—Es que…—Norman no sabía qué decir, qué inventarse para rechazarlo.
—Yo sé que ha de estar muy ocupado —dijo Marcial, la sonrisa cayéndosele un poco—. Como líder de gimnasio, paso tanto tiempo con desafiantes chamaquitos como aquel Ash, y el resto del tiempo entrenando a mis Pokémon en el largo proceso de equilibrio, que en tres años se me ha hecho difícil hacer amistades adultas o tan siquiera hacer correspondencia con alguien que esté pasando por lo mismo que yo. ¡No es un trabajo fácil!
Norman sonrió a pesar de todo. Él sí entendía esto. Huirle a su inclinación sexual no era la única razón por la cual pasaba tan poco tiempo en su casa con Caroline, aun si era la más importante. Ser líder de gimnasio y mantener tantos Pokémon en óptima condición le tomaba muchas horas de cada día. Y cada contrincante que conocía solía tener entre diez y quince años. No era el tipo de compañía que deseaba. También Kenny, su asistente, solo tenía 16 años.
Miró alrededor del gimnasio a los pocos entrenadores que vio adentro practicando karate o usando las maquinas de ejercicio, y se dio cuenta que también la mayoría era más o menos de la edad de Kenny, todas eran chicas y seguro solo daban la cara aquí para que se les reconozca como posibles candidatas al puesto de líder en el futuro.
Él no sabía si Marcial estaba casado o no, pero en su caso, Caroline no podía compartir conversaciones con él sobre estos temas, ya que ella no era entrenadora Pokémon y por lo tanto no solía interesarle el tema. Así que él nunca había tenido un colega adulto con quien hablar de sus teorías de desarrollo Pokémon.
—Vale —dijo finalmente Norman. Era solo una cena, ¿qué es lo peor que podría pasar? No irían a la playa. Marcial seguramente no iría a un restaurante sin camisa.
—¿¡En serio!? ¡Mil gracias! —dijo Marcial con una sonrisa grandísima—. Pues, ¿qué tal si nos vemos mañana a las seis de la tarde en el Restaurante Delicias Ciudad Orquídea?
Norman arqueó las cejas y miró a Marcial con curiosidad, pero decidió no pensar mucho de esto y simplemente asintió:
—Vale, entonces nos vemos allí mañana.
Esa noche, después de cenar con sus Pokémon, Norman tuvo que salir a darles la oportunidad de tomar un poco de aire fresco a sus Pokémon. Por suerte, la muchedumbre de la ciudad ya se había dispersado en las tardes horas de la noche cuando él salió. Estuvo tan pensativo, que hasta sus Pokémon parecieron darse cuenta del cambio en actitud, porque le daban miradas de intriga y curiosidad, lo que le hizo recordar la conversación que tuvo con el señor Arenque. Pero él todavía pensaba que hablar de lo que le pasaba con sus Pokémon era un poco ridículo. Él ya les contaba acerca de muchos aspectos de su vida, pero nunca de su sexualidad y matrimonio.
El día siguiente se la pasó en el Centro Pokémon, deseando que May y Max se apareciesen por ahí por fin para que pueda regresar a Petalia.
No sabía por qué rayos tuvo que asentir a cenar con Marcial esta noche. Estuvo todo el día preocupado sobre lo que podría pasar. ¿Y si Marcial se había dado cuenta de su erección la mañana anterior y quería reclamarle en público? ¿Y si daba otro paso en falso ante a él y arruinaba todo? Después de todo, Marcial sabía quién era él, ¿y si se lo decía a todo quien viniese a desafiarlo incluyendo a Ash y May y Max?
Ya le había prometido que iba a ir, y por eso, no tuvo más remedio que ir. Tampoco quería quedar mal; iba a presentar su mejor imagen de adulto responsable y normal. Se duchó, se arregló el cabello, se afeitó el pequeño rastro de vello facial que tenía para que quedase limpio, y se puso su atuendo más formal que llevaba consigo, incluyendo un chaleco donde colocar sus Pokébolas.
Cuando ya era hora de salir, ya había logrado calmarse de nuevo. Siempre y cuando mantuviese la calma, no se delataría.
Ya eran casi las seis de la tarde, y el pueblo estaba empezando a oscurecer ya que el sol se había escondido detrás de las montañas al oeste de la isla. Caminó por las calles y le preguntó a varias personas direcciones hasta que por fin logró llegar al restaurante. Era un establecimiento de madera, con ventanas y puertas tradicionales y un estilo que le pareció un poco nostálgico. ¿Por qué lo había citado aquí Marcial? ¿Qué sabía de él?
—¡Qué señor tan apuesto! —una mujer salió del restaurante y exclamó al verlo—. Bienvenido a Delicias Ciudad Orquídea, ¿está esperando a alguien?
Norman sintió que le dio un vuelco el corazón. Seguramente creerá que viene con una mujer. Pero, ¡cenar entre amigos no es nada raro! Aun entre adultos como él y Marcial, ¿no?
—Sí, será una mesa para dos —dijo Norman con desenfado.
—Por supuesto, le prepararemos una mesa —dijo la mujer y regresó al restaurante.
Norman se quedó afuera esperando, pero no tuvo que esperar mucho tiempo. Diez minutos después, oyó la voz de Marcial.
—Señor Norman —dijo Marcial jadeando mientras corría hacia acá. Se detuvo en seco frente a Norman—. Discúlpeme, inesperadamente vino un contrincante y la batalla duró más de lo que esperaba.
Marcial estaba vestido de una manera que parecía un poco informal para este tipo de restaurante. Llevaba una camisa de manga corta color azul que le resaltaba sus ojos, y unos pantalones cortos de color negro. Era casi completamente opuesto al atuendo más formal que llevaba Norman.
Cuando terminó de explicar por qué llegó tarde, él levantó la mano hacia Norman. Norman le estrechó la mano, dándose cuenta que otra vez estaba húmeda de sudor, cálida, y se sentía más firme que la suya. Mientras se estrechaban las manos, Norman no pudo evitar fijarse en los músculos definidos del brazo de Marcial. Trató de no hacerle caso a nada de esto.
—No tienes por qué disculparte. Yo entiendo perfectamente —dijo Norman y sonrió. Todas las veces que él ha estado en esa situación. Teniendo que explicarle a Caroline por qué llegó tarde a uno u otro compromiso, porque pasaban cosas inesperadas en el gimnasio—. A mí también me pasa mucho lo mismo.
Marcial le devolvió la sonrisa, y dijo:
—Gracias por entenderme. Vale, ¿entramos?
Entonces entraron al restaurante, que en realidad tenía un estilo muy tradicional. Norman se fijó en que la mayoría de la gente que cenaba aquí eran familias nucleares, en algunos casos había parejas sin hijos, también había uno que otro joven comiendo solo, pero no vio dos hombres ya adultos compartiendo una mesa. ¿Ya qué más daba? Tenía que comportarse normal.
Se sentaron en su mesa, y recibieron el menú del restaurante. Tal y como esperaba, todo era comida de Johto, con énfasis en Ciudad Orquídea.
—¿Por qué escogiste este restaurante? —preguntó Norman, ya no podía contenerse. Había tantos restaurantes de comida local en Azuliza, él los había visto camino aquí, ¿por qué comida de Johto?
Marcial sólo le había dado un pequeño vistazo a la carta y la colocó en la mesa, aparentemente ya sabía qué iba a ordenar. Miró a Norman, y con un tono de excitación dijo:
—Pues, ¡me encanta la comida de aquí! Es mi restaurante favorito del área. Me recuerda la comida que comí durante una corta estadía en Johto que tuve. ¡Espero que le guste!
No era la respuesta que esperaba. Norman también puso la carta en la mesa, no tenía que leerla para saber lo que quería comer.
—No sabía que habías ido a Johto. Bueno, espero que sí me guste.
La mesera no tardó mucho en llegar. Les preguntó qué iban a tomar, y Marcial ordenó té verde para la mesa.
—Y usted, ¿señor? —le preguntó a Norman.
—Yo beberé té verde también —dijo Norman sonriendo, le encantaba el té verde y era algo que no se conseguía muy a menudo aquí en Hoenn, al menos no en Petalia.
—Entonces, ¿ya sabéis lo que vais a comer? Supongo que lo mismo de siempre, ¿Marcial? —le preguntó la mesera a Marcial.
Marcial asintió con la cabeza y dijo sonriendo:
—¡Tú lo sabes! —Levantó el menú que no había leído y se lo regresó a la mesera.
—¿Y usted, señor?
—Yo quiero los fideos estilo Orquídea con setas —dijo Norman, acordándose de su platillo favorito cuando pequeño.
—Dos órdenes de fideos estilo Orquídea con setas, entonces —dijo la mesera mientras escribía la orden, y recogió la carta al irse.
Norman la miró un poco confundido, hasta que se acordó de que no había oído lo que Marcial ordenó. Miró a Marcial, y este le tenía una sonrisa grande.
—¡Le encantará! Es mi platillo favorito, ¡aquí lo hacen muy auténtico!
¿Su platillo favorito? ¿Ordenaron la misma vianda? Norman se ruborizó, la cara se le sentía bien caliente, pero también estaba muy encantado de compartir este gusto con Marcial. Caroline solo cocinaba comida de Hoenn y no era muy amante a la de Johto.
—Es mi favorito también…—dijo Norman en voz baja.
Marcial arqueó las cejas y le fijó su mirada, diciendo:
—¿En serio? ¡Menuda coincidencia! Le prometo que aquí lo saben hacer muy bien. Tal y como lo hacen en Ciudad Orquídea.
—Espera, entonces cuando dijiste que habías ido a Johto…
—Sí, estuve en Ciudad Orquídea por unas semanas pidiéndole consejos a Aníbal antes de ir a Kanto a buscar a Bruno para entrenamiento. ¿Usted ha ido a Johto entonces?
A Norman ya le estaba empezando a molestar el constante ustedeo, aunque no sabía exactamente por qué, era como una barrera entre ellos.
—La verdad es que yo soy nativo de Johto. Nací y me crié en la Ciudad Olivo, hasta que mis padres se mudaron hacia Hoenn —explicó Norman. La verdad era que cuando Marcial propuso venir a este restaurante, había empezado a sospechar que Marcial ya sabía que él era de Johto, nunca se había imaginado que a Marcial también le gustara la misma comida.
—¡Ah! ¡Lo debí haber sospechado! —dijo Marcial con mucho entusiasmo—. Se viste un poco diferente a los nativos de Hoenn, incluso a los de Petalia. ¡Vestido tan apuesto, cualquiera pensaría que viene de un evento formal!
Norman se ruborizó un poco, y empezó a darle un poco de miedo de que Marcial se fijase, así que cambió el tema rápido, diciendo:
—Entonces, ¿cómo encontraste a Ciudad Olivo?
Este resultó ser un tema muy fértil, ya que Marcial tenía mucho que decir acerca de Johto, y Norman que llevaba más de diez años que no regresaba a Johto tenía muchas preguntas e historias que contar.
Mientras esperaban la comida, el tema se había movido gradualmente hacia el entrenamiento Pokémon y la manera en que ambos manejan y dirigen sus gimnasios. Norman se sentía tan a gusto, hacía muchos años que no podía hablar de todos estos temas en detalle, usando jergas de entrenamiento y desarrollo que Caroline nunca entendería. A pesar de ser mucho más joven que él, Marcial ya era diestro en todo lo fundamental en cuanto a entrenamiento Pokémon. Marcial parecía disfrutar hacerle pregunta tras pregunta a Norman, como si fuese un estudiante codicioso con un afán de aprenderlo todo. Y a Norman le encantaba sentirse necesitado de esta manera, ya que el entrenamiento Pokémon era algo a lo que se había dedicado por gran parte de su vida.
Por fin, cuando la comida llegó, dejaron el tema para empezar a comer. Norman probó la comida e inmediatamente se acordó de esos suculentos sabores que le encantaban cuando era pequeño y vivía en Johto.
—Se ve que le encanta la comida, ¿no? —dijo Marcial sonriendo mientras Norman se zampaba los fideos.
Norman otra vez sintió la cara ruborizársele. ¿Por qué le seguía pasando esto? Se tragó la comida, se sentó más derecho, y luego dijo:
—Sí, está muy buena. Gracias por haberme invitado aquí, hacía años que no comía esto —dijo con desenfado, pero sin embargo con una sonrisa honesta.
—Se lo dije, aquí todo es bien auténtico. Si va a estar esperando en Azuliza a que Ash regrese, ya sabe que puede venir aquí para comerse algo de muy alta calidad.
—Creo que sí lo haré —dijo Norman, la comida en el Centro Pokémon era gratis, pero como líder de gimnasio, a él no le hacía falta el dinero—. Oye, somos amigos, ¿no? Puedes tutearme, yo no soy tan cicatero…
—Bueno, ¡si no te molesta! Entonces, ¿cuántos años tienes?
—Yo tengo 38 —dijo Norman mientras se comía otro bocado de fideos.
—¡Guau!, en verdad no se te nota. Seguro el entrenamiento de equilibrio te ha ayudado mantenerte tan joven —dijo Marcial y se rió. Después de un momento, se puso serio, y preguntó—: Entonces, seguro ya estás casado, ¿verdad?
A Norman le dio un vuelco el corazón ante esa pregunta. Su matrimonio era lo último de lo que quería hablar. A pesar de cómo empezó todo, ya veía a Marcial como una valiosa amistad, después de todo ellos compartían muchos intereses en común, y si en el futuro terminase divorciado, ¿cómo le explicaría a su nuevo amigo la razón detrás de todo?
—Sí, ya estoy casado y tengo dos hijos —dijo Norman, no encontraba razón de mentir.
Norman se dio cuenta de que Marcial, al oírlo decir que estaba casado y tenía hijos, arrugó la frente un poco. No sabía si era su imaginación o no, pero ¿parecía estar un poquito decepcionado? Norman decidió que seguramente malinterpretó su reacción.
—Enhorabuena, amigo —dijo Marcial simplemente, con una sonrisa en la cara, luego bajó la cara y empezó a jugar con la poca comida que le quedaba, diciendo en voz baja—: Yo no sé si me casaré algún día…
Norman abrió los ojos como platos.
—¿Te vas a quedar solterón toda la vida? Pero, ¿por qué? ¿No te preocupa lo que la gente pensaría?
—Pues, pensarán que tengo mala suerte, ¿verdad? Yo diría que es la verdad y puedo vivir con eso —dijo Marcial con una fachada de desenfado transparente, Norman entendió que a él le preocupaba algo, o que al menos algo en el aire de la conversación había cambiado concretamente.
—¿Cómo que mala suerte? ¿Mala suerte con las chicas? —preguntó Norman, ahora bien intrigado. Aunque se le hacía imposible decírselo, era difícil de creer que Marcial tenga problemas consiguiendo pareja, ya que era un hombre muy atractivo.
—Podrías decirlo así. Supongo que nunca he encontrado una chica con quién en verdad quisiese estar juntos —dijo Marcial, ahora más que nunca enfocado en terminar su comida.
Norman ya había terminado de comer, y ahora estaba pensando en lo que dijo Marcial. ¿Quizás él era demasiado estricto con sus pretendientes? Norman simplemente se casó con la primera mujer que le mostró interés de esa manera.
—Bueno, aún eres bien joven, seguro encontrarás a una mujer que te haga feliz —dijo Norman, pensando que a lo mejor si él fuese normal como Marcial, él también hubiese tenido un poco de dificultad encontrando una pareja, buscando una mujer ideal, y no se hubiese casado con su mejor amiga por conveniencia solo para salir de eso.
La conversación no progresó mucho después de que cayeron en este tema. Un poco más tarde, llegó la mesera con la cuenta, y Norman insistió en pagarla completa. Luego salieron ambos del restaurante.
Afuera ya estaba oscuro con el cielo completamente nublado, pero una ligera brisa estival les recordaba que el verano todavía iba para largo. A esta hora, ya las calles estaban vacías en esta parte de la ciudad. Caminaron unos pasos fuera del restaurante, y Norman se volteó hacia Marcial para despedirse.
—Gracias por invitarme a cenar. Me la pasé muy bien —dijo honestamente. No podía creer qué tantas cosas tenían en común y qué divertido fue hablar con él.
Marcial había recuperado el ánimo un poco, y le dijo:
—¡Fue un placer! Aprendí mucho gracias a ti, en verdad que te has dedicado increíblemente a los Pokémon. Yo también me la pasé muy bien.
—Gracias —dijo Norman, ruborizándose otra vez, y le extendió la mano hacia Marcial—. Bueno, pues nos vemos.
Marcial pareció no ver la mano, porque la ignoró con los ojos fijos en la cara de Norman y tomó un paso hacia él, y lo abrazó.
—Nos vemos —dijo Marcial con tono desenfadado y amistoso.
El aliento, el olor que lo atormentó aquella mañana funesta otra vez entró a su cuerpo. Marcial solo lo abrazó un mero instante, y Norman no le reciprocó el abrazo, pero aun así sintió la dureza del cuerpo fornido de Marcial otra vez, sintió como su pene empezó a agitarse otra vez, y sintió como a su mente le irrumpieron deseos y pensamientos que solía ignorar.
Pero, solo fue un instante. Marcial ya lo había soltado, había dicho «buenas noches, Norman», y con una última sonrisa fugaz ya se estaba yendo.
Norman permaneció congelado por unos instantes. Aún podía sentir la presión del cuerpo de Marcial y el olor de su cuerpo.
Entonces, la imagen de su sonrisa y sus ojos turquesas irrumpió en su mente y la alegría que sentía mientras hablaba con él regresó. Esta vez no se iba a preocupar por nada. Marcial era un buen amigo. Creía que podía confiar en él. Incluso si en el futuro terminase divorciado, parece que él no lo juzgaría. ¡Podrían ser solterones juntos!
Todo el camino hacia el Centro Pokémon, Norman tenía una sonrisa en el rostro.