La Batalla y El Equilibrio

Capítulo #2 de La Fachada

Se le hizo muy difícil dormir esa noche a Norman. Se la pasó inquieto en la cama, dando vueltas una y otra vez, pensando en Marcial. Juraba que podía aún sentir su olor en su cuerpo. Marcial le estaba causando un gran problema. Estaba haciendo que estos sentimientos que había reprimido bajo el peso del ajetreo del gimnasio y el invernadero resurjan con una potencia que no había sentido desde su juventud.

Fue muy tarde en la noche cuando logró por fin dormirse. Al día siguiente, casi no quería salir de la cama. Sabía que tenía una responsabilidad de cuidar por sus Pokémon, pero sus sentimientos encontrados lo estaban torturando. No sabía qué pensar o qué sentir.

No salió de la cama hasta el medio día, cuando el remordimiento hacia sus Pokémon por fin ganó la batalla en su mente y de prisa se los llevó al comedor del Centro Pokémon para que pudiesen comer, y luego los llevó a caminar por el sendero que había encontrado por las montañas del oeste.

Trató de ahogar sus pensamientos enfocándose en el entrenamiento, y por eso estuvo en las montañas por varias horas, hasta que sus Slaking claramente empezaron a quejarse.

Después de la cena, estuvo sentado atónito en su silla en el comedor. Quería ir a ver a Marcial, pero no sabía si era apropiado. Sabía que eran amigos, pero él no tenía una buena razón para ir a verlo. No podía pedirle otra batalla Pokémon, sería estúpido y sus Pokémon merecían un descanso.

Sin embargo, no se podía contener. Tenía que ir a verlo. Solo eran amigos, no había nada malo en lo que hacía, ¿verdad? De prisa, regresó sus Pokémon a las Pokébolas, y regresó a su habitación para ducharse. Se arregló tan bien como lo había hecho la noche anterior y salió del Centro Pokémon en dirección hacia el gimnasio.

Ya se estaba haciendo tarde, casi oscurecía, así que no estaba seguro si Marcial aún estaba en el gimnasio. Pero no le costaba más remedio, no sabía adónde más ir a buscarlo.

Cuando tocó en la puerta del gimnasio, fue la joven asistente, Natasha, quien abrió la puerta.

—Ah, es usted otra vez, señor Norman —dijo Natasha respetuosamente—, ¿ha venido a buscar a Marcial?

—Sí, ¿es muy tarde? —preguntó Norman y echó un vistazo hacia las montañas, el sol ya se había puesto, y era casi de noche.

—No, ¡para nada! Hoy Marcial se ha quedado en el gimnasio más tarde de lo usual, todavía está haciendo ejercicio, ¡entre por favor!

Entraron, y el gimnasio estaba como solía estarlo: había algunas jóvenes practicando karate, y una que otra en las máquinas de hacer ejercicio, también vio alguno que otro Pokémon haciendo ejercicio, la mayoría los de Marcial. Norman no pudo impedir darse cuenta que en este gimnasio solo solía haber chicas a parte de Marcial.

Natasha lo llevó hasta un banco donde Marcial se había recostado y estaba levantando unas pesas que se veían imposibles de levantar. Su Machamp estaba detrás de él con las manos extendidas observándolo.

Se notaba que Marcial ya había estado haciendo ejercicio por un buen rato, ya que tenía gotas de sudor deslizándose por la cara, y su camisa de manga corta color turquesa tenía varias áreas oscurecidas por el sudor.

—Marcial, el señor Norman ha venido a verlo otra vez —dijo Natasha y se fue hacia el área de karate.

Con un suspiro, y con la ayuda de Machamp, Marcial colocó la barra cuidadosamente en el soporte y luego se levantó, cuando vio a Norman, una sonrisa le apareció de inmediato en el rostro.

—Viniste a verme otra vez —dijo Marcial, sonando un poco sorprendido.

Norman ya había practicado en su mente lo que iba a decir ante esta pregunta para no sonar como un bicho raro que necesitaba de su compañía.

—Pues no tenía más nada que hacer, tan lejos de mi gimnasio e invernadero, y eres mi único amigo en esta ciudad, así que me preguntaba qué hacías en este momento… —dijo Norman con desenfado.

—Ándale, pues, ¿qué tal si haces ejercicio conmigo? —preguntó Marcial con una sonrisa, poniéndose de pie frente a Norman, tan cerca como para darle un abrazo, pero no se lo dio. De inmediato, Norman sintió el corazón latirle más rápido, pero trató de ignorarlo.

—Bueno, me gustaría, pero hoy yo y mis Pokémon ya hicimos nuestro ejercicio diario. Caminamos por las montañas —explicó Norman, especialmente hoy habían caminado muchísimo, específicamente con el motivo de no terminar pensando en Marcial y venir a verlo.

—Ah, pero tú solo caminas, ¿verdad? Hay otros ejercicios que podrías hacer, ¡ven! —dijo Marcial, y luego le dijo a sus Pokémon que podrían hacer lo que quisiesen o descansar por el momento, y entonces dirigió a Norman hasta lo que parecía una silla muy extraña.

Norman no reconoció que tipo de silla era esta, pero Marcial le explicó que le entrenaría los abdominales.

—Seguro si los haces por un tiempo, te empezarán a salir como los míos, mira —dijo Marcial y se levantó la camisa parcialmente con una mano para mostrarle sus abdominales a Norman.

Los ojos de Norman cayeron hacia el área abdominal expuesta de Marcial con una avidez incontrolable. Su cuerpo bronceado y fornido, esos abdominales bien definidos que se veían tan firmes, le infundían una lujuria a Norman que no había sentido desde aquella mañana funesta en la que chocó contra Marcial en la playa.

Sintió su rostro ruborizarse de inmediato, pero con la misma presteza con la que Marcial había levantado la camisa, también la bajó.

Marcial continuó explicándole cómo funcionaba la silla, y a Norman le costó muchísimo esfuerzo levantar la mirada de nuevo hacia su rostro. Se dio cuenta de que, el rostro bronceado de Marcial parecía estar ligeramente ruborizado. Norman supuso que él debía estar cansado por tanto ejercicio.

Finalmente, Marcial terminó de explicar y Norman creía entender, así que se sentó en la silla como Marcial había explicado, agarró los mangos detrás de él y empezó a jalar hacia el frente usando los abdominales. Sintió la presión que hacía.

Después de hacer tres repeticiones, cuando ya se había relajado lo suficiente para darse cuenta de su entorno, casi queda paralizado por su vista. Marcial estaba de pie frente a él, pero como ahora él estaba sentado, su ojos le caían en su cintura y su entrepierna. Por unos instantes deseó haber tenido la habilidad de ver a través la ropa, pero logró forzarse a mirar hacia el suelo y no pensar en esas cosas.

Unos minutos después, cuando sus abdominales ya le ardían, le dijo a Marcial y se puso de pie.

—¡Hiciste mucho más de lo que esperaba! Se nota que te mantienes en forma con tus ejercicios diarios —dijo Marcial entusiasmado—. Ahora, ¿qué tal el pecho y los brazos un poco?

—¡Dale! —dijo Norman tratando de mantener su fachada desenfadada.

Entonces, Marcial lo dirigió hasta el banco donde él había estado levantando las pesas. Norman abrió los ojos espantado, ¡no había manera de que él pudiese levantar esas pesas tan grandes! Pero, no tuvo que asustarse tanto. Marcial comenzó a remover pesas de la barra una tras una con cuidado hasta que solo quedaba un cuarto de lo que él estaba levantando antes.

—No te preocupes, yo estaré aquí para ayudarte —dijo Marcial cuando terminó de quitar las pesas y colocarlas en el piso—. Recuéstate en el banco como yo estaba cuando llegaste, yo te ayudaré a levantar la pesa, pero en realidad la mayor parte del trabajo lo harás tú, yo solo estaré aquí por si acaso te agotas y no puedes levantarla más.

Norman asintió, y luego se sentó en el banco y se recostó, y entonces Marcial lo ayudó a levantar la barra del soporte y sostenerla sobre su cuerpo. Esto era un ejercicio demasiado cruel para él. No porque la barra sea demasiado pesada para él, sino porque Marcial estaba de pie, con su entrepierna a meros centímetros de la cara de Norman, ¡desde aquí podía olerlo! No sabía por qué, pero ese olor le infundía una gran energía, que seguro no tenía hace unos instantes, y quería utilizarla levantando la barra.

No quería salir de aquí, aunque después de algunas repeticiones los brazos ya se le estaban cansando, pero le encantaba estar tan cerca de Marcial, el olor encantador que emanaba de la entrepierna de Marcial parecía producir un especie de sortilegio que le hacía olvidarse a sí mismo e ignorar cuánto ya le empezaban a temblar los brazos.

—Suficiente —dijo Marcial con calma y agarró firmemente la barra para colocarla en el soporte—, no deberías esforzarte demasiado la primera vez. Si sigues así, no podrás mover los brazos mañana.

Norman dejó caer los brazos, que ya estaban muy agotados, pero no quería ponerse de pie, estaba muy a gusto así, hasta que Marcial terminó de colocar la barra en el soporte y se apartó.

—¿Necesitas ayuda? —preguntó Marcial un poco preocupado.

—No, estoy bien. No te preocupes —dijo Norman, levantándose de inmediato y poniéndose de pie.

—Hiciste muy bien, no pensé que podrías hacer tantas repeticiones —dijo Marcial con una sonrisa—. ¡A que estás cansadísimo!

—Sí, creo que fue suficiente —dijo Norman con desenfado.

—Bueno, yo también ya terminé con mis ejercicios… —dijo Marcial un poco pensativo.

Ambos se quedaron en silencio algunos segundos. Norman miró alrededor, y se dio cuenta que ya no había nadie en el gimnasio salvo por los Pokémon de Marcial, que todos parecían haber terminado sus ejercicios y estaban descansando sentados en el suelo en un círculo.

—No vas … ¿no vas a hacer nada más esta noche? —preguntó Norman, aún quería pasar más tiempo con él, pero no sabía cómo decírselo sin delatarse.

—Pues, ya iba a regresar a mi casa —dijo Marcial, y parecía estar atormentado por sentimientos encontrados que Norman no entendía. Después de una corta pausa, Marcial continuó en voz baja—: Si quieres pasar un rato conmigo … ¿qué tal si me acompañas?

Norman sabía que era peligroso que pasara tanto tiempo con Marcial. ¡Qué desastre si él llegase a darse cuenta qué especie de hombre era Norman! Pero no podía contenerse, él quería pasar más tiempo con él.

—Vale, no tengo nada más que hacer —dijo Norman con un tono desenfadado.


Marcial recogió sus Pokémon y hizo que regresen a sus Pokébolas para dormir, apagó las luces en el gimnasio, y ambos salieron juntos.

Era una noche cálida con el aire húmedo, el cielo estaba completamente despejado, y la luna y las estrellas alumbraban el sendero palmado con su luz plateada. Era una noche perfecta para desvelarse frente una hoguera en la playa.

Entre Norman y Marcial, nunca había escasez de tema de conversación. Ambos parecían siempre tener algo de qué hablar, esta vez el tema era entrenamiento físico.

—Entonces, la razón por la que tú también te esmeras en entrenar tu cuerpo como tus Pokémon, es para poder saber cómo se sienten tus Pokémon tipo lucha, ¿no? —preguntó Norman con curiosidad.

—¡Exacto! Los movimientos tipo lucha requieren de fortaleza física y muchos de ellos pueden ser replicados por nosotros, esta es una increíble ventaja para el entrenador, porque podemos ponernos en los zapatos de nuestros Pokémon —explicó Marcial.

Ambos platicaron con mucho entusiasmo sobre entrenamiento Pokémon todo el camino hasta la ciudad. En Azuliza a esta hora no había casi nadie caminando por las calles, y por eso todo el tiempo Norman se sentía tranquilo. Marcial lo llevó hasta un edificio alto de apartamentos.

Norman quedó un poco sorprendido, con el sueldo de líder de gimnasio habría de tener suficiente dinero para rentar una casa o hasta comprar una en un pueblo como Azuliza.

Ellos caminaron hasta las puertas grandes del edificio, y Marcial se volteó hacia Norman. Tenía una expresión difícil de descifrar en el rostro.

—Bueno, aquí vivo yo… —dijo Marcial, entonces echó un vistazo hacia cada lado de la calle, y preguntó—. Este…. ¿tienes sed? ¿Quieres entrar por un vaso de agua antes de regresar al Centro Pokémon?

Norman tenía mucha curiosidad por saber cómo vivía Marcial, y entrar a su casa no era nada raro, por eso no vio razón por la cual rehusarse, y asintió.

Marcial abrió la puerta y entraron a un vestíbulo con unas escaleras al frente y puertas con números a ambos lados. Empezaron a subir hasta la tercera planta, y luego caminaron hasta la puerta 304. Marcial sacó una llave y abrió la puerta del apartamento y entraron, Marcial cerrando la puerta después de que entraron.

Norman quedó tan sorprendido que hasta levantó las cejas. Era un apartamento de solo una estancia. La cama estaba a la izquierda con las sabanas amontonadas, también había una mesa circular con dos sillas y unos armarios de madera en el lado izquierdo de la estancia, en el lado derecho había una cocina pequeña y una puerta que Norman supuso dirigía hacia el cuarto de baño.

Había un profundo desorden en la estancia: había ropa por doquier, pesas en el piso, una tabla de surfear al lado de la mesa de cenar, y, quizás lo más agradable en todo el apartamento, un profundo olor a Marcial.

—Lo siento … no suelo recibir visita…. —dijo Marcial un poco avergonzado.

Parecía que un Tauros salvaje había causado estragos aquí, pero a Norman no le importaba. Se sentía un poco raro. Como si hubiese tenido una ventana a un lugar íntimo de Marcial, de otro hombre, algo que nunca había tenido en su vida. Podía ver un viejo par de calzoncillos blancos en el piso al lado de la cama. Había una toalla colgando de la cama. Marcial había estado desnudo aquí muchas veces, se había secado con esa toalla. Estos pensamientos lo atormentaban ahora.

Gracias a Arceus, Marcial habló otra vez, y logró sacar a Norman de su mente:

—¿Te molesta? Puedo limpiar un poco, será rápido —continuó él, avergonzado.

—¡No! —dijo Norman súbitamente—, no me molesta para nada, no te preocupes.

—¿En serio? No tienes que mentir… —empezó a decir Marcial, pero Norman lo interrumpió.

—Sí, en serio.

—Es que te quedaste medio sorprendido… en verdad no me molesta, sé que debo limpiar más a menudo…

—En serio —dijo Norman firmemente, y para demostrárselo, se quitó los zapatos y caminó descalzo en el piso, sintiendo granos de arena aquí y allá, y caminó hasta la cama y se sentó cerca de la toalla usada—. Solo me sorprendió que vivas en un sitio tan pequeño, el sueldo de líder seguro te bastaba para mucho más, ¿no?

—Ay, qué haces, no te debiste quitar los zapatos, ¡esto no es Johto! ¡El piso no está limpio! —dijo Marcial y empezó a reírse, se veía mucho más relajado, y caminó hacia la cocina para servirle agua a Norman.

—En verdad que no me molesta —repitió Norman y respiró profundamente. Aquí olía bien. No a flores, ni a perfumes, sino a hombre, a Marcial, y a Norman le encantaba.

Marcial regresó con un vaso de agua para Norman y se sentó a su lado en la cama. Norman bebió un poco de agua, y preguntó:

—Entonces, ¿en qué te gastas todo tu dinero? Seguro te sobra muchísimo viviendo en un lugar como este.

Marcial suspiró profundamente, y continuó:

—Bueno, creo que fue una lástima que no llegué a ver más del mundo antes de hacerme líder de gimnasio. No me siento a gusto en este país, creo que me gustaría mudarme a Kalos, Paldea o Alola. Por eso vivo aquí, estoy guardando dinero, para tener la libertad de escoger qué hacer con mi vida en el futuro.

A Norman le dio un vuelco el corazón. Entonces la realidad empezó a caerle encima de nuevo. Todo esto que estaba haciendo con Marcial solo sería una memoria fugaz para él. Tarde o temprano, sus hijos regresarían y entonces tendría que irse. Tendría que regresar a Petalia con su esposa y poner en marcha su plan para convencerla de que no pida el divorcio. Al irse de Azuliza, lo más probable era que no volverá a ver a Marcial. Sí, se podrían escribir, pero no sería lo mismo. Y si Marcial se va a otro país, pues entonces sí que nunca lo vería otra vez.

Todo esto había de terminar.

Norman hizo un gran esfuerzo de no deprimirse, y preguntó con desenfado algo que le llamó la curiosidad:

—Entiendo que como playero te interesaría Alola, pero ¿por qué Kalos y Paldea?

Marcial no respondió de inmediato. Norman tomó un poco más de agua y siguió mirando el apartamento con calma.

—Bueno, he escuchado que la gente allá, y en Alola, es diferente a nosotros. La cultura es diferente. Supongo que me interesa ver cómo ellos viven sus vidas.

A Norman otra vez le dio un vuelvo el corazón. Una memoria latente de antaño, oculta en una parte profunda de su mente, surgió ese instante:

«Yo sé que me has dicho que quieres regresar a Hoenn, pero escúchame. He oído que la gente allá es diferente a nosotros. Su cultura es diferente. ¿No te interesa saber cómo la gente allá en Kalos vive su vida?» era Norman, hace casi veinte años, diciéndose a sí mismo frente un espejo en privado, como si estuviese practicando cómo convencer a Caroline.

Él nunca intentó convencerla. Sabía que era imposible. Ir a Sinnoh no era tan gran cosa, pero Kalos era un país ajeno y muy lejano, ¡ni siquiera hablaban la misma lengua! Y después de tantos años, ya había perdido la fe.

La forma en que habló Marcial lo dejó mareado pensando en sí mismo, no pudo contener voltear la cabeza hacia Marcial aturdido. Podría ser que, después de tantos años que pasó buscando a alguien como él, ¿!ahora lo tenía sentado a su lado sin siquiera haberlo buscado!? ¿A caso los dioses se estaban burlando de él y de su sino aquella mañana funesta en la que hicieron que Marcial chocara contra él en la playa?

Todo esto era muy difícil de creer. La ley de probabilidades estaba contra él. Si nunca supo de alguien como él en las cuatro ligas de su país (Hoenn, Johto, Kanto, y Sinnoh) con más que escudriñó y husmeó los asuntos privados de toda persona célebre cuando él era joven, ¿cómo puede ser que alguien aparezca justo en su camino?

A caso era posible que … la razón por la cual nunca pudo encontrar a alguien como él era que todo hombre semejante, al igual que él, ¿escondía la verdad celosamente?

«No» se dijo en su mente. «Me estoy dejando llevar por mis desviaciones y pensando mal de Marcial. Hay miles de razones por las cuales a una persona le interesaría las culturas foráneas. No ha de ser lo mismo.»

—¿Estás bien? —preguntó Marcial de repente, lo estaba mirando ahora.

—Ah, sí, es que me quedé pensando en cómo serían esos países extranjeros —dijo Norman con desenfado, pero el corazón le estaba latiendo muy deprisa.

—Sí, yo siempre he tenido curiosidad sobre las culturas foráneas —explicó Marcial—, yo sé que no a mucha gente le gusta viajar al extranjero en nuestro país. Especialmente ya que los foráneos no tienden a seguir nuestra devoción hacia Arceus, a mucha gente le parece extraño ir a un país así. Me imagino que especialmente a los de Johto y Sinnoh, que son lugares tan tradicionales.

Eso sí lo había oído ya creciendo en Johto. La gente no tenía muy alta opinión de los foráneos, ya que muchos ni siquiera sabían de la existencia de Arceus. Pero, por razones muy personales, Norman nunca fue muy devoto a Arceus. Lo resentía por haberlo creado de esta manera tan anormal.

—Es verdad, cuando yo era joven también tenía curiosidad, pero nunca tuve la oportunidad; me interesaba el hecho de que ellos eran diferentes —dijo Norman.

Marcial le sonrió.

Platicaron acerca de los países que conocían, y los Pokémon que vivían en esos países y nunca se veían por acá, y eso resultó ser un tema muy fértil para ambos, porque terminaron hablando por más de una hora, compartiendo historias que habían oído y hasta Pokémon foráneos que habían logrado ver gracias a desafiantes que habían viajado del extranjero.

A Norman ya le estaba dando sueño, no había dormido bien la noche anterior, y ya era mucho más tarde de lo que solía quedarse despierto. Cuando bostezó involuntariamente, Marcial se volteó hacia él y dijo:

—Bueno, ya es un poco tarde, ¿no? Yo aún tengo que ducharme, ¡apesto a sudor!

—De veras que no apestas —dijo Norman de inmediato sin controlarse, y sintió ruborizarse un poco.

Marcial se rió un rato, y dijo:

—No eres quién pensaba que eras, ¿sabes? Te vistes tan apuesto, arreglado y perfumado como si fueses a ver a tu esposa, que pensé que no soportarías el mal olor y desorden que tengo en mi apartamento. Eres el líder de tipo normal y provienes de Johto, pero no eres el típico sujeto conservador y de mente cerrada que suele vivir en Johto.

Esa fue la señal de que había ido demasiado lejos. Marcial estaba viendo mucho más allá de la fachada que normalmente le mostraba a los demás. Estaba jugando con fuego. Si seguía así, tarde o temprano se delataría.

Norman se puso de pie, y dijo:

—Bueno, entonces te dejo para que te duches. Yo también tengo que irme a dormir.

Marcial también se puso de pie y tomó un paso hacia Norman y lo abrazó, diciendo:

—Buenas noches, amigo.

Otra vez el aprieto de su cuerpo fornido, la dureza de su pecho contra el de sí mismo le hicieron saltar el corazón. Esta vez su cuerpo se movió por su propia voluntad, no desperdiciaría esta oportunidad que tanto esperaba, levantó sus manos inmediatamente y le reciprocó el abrazo a Marcial. Era la prueba del Equilibrio más difícil que haya enfrentado en su vida: quería apretar a Marcial contra sí mismo tan duro que sus entrepiernas se rocen y que sintiese el calor de su cuerpo en su alma, pero no podía ir muy lejos, también era de altísima importancia que no terminara delatándose, y por eso, al fin y al cabo solo fue un abrazo común y corriente. Aun si Norman estaba enfrentando millones de sentimientos encontrados.

Aun si quería que se abrazaran por una eternidad, él sabía que tenía que controlarse. De no hacerlo, Marcial terminaría enterándose de su inclinación, y a pesar de que Norman confiaba que aun si las cosas llegasen a esa lúgubre conclusión Marcial quizás le haría el favor de no decírselo a nadie, Norman como sea no podía dejar que eso pasara, porque seguramente significaría que Marcial nunca más se atrevería a abrazarlo o a estar tan cerca de él.

Por eso, fue Norman quien bajó los brazos primero, terminando el abrazo en solo unos cortos segundos.

Todavía sentía el calor de su cuerpo y el aroma de su sudor en sí mismo cuando se separó de él y dijo:

—Buenas noches, amigo.

No esperó a que Marcial diga nada más y con un gesto de la mano, se volteó hacia la puerta, la abrió y se fue.