Esa noche, cuando Norman regresó al Centro Pokemon después de la cita, lo primero que hizo fue hacer salir a sus seis Pokémon para que ellos también pudieran tener una comida alimenticia. Que estuviese de viaje lejos del gimnasio y el invernadero no quería decir que iba a abandonar sus responsabilidades. Aun si Kenny se está encargando del resto de sus Pokémon en Petalia, al menos tendría que encargarse de los que decidió traerse.
Se sentía aceptado. Era claro que Marcial también le dedicaba gran parte de su tiempo libre a su trabajo como líder de gimnasio y a sus Pokémon. Había una voz en su mente que trataba de decirle que Marcial era diferente, ya que él no estaba casado, y que le decía que la razón principal por la que se había obsesionado tanto con sus responsabilidades de líder era el deseo de huirle al romance, por miedo de que tarde o temprano Caroline se dé cuenta de qué manera él era diferente a los otros hombres o, peor aún, anormal. Pero Norman logró ahogar esa voz. Sus Pokémon comieron felices. Les peinó el pelaje con calma, y muy tarde se fue a dormir.
El día siguiente, después de desayunar en el Centro Pokémon, se fue a caminar. Esta vez salió del pueblo en dirección noroeste hacia las montañas. Tenía que buscar un área tranquila y libre de la muchedumbre playera donde caminar una o dos horas con sus Pokémon en medio de la naturaleza, tal y como hacía en las afueras de Petalia y no quería hacerlo en la playa. Ya sabía muy bien que la reacción que tenía cuando joven ante los hombres con poca ropa no se había amortiguado ni un poquito con el pasar de los años.
Logró encontrar un buen camino y se entretuvo gran parte de la mañana continuando su entrenamiento con sus Pokémon casi como si nada hubiese cambiado. Casi. Todo el tiempo estuvo pensando en Marcial. No sabía por qué no podía parar de pensar en él. Quizás era porque nunca había tenido un amigo que lo entendía tan bien, y con quien compartía tantos intereses en común, pero le causaba un sentimiento en el pecho que no había sentido antes, y no sabía qué era.
Al medio día almorzó junto a sus Pokémon de vuelta al Centro Pokémon, y luego se tomó su tiempo asegurándose que todos estén en buena forma. Tenía muchísimo tiempo libre ahora que estaba fuera del gimnasio y del invernadero. No tendría que preocuparse por mantener el gimnasio y aceptar desafiantes, y toda la faena diaria del invernadero ahora era la responsabilidad de Kenny, el pobre joven.
Por lo tanto, Norman pasó casi todo el día a cargo de sus Pokémon, y pensando en Marcial. Cuando el cielo ya se había teñido color naranja de ocaso, ya no pudo contenerse más. Quería verlo otra vez. Supuestamente porque quería comprobar el estado del equipo Pokémon de Marcial, después de todo un día a cargo del suyo. Al menos, eso era lo que se dijo para convencerse.
Regresó de prisa a su habitación para ducharse y arreglarse como siempre hacía cuando tenía que salir de su rutina y encontrarse con otra gente (había de quitarse el hedor de todo un día de trabajo), y luego salió del Centro Pokémon, y se fue a paso ligero hacia el gimnasio.
Cuando finalmente estaba parado frente las puertas del gimnasio, su valentía se había esfumado. Estaba a meros tres pasos de la puerta para tocarla, pero no podía moverse. Sí, lo veía como un amigo, pero él nunca había tenido amistades adultas del mismo género. Sus mejores amigas eran Caroline y Joy de Petalia. Solía también corresponder con Analucha y Palicia, y últimamente hasta con Petra. Pero nunca con otro hombre adulto, especialmente uno de quien había pensado de esa manera. ¿Y si Marcial comenzase a sospechar algo de él? Después de su conversación ayer durante la cita, en la que Marcial confesó no creer poder casarse, al menos Norman se sintió contento de saber que Marcial probablemente no lo juzgaría si termina divorciado. Pero eso no quiere decir que no se espantaría si supiese que tipo de «bicho raro» Norman en realidad era, bajo toda esta fachada.
No supo cuánto tiempo estuvo ahí parado. Estuvo tan congelado en la indecisión que apenas pudo reaccionar cuando la puerta se abrió y salió Marcial, que evidentemente estaba despidiéndose de alguien dentro del gimnasio mientras salía porque estaba mirando hacia atrás y diciendo algo, y por eso, no vio a Norman al salir, y Norman no reaccionó a tiempo, y en un abrir y cerrar de ojos, Marcial había chocado con él.
Entre el golpe y el susto, Norman se tambaleó y Marcial se volteó en un salto e instintivamente extendió los brazos hacia los hombros de Norman para estabilizarlo.
Estaban tan cerca, sus ojos turquesas se parecían al mar y Norman no podía contenerse al verlos, eran seguro las joyas más hermosas que haya visto en su vida. Sentía otra vez el calor de su cuerpo y su aliento mezclado con el olor de sudor que extrañamente olía tan bueno. ¿A caso este hombre nunca hedía, ni cuando sudaba?
Norman se ruborizó en un instante, y Marcial lo soltó de inmediato, pero este ahora tenía una sonrisa grande en su rostro bronceado.
—¡Menuda sorpresa, Norman! ¿Viniste a verme?
Norman se recuperó rápido y pudo poner su fachada desenfadada con una sonrisa amable. Pero su corazón aún latía a doble ritmo. Estos encuentros cercanos entre ambos le producían un tipo de éxtasis al cual inconscientemente se estaba volviendo un adicto. Su cara y extremidades se sentían caliente, su corazón latía rápido, y hasta había empezado a jadear, pero ¡se sentía tan satisfecho!
—Hola, Marcial. Sí, es un placer verte de nuevo —dijo Norman sonriendo desenfadadamente.
De repente una voz en su mente se preguntó: «estás siendo muy amable con él, ¿y si sospecha algo?» Pero este miedo no quebrantó su buen humor, porque Marcial parecía no pensar nada malo de esto, al contrario, dijo:
—¡Yo también quería verte de nuevo! —dijo Marcial y levantó una mano hacia el cabello como para rascarlo—. Disculpa que apeste, es que ahora mismito acabo de hacer mis ejercicios, y me iba a casa a ducharme. No esperaba visita a esta hora.
—¿De qué hablas? Hueles bien —dijo Norman sin pensar, fue un instinto que le salió tan rápido que no pudo contenerlo. De inmediato se ruborizó. Ahora sí, ahora sí habría de sospechar de él. ¿Pero qué rayos le pasaba, por qué se comportaba de esta manera?
Esta vez, Marcial también se ruborizó, pero luego empezó a reírse en voz alta mientras decía:
—¡Qué chistoso eres!, Norman. ¡Nunca me lo imaginé! —dijo entre risas.
Norman se relajó y suspiró. ¡Qué fácil era interactuar con Marcial! Aun cuando su lado anormal se le filtraba por la fachada, Marcial parecía interpretarlo de una manera positiva, o al menos, ni darse cuenta.
—Bueno, ¿entonces querías charlar? —preguntó Marcial cuando dejó de reírse.
—Pues, es que estuve todo el día pensando en tu equipo Pokémon, quisiera ver cómo has entrenado tus Pokémon en una batalla —dijo Norman. Esta era una buena razón para querer verlo de nuevo, se decía—. Pero entiendo si es intempestivo, ¿quizás mañana?
—¡No! —dijo Marcial de repente—, ahora se puede, ¡ven! Entremos al gimnasio.
Norman siguió detrás de Marcial, caminando un poco más cerca a él de lo que haría habitualmente. No podía contenerse, inconscientemente quería poder olerlo más, y estaba tan enfocado en lo de la batalla y tan a gusto que ni cuenta se daba de sus ademanes.
Caminaron hasta la cancha del gimnasio y entonces Marcial se detuvo y se volteó hacia Norman.
—Entonces, ¿quieres una batalla contra mí? ¿Qué reglas usamos? —preguntó Marcial.
—Tu mejor equipo, no el que uses contra los pretendientes a la medalla. Una batalla doble oficial de seis contra seis —dijo Norman desenfadadamente. Quería saber más de Marcial, quería saber cómo ponía en práctica todo lo que hablaron la noche anterior sobre entrenamiento y desarrollo Pokémon, quería saber cómo se desenvolvía en una batalla.
—¡Guau! ¿En serio? —dijo Marcial un poco sorprendido.
—¿Es muy tarde? Entiendo si estás cansado, podríamos hacerlo otro día —añadió Norman rápido. ¿Por qué no le llegó esta valentía más temprano en el día … ¿quién querría una batalla así a esta hora?
—¡No, no es problema! ¡Ándale, suena divertidísimo!
Entonces, se pusieron de acuerdo, y Marcial llamó a una asistente joven llamada Natasha para que arbitre. Le recordó a Norman a Kenny, seguramente haría lo que fuese por la experiencia y la posibilidad de ser la futura líder del gimnasio.
Norman y Marcial caminaron hasta lados opuestos de la cancha, y entonces Norman se acordó de que esta no era la primera vez que ellos tenían una batalla Pokémon oficial. A pesar de no acordarse de aquel día, la realidad no dejaba lugar a dudas, ya que si Marcial solo tenía 21 años, pues era seguro que obtuvo su Medalla Equilibrio de Norman. Se dijo a sí mismo que esta batalla no la olvidaría.
El arbitro comenzó la batalla y Marcial comenzó enviando a un Hitmonlee y un Hitmonchan.
Norman quería verlos más de cerca, para ver su estado claramente, pero desde acá podía juzgar que estaban muy bien entrenados.
—Confío en vosotros, Slaking y Spinda, salid! —dijo Norman con entusiasmo mientras lanzaba sus primeras dos Pokébolas, y su hermoso Spinda salió primero, tambaleándose perpetuamente de manera muy cariñosa, y Slaking salió a su lado, con una pequeña mirada a Norman le decía «no te defraudaremos». En su mano derecha sostenía una Toxisfera.
—¡Es el mismo Slaking, lo reconozco! —dijo Marcial contento—. Vale, Hitmonlee usa Puño Certero contra Slaking, Hitmonchan usa Gancho Alto contra Spinda.
—Slaking usa Doble Equipo, Spinda de prisa usa Intercambio con Slaking.
Al no tener que moverse, los efectos de doble equipo e intercambio tomaron lugar antes de que Hitmonlee y Hitmonchan cruzaran la distancia de la cancha para atacar. El gancho alto fue un golpe crítico contra Spinda, quien quedó debilitado de un golpe, pero el Puño Certero de Hitmonlee no logró asestar a Slaking por culpa de su baja prioridad, para cuando había llegado a Slaking, el doble equipo había surtido efecto por completo.
—Muy bien hecho, Spinda, regresa —dijo Norman, levantando su Pokébola. Había logrado lo que quería—. ¡Ve, Kangaskhan!
En ese momento, Slaking empezó a emitir un aura púrpura, se había envenenado.
—¿Pero qué? —dijo Marcial de repente, fijándose en la Toxisfera que tenía Slaking—. No me digas que… Oh no, Hitmonlee usa puño certero, Hitmonchan usa gancho alto, ¡ambos contra Slaking!
—Kangaskhan usa Sorpresa contra Hitmonlee, Slaking usa Fachada contra Hitmonchan.
Ambos se movieron con una presteza increíble, antes de que el equipo de Marcial pudiese moverse, la Sorpresa de Kangaskhan ya había amedrentado a Hitmonlee, y Slaking había golpeado a Hitmonchan con su fachada, que lo debilitó de un golpazo.
—Debí saberlo, tú eres el experto en fachadas —dijo Marcial con un tono excitado—. Increíble, pero no perderemos así de fácil, ¡ve, Machamp!
Desafortunadamente para Marcial, el Slaking de Norman y su fachada eran demasiado fuertes, especialmente ya que no tenía su habilidad de Ausente gracias al Intercambio de Spinda.
Sabiendo ya que Hitmonlee usaría otra vez Puño Certero, Norman decidió atacar a Hitmonlee con otra fachada, mientras que ordenó a Kangaskhan que usara Atracción contra Machamp, gracias a sus muchos años criando Pokémon pudo saber de un vistazo que era un Machamp macho, y su Kangaskhan era hembra.
Hitmonlee cayó de un golpe y Machamp no pudo atacar ese turno gracias a la atracción. Machamp se convirtió en un estorbo durante la batalla, ya que continuaba desobedeciendo a Marcial durante la batalla, completamente arrebatado por la atracción. Y por eso, sus siguientes Pokémon, Medicham y Hitmontop, no lograron hacer nada, ya que no tenían la rapidez para atacar a Slaking antes de su fachada.
—Me tienes contra la pared, Norman —dijo Marcial lleno de entusiasmo—. A pesar de la desventaja de tus Pokémon tipo normal, ¡me tienes bien pillado!
Norman se ruborizó. Estaba tan emocionado durante esta batalla, podía ver lo mucho que querían a Marcial sus Pokémon, a pesar de que él esté perdiendo. También le gustaba que Marcial se había mantenido en control a pesar de la paliza.
—¡Todo está en tus manos, Hariyama!
Hariyama comenzó con una Sorpresa contra Slaking, lo que logró amedrentar a Slaking por este turno. Esto le dio a Machamp el tiempo de respirar, y pudo usar un Puño Certero contra Kangaskhan que lo debilitó de un golpe. Sin Kangaskhan en la cancha, la atracción de Machamp se acabó. Pero Marcial ya no tenía ataques de prioridad para detener a Slaking y sus Pokémon no eran lo suficientemente rápido para atacar primero.
Norman eligió a Tauros para reemplazar a Kangaskhan, y su habilidad de Intimidación amortiguó las fuerzas de Machamp y Hariyama.
Sin embargo, Marcial recurrió a algo inesperado. Norman pensaba terminar esta batalla con otro golpe de fachada y un Derribo de Tauros, pero Marcial ordenó que ambos de sus Pokémon usaran Protección y entonces ambos ataques fallaron.
Desafortunadamente, la batalla ya había ido para largo, y el envenenamiento de Slaking ya lo había agotado demasiado. Norman se fijó al final de este turno que había llegado a su límite.
—Gracias por todo, Slaking —dijo Norman agradecido, y lo regresó a la Pokébola. Solo le quedaba Blissey y su otro Slaking, pero sin usar Intercambio, ese Slaking tendría que acabar la batalla en un turno, y Blissey no podría asistir a Tauros, así que no le costaba más remedio, y envió a su segundo Slaking.
—¡Otro más! Ya estoy harto de tus fachadas, Norman —dijo Marcial riéndose, entonces miró el segundo Slaking más de cerca y continuó—: Ah, pero ¡este no lleva una Toxisfera! ¡Te quedaste sin tu fachada, Norman!
Ya no le quedaba nada más: ordenó a Slaking que usara Hiperrayo y a Tauros que repitiese su Derribo.
El derribo debilitó de un golpe a Machamp, que ya estaba bien herido gracias a Kangaskhan, y el Hiperrayo dejó a Hariyama muy herido pero aun podía continuar. Hariyama usó llave vital contra Tauros, que hubiese sido una maravillosa estrategia, ya que Slaking no podría hacer nada el próximo turno, pero Tauros sorprendentemente no se debilitó. La intimidación le había salvado el pellejo.
El turno siguiente, Slaking no podía moverse, pero Tauros con un último Derribo debilitó a Hariyama, y se debilitó a sí mismo por el daño de retroceso.
Con dos Pokémon aún capaz de batallar, Norman había derrotado a Marcial.
—Muchas gracias, amigos. Habéis hecho un trabajo espectacular —dijo Marcial a sus Pokébolas.
Norman también había hecho regresar a sus Pokémon, y caminó hacia Marcial.
—Has entrenado tus Pokémon increíblemente. De veras —dijo Norman con una sonrisa en el rostro—, a pesar de que solo llevas tres años como líder de gimnasio, ya eres un líder muy talentoso. Si sigues así, seguro me superaras en poco tiempo.
—¡Muchas gracias, Norman! ¡Es un gran honor que pienses así! —dijo Marcial con una gran sonrisa, y tomó los tres pasos entre ellos y abrazó a Norman de nuevo. Todo fue tal y como pasó la noche anterior. La dureza y firmeza de su cuerpo fornido lo apretaba, el olor a sudor le infundía un gran impulso de lamberle la piel o al menos darle un gran suspiro, el calor de su cuerpo lo hacía sentir tan a gusto y relajado.
Su pene otra vez empezó a agitarse con presteza, pero como la noche anterior, el abrazo fue muy corto y el placer muy fugaz. Antes de que pudiese reaccionar y abrazarlo instintivamente a él también, Marcial ya lo había soltado.
Pero aun así, Norman se había ruborizado. Sentía un calor intenso en su rostro.
Marcial tenía una expresión de agradecimiento, y dijo:
—Gracias por una batalla increíble, nunca me había imaginado una estrategia semejante, pero aprendí muchísimo.
Marcial terminó de hablar y sus ojos se entrecerraron un poco mirando a Norman, y de repente él también se ruborizó y apartó la mirada.
—Este… —dijo Marcial un poco aturdido.
Norman aún estaba congelado, y no dijo nada.
—¿Qué tal si vamos al Centro Pokémon? Hay que curar a nuestros Pokémon —sugirió Marcial finalmente.
Caminar era fácil, y sí debía llevar a sus Pokémon al Centro Pokémon, así que Norman asintió, se despidieron de Natasha, y ambos se fueron juntos.
Afuera ya estaba oscuro, especialmente en el sendero palmado que los llevaba de regreso a la ciudad. Durante el camino, Marcial le hacía muchas preguntas a Norman acerca de sus estrategias de la batalla, y también le pedía su opinión sobre su equipo.
—Pude ver que tus Pokémon estaban muy bien entrenados y cuidados —dijo Norman mientras caminaban de regreso—. Lo único que te recomendaría es que pienses en estrategias que tus oponentes podrán usar contra ti, y en cómo contrarrestarlas. Por ejemplo, yo sabía que probablemente te tentarías a usar fuerza bruta contra mí, ya que tendrías la ventaja de tipo, por eso utilicé una estrategia tan peligrosa.
Marcial se quedó pensativo por un tiempo y ellos llegaron a la ciudad. Las calles ya no tenían tanta gente, y cuando por fin entraron al Centro Pokémon, vieron que estaba completamente vacío a esta hora, salvo por la Enfermera Joy y su Chansey.
Ambos caminaron hacia ella y le entregaron sus Pokébolas para que se encargue de los Pokémon heridos. Cuando Joy se fue al área médica, Norman y Marcial caminaron hasta una esquina de la sala donde pudieron sentarse a esperar alrededor de una pequeña mesa circular.
—Se nota que le dedicas muchísimo tiempo a tus Pokémon, Norman —dijo Marcial con una sonrisa cuando se sentaron—. No sé cómo lo haces, entre los deberes del gimnasio y el entrenamiento y desarrollo de mis Pokémon, yo casi no tengo tiempo para nada más. Y tú estás casado, ¡tienes una esposa y dos hijos a quiénes has de dedicarle tiempo también! De veras, ¿cómo lo haces?
—Bueno, pues no ha sido fácil… —dijo Norman después de una pausa. No estaba seguro de qué tanto le quería contar a Marcial acerca del estado de su matrimonio. No quería que sospechase que él era un «bicho raro» o peor.
—Por cierto, ahora me pregunto, ¿por qué estás aquí en Azuliza esperando a Ash? Ha de ser muy importante para que dejes tu gimnasio cerrado, ¿no?
Este tema ya se estaba poniendo un poco desagradable para Norman. No quería mentirle a su nuevo amigo, pero tampoco quería decirle tanto como para que sospechase algo. Habló con cautela:
—Los compañeros de Ash son mis hijos, May y Max. Tengo que decirles algo importante…
—Ah, ya veo —dijo Marcial y pareció considerar preguntar qué era eso tan importante, pero después de una ligera pausa cambió el tema—: Bueno, ¿y cómo es tu esposa? Yo no creo haberla visto hace diez años cuando pasé por tu gimnasio.
—Pues ella se llama Caroline. Ha sido mi amiga desde que comencé mi propia aventura con los Pokémon. Es una muy buena persona. Ella no pasa mucho tiempo en el gimnasio, por eso no me sorprende que no la hayas visto.
Marcial pareció quedarse esperando más información, pero Norman no sabía qué más decir, y entonces después de una corta pausa, Marcial continuó:
—Pero, ¿ella no te ayuda con tus Pokémon? ¡No me digas que tú lo haces todo solo!
—Ella no es entrenadora Pokémon, pero yo sí tengo un asistente que me ayuda con mis Pokémon y el gimnasio —dijo Norman con desenfado, eso no era nada raro, él sabía que todos los líderes siempre tenían al menos un asistente.
—Ella ha de ser una muy buena esposa, me imagino. ¡Llevan diez años de casados! Seguramente es una persona muy paciente, si está de acuerdo con todo el tiempo que has de pasar en el gimnasio y con tus Pokémon. ¿Nunca te ha pedido que te retires? De todos los líderes de Hoenn, tú has de ser el más mayor de edad, con excepción de Erico, ¿no? No es un trabajo fácil para hacer toda la vida.
Esto de tener amigos sí que tenía desventajas. ¡Tantas preguntas! Sopesó por unos instantes qué tanto decir, y convencido que no quería mentirle a Marcial, habló honestamente:
—Sí, ya me ha pedido muchas veces que me retire. Pero siempre me he rehusado. No es una decisión fácil, ya le he dedicado gran parte de mi vida a esto, y no es fácil cambiar. Tengo que admitir que el matrimonio no es nada fácil, es difícil balancear todas las responsabilidades que tengo —dijo Norman honestamente.
Le daba pavor que Caroline le pidiese el divorcio a estas alturas. Si su hermana ya sabía la verdad, era cuestión de tiempo para que más gente se enterase que no puede amar a una mujer, y todo el mundo tendría evidencia irrebatible de ello cuando termine soltero el resto de su vida, ya que era obvio que no lograría encontrar otra mujer que esté dispuesta a casarse con alguien que no pueda reciprocar amor o deseos carnales.
Pero al mismo tiempo, no sabía a qué extremos podría llegar para quedarse casado con Caroline. Si ella le exigía que se acueste con ella a menudo y que se retire del gimnasio para pasar los días con ella, pues quizás ya no habría más remedio para todo esto.
El primer día que estuvo en Azuliza, cuando se masturbó pensando en Marcial, había llegado a creer que podría usar esa imagen de él para acostarse con Caroline cuantas veces quiera ella, pero a estas alturas la mera idea le parecía absurda. Si se hubiese quedado como un hombre desconocido que nunca volvió a ver pues tenía sentido, pero era ridículo que pase el resto de su vida pensando en un amigo mientras le hacía el amor a Caroline. Eso solo terminaría arruinándole no solo el matrimonio sino también su nueva amistad, y quizás hasta la mente y el corazón.
El tema del matrimonio suyo solo servía para deprimirlo. Quería cambiar el tema, pero parece que Marcial se había dado cuenta, porque él tomó la iniciativa:
—Bueno, yo creo que eres un estupendo entrenador de Pokémon —dijo Marcial con una pequeña sonrisa—, si sigues así, pues estoy seguro que tarde o temprano terminarás formando parte del Alto Mando.
Norman levantó las cejas. Eso sí que no le interesaba. Más fama. Que más gente sepa quién es él, para que cuando termine divorciado los rumores se rieguen por todo el país y quizás hasta más allá.
—No busco ese tipo de fama —dijo Norman sencillamente. Si quisiera entrar al Alto Mando probablemente ya lo hubiese podido hacer.
—Yo tampoco, —dijo Marcial después de haberse reído un poco—, por eso quise ser el líder de Azuliza. Estar tan apartado del resto de Hoenn en esta isla me hace feliz. Poca gente me conoce, puedo pasar mi tiempo con mis Pokémon en la playa, no me tengo que preocupar por mucho.
Norman sonrió; ellos dos eran tan similares. Tenían tanto en común, que hasta era un poco difícil de creer.
—¡Señores! ¡Vuestros Pokémon ya están en buena salud! —de repente se oyó la voz de Joy.
Norman y Marcial se levantaron de las sillas y fueron a recoger sus Pokémon. El Centro Pokémon aún estaba vacío aparte de ellos. Ambos guardaron sus Pokébolas y caminaron hasta el centro de la sala. Norman sabía que ya era hora de que Marcial se vaya.
—Bueno… tengo que irme —dijo Marcial, sus ojos turquesas se conectaron con los ojos café de Norman.
A Norman le dio un vuelco el corazón. ¿Lo iba a abrazar otra vez? ¡Qué tanto quería que lo abrazara! Ya estaba volviéndose un adicto al placer que recibía cada vez que Marcial lo abrazaba.
Marcial lo miró un poco inquietamente, y Norman estaba completamente paralizado, el corazón le latía como el de un Dodrio y casi había empezado a jadear.
Norman notó que los ojos turquesas rompieron la conexión en un movimiento fugaz en la dirección de Joy, quien aún estaba en la recepción. Fue ahí que a Norman le entró un pánico, ¿si lo abrazase y Joy se daba cuenta de algo extraño?
—Buenas noches, Norman —dijo Marcial en voz baja y con un corto gesto de la mano se volteó y se fue del Centro Pokémon a paso ligero.
Norman suspiró profundamente. No sabía por qué esta vez Marcial decidió no abrazarlo como había hecho la noche anterior, ¿quizás los amigos no se abrazaban de despedida todas las noches y anoche era solo un abrazo de agradecimiento por haber pagado la cena? De todos modos, Norman tenía sentimientos encontrados sobre esto. Él quería que Marcial lo abrazara, pero al mismo tiempo, él sabe que esto no es un sentimiento que él ha de tener, y que la enfermera Joy pudo haber sospechado algo.
Cansado de todo y con una pesadumbre sobre sí mismo, regresó a su habitación.