La Batalla y El Equilibrio

Capítulo #2 de La Fachada

Norman regresó al Centro Pokémon de prisa, y se encerró en su habitación. Se quitó los zapatos y el chaleco con las Pokébolas y se tiró en la cama.

Esto no era nada bueno. Sin darse cuenta, estaba desarrollando unos sentimientos hacia Marcial que nunca había tenido hacia nadie en su vida. Quería abrazarlo, quería abrazarlo sin miedo alguno, quería besarlo, quería acariciarlo, quería decirle cuánto lo quería, y también quería acostarse con él. Si tan solo pudiese realizar esos deseos, estaba seguro de que él sería el hombre más feliz en la faz de la tierra.

Pero nada nunca era así de fácil. Después de tantos años, él sabía ya que nunca encontraría otro hombre como sí mismo, con las mismas inclinaciones desafiantes a Arceus. Era el abrumador peso que cargaba consigo desde su adolescencia. Y ahora, cuando había empezado a querer a otro hombre de esta manera, le dolía más que nunca.

Pero … una voz en su mente le decía: «pero ¿y si Marcial sí es como tú?»

Pensó en todo lo que Marcial había dicho, que no quería casarse, diciendo que él tenía mala suerte, y también que quería irse del país. No solo era un sueño pasajero, ¡él estaba ahorrando todo el dinero que podía! Además de todo esto, también mencionó la falta de devoción a Arceus entre los foráneos.

Norman no era un idiota, él se había fijado en las veces que vio Marcial ruborizarse frente a él, pero el problema era que nunca había tenido una amistad semejante, ¡no sabía qué era normal y qué no!

Tenía que hacer algo. Y si en realidad Marcial era como él, ¿entonces qué? ¿Estaría dispuesto a revelarse ante todo el mundo, y sufrir las consecuencias, solo por la oportunidad de estar con él? Eso era muy difícil para él. Tendría que abandonarlo todo, su matrimonio, sus hijos, su familia, su vida en Petalia…

No, todo eso era imposible. Y además, él estaba seguro de que era su desviación lo que causaba que pensara que había una posibilidad de que Marcial sea como él.

Completamente exhausto, se quitó la ropa, y trató de conseguir el sueño.


Norman despertó la mañana siguiente de un susto al oír algún ruido fuerte romper el silencio dentro de la habitación.

El ruido sonó otra vez. Alguien estaba tocando la puerta. ¿A esta hora?

—Norman, ¡soy yo, Marcial! —dijo en voz alta Marcial desde afuera.

A Norman le dio un vuelco el corazón y sintió ruborizarse. Estaba completamente desnudo salvo por sus calzoncillos. Se preguntaba qué quería Marcial tan temprano, pero en realidad no le importaba, estaba contento poder verlo tan temprano que nada más era de importancia.

—Voy ya mismo, ¡dame un momento! —gritó Norman y empezó a vestirse de prisa.

Su obsesión por estar presentable ante a él hizo que Marcial tuviese que esperarlo unos minutos, por que se pusiese toda la ropa y los zapatos antes de abrir la puerta.

Cuando por fin Norman se dirigió hacia la puerta, diciendo en voz alta «ahí voy, ahí voy, no te vayas», y por fin abrió la puerta, otra vez se sumió en sentimientos encontrados. Por una parte maldijo que en este Centro Pokémon parecía permitirse a los hombres entrar sin camisa, por el otro lado, quería agradecérselo personalmente a Joy.

Marcial estaba de pie frente a él, con un traje de baño amarillo que casi le llegaba a las rodillas, y sin camisa. Su cuerpo fornido y bronceado estaba tal y como lo había visto aquella funesta mañana en la playa, los abdominales bien definidos, sus pectorales se veían sólidos y le arrebataban la vista a Norman. Se ruborizó en instantes.

—¡Buenas! —dijo Marcial con una gran sonrisa.

Como si eso no fuese suficiente, Marcial dio un paso hacia dentro de la habitación y lo abrazó. Norman sintió todo el aire en su cuerpo escapársele de inmediato, y sus manos saltaron con presteza para abrazarlo a él también. Sintió algo raro correr por su sangre el instante que sus manos sintieron la calor y firmeza de la espalda encuerada de Marcial, y su pene empezó a agitarse.

Cuando se dio cuenta de que su pene estaba empezando a parársele, soltó a Marcial como si este tuviese corriente. No supo cuánto tiempo duró el abrazo.

—¡Quería invitarte a nadar conmigo! —dijo Marcial cuando se separaron, aún con una sonrisa en el rostro, pero parecía haberse ruborizado también—. Ándale, ¡las olas nos llaman!

Norman se espantó. Era verdad que después de estar varios días en Azuliza, se había acostumbrado a los hombres sin camisa y ya podía no prestarles atención, así que la playa no le daba tanto miedo por esa razón. Pero, ir a nadar con Marcial significaría verlo así sin camisa por mucho tiempo. ¿Cómo rayos sobreviviría eso?, ¡si tan solo unos segundos le causaban tan gran reacción! Pero también había otra razón…

—Yo no sé nadar —dijo Norman de plano. Era la verdad, aunque había crecido cerca del mar, nunca le había prestado mucha atención. Luego en la adolescencia las playas llenas de hombres fornidos y casi encuerados le daban pavor.

—Ya me lo suponía, pero ¡no hay problema! ¡Yo te enseño! —dijo Marcial y sonrió más, mostrando sus dientes como perlas bajo sus ojos turquesas que le recordaban el mar a Norman.

Nunca había pensado que su entrenamiento en el Equilibrio sería puesto a prueba de esta manera, una y otra vez. ¡Por supuesto que le encantaría que Marcial le enseñe a nadar! Suena completamente maravilloso y él confía sumamente en él, no cree que haya alguien más a quien le confiaría esta tarea. Pero al mismo tiempo, eso significaría estar mucho tiempo con Marcial, en el agua, y en todo ese tiempo podía terminar dando un paso en falso en el cual termine delatándose ante Marcial.

Después de una noche desvelado en reflexión, Norman estaba seguro de que era imposible que Marcial (o cualquier otro hombre en este país) sea como él, y que la razón por la cual tan siquiera había contemplado la posibilidad era por su propia anormalidad.

—¿Qué tal? —preguntó Marcial ante el silencio de Norman, su sonrisa desapareciéndose.

—Sí, vayamos —dijo Norman decidido. Al fin y al cabo, no podía decirle que no a Marcial.


Era una mañana brillante y calurosa. No había ni una sola nube en el cielo, y el sol ya estaba arropando la ciudad. Caminaron juntos hacia la playa, todo el camino Marcial le estaba contando historias divertidas que había vivido en la playa, y Norman ni se fijaba en los demás hombres, pero también trataba de no mirar mucho a Marcial.

Estaba tan caliente, que cuando llegaron a las arenas doradas de la playa, Norman ya había empezado a sudar un poco, y se había fijado que pequeñas gotitas de sudor de deslizaban sobre el cuerpo de Marcial. Cada vez que las veía, sentía un impulso arrebatador de tirársele encima y tocarlas y lamberlas. Ya estaba arrepintiéndose de haber aceptado a esto, pero era demasiado tarde.

Caminaron en la arena por más de una hora hasta que llegaron a un área de la playa ya lejos de Azuliza donde no había gente ni en la arena ni en el agua. Norman no sabía si Marcial se había dado cuenta de que él estaba nervioso y por eso lo trajo a un área más privada, pero sea cual sea su razón, estaba muy agradecido. Era más fácil estar relajado cerca de un Marcial sin camisa solo, que alrededor de una multitud de hombres no solo sin camisa, sino también muchos con trajes de baño muy reveladores.

—¡Llegamos! ¿Qué tal este lugar? —preguntó Marcial, estirando las manos como para disfrutar de la brisa cálida—. Suelo venir aquí cuando quiero hacer un ejercicio más meditativo con mis Pokémon.

—Es hermoso acá —dijo Norman, mirando hacia el mar. Sin la muchedumbre, la playa era mucho más relajante de lo que esperaba. El sonido de las olas rompiendo con la arena le gustaba.

—Bueno, primero es lo primero, tendrás que quitarte eso zapatos.

Norman asintió y se quitó rápido sus zapatos. La arena estaba ya un poco caliente pero se sentía bien bajo sus pies. Fue ahora que se dio cuenta que Marcial estaba descalzo todo este tiempo.

—Bueno, seguramente te vas a quitar el chaleco, ¿verdad? No querrás que las Pokébolas se pierdan en el agua. Está bien dejarlo aquí en la arena. Las olas no suelen llegar hasta acá.

Norman asintió de nuevo y se quitó el chaleco, colocándolo en la arena con cuidado.

—Vale, pues … —dijo Marcial ahora un poco menos seguro, y con voz un poco más baja—. No estás exactamente vestido para nadar, se te haría mucho más fácil si al menos te quitas esa camisa, pero esos pantalones largos podrían complicarte el trabajo también. No es que no se pueda, pero sería más difícil de lo normal.

¿¡Que qué!? Ahora sí, Norman se ruborizó. ¿Marcial le estaba pidiendo que se desvistiese frente a él?

—¡No te preocupes tanto! —dijo Marcial de prisa, y ahora no estaba mirando a Norman, sus ojos se habían desviado hacia el agua—. Haz lo que se te haga más a gusto. Sí llevas ropa interior, ¿verdad?

—¡Por supuesto! —dijo Norman de inmediato, el corazón le estaba latiendo tan rápido que casi jadeaba.

Quitarse la camisa no era gran cosa, pero hacerlo en privado frente a Marcial llevaba algún significado más profundo para Norman, aun si no lo comprendía. De todos modos, agarró su camisa sin más demora, y se la quitó, tirándola cerca de su chaleco.

Aunque Norman no era exactamente de tez pálida, al lado del bronceado de Marcial sí se le veía un poco pálida. Él no era huesudo, y hasta era un poco más alto que Marcial, pero al lado de Marcial su cuerpo se veía tan pequeño y delgado. Otro aspecto en el que diferían era en el vello; además del vello negro en las axilas, tenía un senderito de vello desde el ombligo hacia su miembro dentro de sus pantalones, mientras que Marcial tenía el cuerpo limpio de vello salvo por el vello turquesa de sus axilas.

Marcial se volteó hacia Norman y no disimuló al observarlo unos segundos, antes de decir:

—Excelente, así está un poco mejor. —Entonces, Marcial se ruborizó antes de continuar, con voz baja y tono hasta un poco nervioso—: Bueno, si te hace sentir menos incómodo para quitarte los pantalones, yo también lo puedo hacer. No suelo nadar en ropa interior, pero acá no hay nadie más que nosotros…

Norman se quedó congelado. Nunca en su vida de adulto lo había visto alguien en calzoncillos salvo por Caroline. Pero esto no sería como estar en calzoncillos ante a Caroline, eso le daba igual. Era imposible no ver un bulto, aun estando flácido, en sus calzoncillos cortos. Si se exponía de esa manera ante Marcial, ¡él lo sabría todo! Si le daba una erección, ¡sería imposible esconderla de Marcial!

Pero aquí estaba la verdadera prueba del Equilibrio. La más dura de su vida hasta ahora. Si aceptaba … ¡podría ver a Marcial en ropa interior también! Eso no solo era peligrosísimo, ya que Norman estaba seguro de que le infundiría todo tipo de emociones desaforadas, pero al mismo tiempo era increíblemente excitante. En este momento, frente la posibilidad de ver a Marcial en ropa interior, no había nada en el mundo que él quisiese más.

Norman vaciló unos momentos, sopesando las opciones que tenía ante a él. Estaba tomando muchísimos riesgos con Marcial. Tarde o temprano, sus hijos regresarían y él tendría que regresar con su esposa, y en el futuro, Marcial se iría del país y nunca lo volvería a ver. Podría perder mucho con estos riesgos. Estar tan expuesto ante a Marcial podría darle evidencia irrebatible de su anormalidad, y aun si Norman confiaba en Marcial y confiaba que quizá no le diría nada a sus hijos o a los demás, de todos modos era un riesgo grandísimo.

¿Y qué ventajas tenía tomar estos riesgos? Ganaba un poco de placer, satisfaría su inclinación anormal por unos días y luego tendría que vivir el resto de su vida sabiendo lo que no podía tener.

—¡No tienes que hacer nada que te incomode! —dijo Marcial de repente—. No hay ningún problema en nadar con esos pantalones, yo quería traerte acá para divertirnos, ¡no hacerte incómodo! ¡Ándale, vámonos así a nadar!

No había lugar a dudas, que si nadaba en calzoncillos con Marcial, era prácticamente asegurado que se delataría ante a él. ¡Se le paraba tan a menudo siempre que estaba con él! Estaba claro que asentir a quitarse los pantalones para nadar iba en contra de todo lo que Norman había hecho para mantener su fachada toda su vida.

Mas, Norman ahora ya no estaba feliz con su vida. Sí, estaba satisfecho con lo que había logrado con su carrera como líder de gimnasio y con sus Pokémon, pero era obvio que tenía un vacío en su vida. Quizá era hora de empezar a tomar riesgos; si tan solo salía de esto con una imagen de Marcial en ropa interior vívidamente grabada en su mente por el resto de su vida, eso ya sería más de lo que había logrado en 20 años de cautela.

—No hay problema, ¡vale! —dijo Norman con una sonrisa desenfadada, o al menos la mejor que pudo poner ante su fachada.

Y entonces, frente a Marcial, se desabrochó el pantalón, bajó la cremallera de la bragueta, y con un suspiro lento se bajó los pantalones, exponiendo sus calzoncillos blancos cortos y bien ajustados en los que era imposible no ver el bulto que formaba su pene aun cuando flácido (al menos con estos nervios, Norman estaba seguro de que no había riesgo de que se la parara), y también mostrándole a Marcial sus piernas con ligera cantidad de vello negro.

Norman no estaba mirando a Marcial, se concentraba en colocar sus pantalones junto a su camisa.

Cuando se enderezó y se volteó hacia Marcial, era imposible no fijarse en que Marcial estaba ruborizado y mirándolo. En ese instante pareció darse cuenta porque rápidamente agitó la cabeza, y dijo con una sonrisa:

—Ánimo, yo te acompaño.

Y entonces, sin demora alguna, se quitó su traje de baño y lo arrojó hacia un lugar cerca a la ropa de Norman. Llevaba unos calzoncillos similares a los de Norman, pero de color turquesa igual que sus ojos.

Norman no pudo controlarse y quedó boquiabierto cuando sus ojos traicioneros lo obligaron a fijarse en el bulto que llevaba Marcial. Era obvio que él también estaba flácido por la forma del bulto, pero aun así, no había lugar a dudas que el bulto era más grande que el suyo. Ese hecho, le hizo realizar que el pene de Marcial obviamente sería diferente al suyo, algo que era obvio para él ahora pero nunca había tenido oportunidad de considerar mucho en los últimos 20 años. No recordaba nunca haber visto el pene de otro hombre. Y todo esto le infundió una inmensa curiosidad a Norman por el miembro de Marcial.

De repente, una risa nerviosa de parte de Marcial arrastró a Norman hacia la realidad, y se dio cuenta que aun estaba mirándole el bulto y su pene comenzaba a parársele. ¡Pero qué rápido se delataría! Sabía que era un riesgo, pero ¡no se imaginó que no duraría ni un minuto!

Para disimular, sin siquiera mirar a Marcial se volteó hacia el mar súbitamente y empezó a caminar hacia el agua casi corriendo, diciendo en voz alta:

—¡A nadar!


Norman otra vez se quedó congelado cuando sus pies tocaron el agua fría del mar. Se le había olvidado algo: él no sabía nadar, todo esto era para que Marcial le enseñara cómo nadar. ¡No podía huir e ignorarlo!

En solo instantes, Marcial apareció al lado de Norman, sus ojos firmes en el rostro de Norman y Norman hizo su mejor esfuerzo de hacer lo mismo y no dejar que sus ojos caigan hacia el cuerpo casi completamente desnudo de Marcial.

—Veo que no puedes esperar por comenzar, ¡muy buena actitud! —dijo Marcial con una gran sonrisa—. Primero, caminemos hasta un área un poco más profunda, no te preocupes por nada, yo estaré a tu lado y no dejaré que te pase nada.

Norman asintió, y entonces empezaron a caminar hasta un área mucho más profunda, donde el agua le llegaba hasta el pecho.

—Bueno, lo primero que vas a hacer es aprender a flotar. El aire en tus pulmones te permitirá flotar siempre y cuando sigas mis instrucciones —dijo Marcial con un tono más serio del que solía tener.

Norman escuchó sus instrucciones atentamente, pero al terminar, le parecía difícil creer que con solo eso, podría flotar en el agua como si nada.

—Ándale, ánimo, ¡todo saldrá bien! —dijo Marcial cuando notó la expresión en el rostro de Norman.

—Pero … ¿y si me hundo? —preguntó Norman, todo instinto le decía que esto de nadar era un riesgo innecesario.

—Yo estoy aquí, no dejaré que te hundas, ¡fíate de mí! —dijo Marcial con una sonrisa grande.

—Vale… —dijo Norman, sí confiaba en Marcial, y debía admitir que le interesaba aprender a nadar.

Entonces, hizo tal y como Marcial dijo, y después de un movimiento en el agua con su pecho lleno de aire, se encontraba boca arriba flotando en el agua, con el infinito cielo azul en su vista. Lo había logrado, ¡estaba flotando en el agua!

—¡Lo hiciste! ¡Excelente! —se oyó la voz de Marcial a su lado—. Ahora relájate, y mantente en esa posición un ratito hasta que te acostumbres y te sea natural.

Norman se dejó cerrar los ojos. Esto sí que se sentía bien, era como un potente somnífero. El sol ardiente brillaba sobre su piel y se sentía especialmente relajante ante el contraste del frescor del agua, la brisa cálida del mar se sentía refrescante sobre su piel expuesta mojada.

Mientras tenía los ojos cerrados, su mente le hizo recordar la imagen de Marcial en ropa interior, su cuerpo fornido y bronceado que tanto deseaba tocar, y el bulto en sus calzoncillos turquesas que le infundían tanta curiosidad por su diferencia en tamaño, que le hacían preguntarse en cuáles aspectos difería de su pene. Se dejó llevar y empezó a imaginarse cómo podría ser el pene de Marcial, se imaginaba el suyo pero quizá un poco más largo o más grueso, y como magia su propio pene se le había parado con presteza en solo instantes.

Norman se sumió en sus fantasías por un tiempo hasta que de repente el graznido de un Wingull en la distancia le hizo acordarse de dónde estaba. Aun estaba flotando en el agua, solo llevaba puesto sus calzoncillos, Marcial estaba de su lado, y la única otra vez que su pene había estado tan tieso fue aquella mañana funesta cuando se masturbó pensando en Marcial. Le dio un vuelco el corazón y el susto lo hizo agitarse en el agua como si tratase de esconder su entrepierna, pero el movimiento brusco solo logró hacer que se hundiese en el agua.

Sin embargo, era claro que Marcial aún estaba a su lado y en alerta, porque antes de que la boca de Norman se quedara tan siquiera un poquito bajo agua, sintió él las manos firmes de Marcial abrazar y enderezarlo para que Norman quede nuevamente de pie.

En el brusco movimiento, Norman sintió el bulto de su pene rozar contra la firmeza del cuerpo de Marcial y dejó escapar un gemido lánguido.

Norman se encontraba de pie frente a Marcial, cara a cara, y tan cerca que si tan solo daba medio paso hacia él, seguramente su pene (aún tenazmente erguido) rozaría contra la entrepierna de Marcial. Estaba tan ruborizado que hasta pensaba que el sol le estaba quemando el rostro, pero vio que Marcial también estaba claramente ruborizado.

Quizá el destino en verdad quería burlarse de él o al menos causarle más problemas, porque ese mismo instante, antes de que alguno de ellos reaccionara y se apartara, una ola detrás de Norman lo empujó directamente contra Marcial.

El empuje lo llevó pecho contra pecho encima de Marcial, sintiendo qué tan firme era el cuerpo de Marcial, y al mismo tiempo, sintió cómo su pene tieso chocó y se rozaba contra algo igualmente tieso y erguido frente al suyo. Pudo haber sido su rodilla o quién sabe qué, pero su imaginación lo quería torturar, su mente le decía claramente: ese es el pene erguido de Marcial que acabas de rozar con el tuyo.

Norman gimió otra vez. Tenía que lograr controlarse a sí mismo y a sus pensamientos.

Aunque todo esto solo duró unos meros segundos, para Norman pareció ser una eternidad. Una dichosa eternidad que seguramente recordaría por el resto de su vida.

Entonces sintió los brazos de Marcial en sus hombros estabilizándolo de la ola. Esta vez no fue Norman, sino fue Marcial quien dio un paso para atrás y terminó el contacto de sus cuerpos.

El cosquilleo y la excitación que le causaba el contacto físico disminuyó y por fin Norman pudo pensar otra vez.

Había perdido su tan valioso equilibrio. Había tomado una decisión errónea. Había ido demasiado lejos. Esta vez no había lugar a dudas, era imposible engañarse pensando que había alguna posibilidad de que Marcial no había visto su bulto cuando flotaba o que no lo había sentido cuando chocaron.

Era la hora de la verdad. No podía ni mirarlo en la cara, tenía los ojos fijos en las montañas de la isla en la distancia mientras esperaba alguna reclamación por parte de Marcial.

—¿Estás bien? ¿No tomaste agua, verdad? —preguntó Marcial un poco preocupado, pero su voz estaba débil y baja, casi ni se oía entre el ruido de las olas.

Norman se aturdió. Esperaba reclamaciones, pero Marcial solo parecía estar preocupado. Aún no podía hablar. No sabía qué hacer o decir.

—¿Podemos seguir nadando? Creo que ya has aprendido bien cómo flotar, así que podemos seguir a nadar de verdad —dijo Marcial, su voz tenue sonaba extraña, parecía estar sin aire, como si acababa de nadarle una vuelta a la isla.

Norman se atrevió a mirar a Marcial y vio que tenía una sonrisa débil en la cara y parecía estar jadeando, el rostro de él estaba completamente ruborizado. Fue ahora cuando Norman se dio cuenta que él mismo también jadeaba.

—¿Quieres …. quieres seguir? —preguntó Norman, ¿a caso Marcial no se había dado cuenta de todo? Eso parecía demasiado inverosímil. A lo mejor sí se dio cuenta, pero como ya eran amigos … ¿decidió no prestarle atención? Eso también parecía inverosímil. ¿Sería posible que Marcial era como él? Pues, ¡eso era lo que más le costaba creer! ¿Cómo puede ser que llegó hasta los 38 años, siempre buscó con avidez a alguien como él y nunca supo de nadie, pero exactamente cuando ya no lo buscaba, alguien semejante literalmente choque contra él?

Estaba frente a Marcial, era mejor no pensar en estas cosas ahora. Tendría tiempo después.

—Si no te molesta … me encantaría que sigamos —dijo Marcial su voz recuperando su tono normal.

—Sí, sigamos —dijo Norman en voz baja.

Ambos estuvieron mucho más apartados durante las siguientes dos horas de práctica. Marcial continuaba en insistir que si le pasase algo a Norman, él súbitamente lo ayudaría otra vez, pero no hubieron más sucesos peligrosos. Norman se obligó a no relajarse para no dejar que su mente se extravíe de nuevo, y la distancia que mantuvieron uno del otro aseguró que no se tocaran de nuevo accidentalmente.


Cuando por fin se cansaron de nadar, ambos caminaron hacia el área de la arena donde dejaron su ropa, y Norman se puso sus pantalones súbitamente. Se sintió mucho más relajado y protegido cuando su bulto ya no era tan obviamente visible.

—¡Aprendes más rápido de lo que esperaba! —finalmente dijo Marcial cuando ya se había puesto su traje de baño sobre sus calzoncillos—. Enhorabuena, creo que en un par de sesiones más ya serás un experto en natación.

—Gracias por tomarte el tiempo para enseñarme. Me divertí —dijo Norman honestamente y recogió su camisa y chaleco de la arena pero no se los puso, no quería mojarlos.

—Bueno, ¿y qué piensas hacer ahora? —preguntó Marcial desenfadadamente mientras ambos comenzaron a caminar hacia Azuliza.

—He de darles el entrenamiento diario a mis Pokémon, no puedo olvidarme de ellos —dijo Norman mientras se obligaba a no pensar en todo lo que sucedió hoy con Marcial.

—Igual yo. Iré a surfear unas horas y luego a entrenar en el gimnasio como siempre, supongo… —dijo Marcial en voz baja.

Marcial decidió acompañar a Norman hasta el Centro Pokémon antes de irse, y Norman hasta llegó a pensar que era para poder tener tiempo para hablar de lo que sucedió en el agua, pero no fue así. Estaba hablando otra vez del entrenamiento Pokémon tal y como lo habían hecho aquella noche en la que cenaron juntos. Era como si lo que hubiese pasado en el agua ni siquiera fue notado por Marcial (¿a caso era tan despistado?) o estaba ignorándolo a propósito.

Ya que él estaba seguro que Marcial sí notó todo lo que pasó en el agua gracias a sus ademanes de aquel entonces, todo esto le estaba haciendo pensar a Norman que su segunda hipótesis era la más atinada: Marcial sabía qué tipo de hombre era él, pero decidió mantener la amistad e ignorarlo. Esta hipótesis obtuvo un golpe de evidencia cuando por fin llegaron al Centro Pokémon.

Una parte intensa dentro de Norman rezaba que Marcial quisiese acompañarlo hasta su habitación, y que ahí dentro se confesaría ser como él.

Pero no fue así. Entraron ambos a la sala principal del Centro Pokémon, ambos sin camisa y mojados, pero esto no era nada completamente inusual en este Centro Pokémon. Norman se dirigía hacia el área de hospedaje pero a mitad de camino tras la sala, Marcial se detuvo. Norman se volteó hacia él.

—Este …. pues, nos vemos otro día entonces —dijo Marcial con tono desenfadado y levantó una mano como seña de despedida.

A Norman le dio un vuelco el corazón. Estaba a tres pasos de él. Marcial se iba a ir así, ¿sin tan siquiera un abrazo?

A Norman le pareció ver los ojos de Marcial saltar de un lado a otro, pero nunca mirándolo a él.

—Nos vemos entonces… —dijo Norman, sintiéndose cada vez más deprimido.

El instante en que Marcial levanto un pie para voltearse e irse, Norman no pudo contenerse. Abrazarlo así sin camisa era lo que más estaba esperando desde que salieron del agua y decidió no ponerse la camisa de nuevo.

Estaba acostumbrándose a los abrazos de despedida. Se estaba volviendo un adicto a ellos. Ya no le importaba ningún Equlibrio ni ninguna fachada. Le importaba un bledo que a esta hora no solo estaba Joy sino también algunas otras personas en la sala del centro.

Súbitamente dio los tres pasos hacia Marcial, y Marcial abrió mucho los ojos sorprendido cuando Norman lo enredó en sus manos y lo abrazó firmemente, forzando sus cuerpos descamisados contra sí.

Una voz razonable de su mente le decía que podría estar arruinando su amistad, pero esta voz se calló cuando Marcial reciprocó el abrazo y Norman sintió sus manos firmes en la espalda. El olor de Marcial no era tan fuerte como la noche anterior, y estaba mezclado con el olor salado del mar, pero aun así Norman se derretía ante a él. Norman quería que este abrazo durara toda la vida. Nunca se había sentido tan feliz y tan excitado por un solo abrazo. En diez años de matrimonio con Caroline nunca logró obtener ni una fracción de la excitación que obtenía de este simple abrazo.

Norman no supo si se estaba volviendo loco o qué, pero este abrazo le pareció ser mucho más corto que los otros. Marcial movió las manos a sus hombros y lo empujó ligeramente para separarlos, y luego dijo en voz baja:

—Nos vemos.

Y en un abrir y cerrar de ojos, Marcial ya había salido del Centro Pokémon.