Norman sintió un gran anhelo al ver a Marcial irse de prisa. Estuvo allí en el medio de la sala de recepción del Centro Pokémon por casi un minuto hasta que por fin logró mover las piernas e irse hacia su habitación.
Cuando entró a su habitación y cerró la puerta, se quitó los pantalones y zapatos mojados, y se preparó para tomarse una ducha. Todo este tiempo, su mente había comenzado a visualizar las escenas ocurridas en la playa. Ver a Marcial quitarse sus pantalones frente a él, ver el bulto que llevaba en sus calzoncillos turquesas, cuando Marcial lo rescato de hundirse en el agua, y cuando la ola lo empujó contra Marcial y sintió que su pene se había rozado con el de Marcial. Al menos, eso era lo que se había convencido que había pasado. Se le era imposible saber si aquello tieso que rozó su pene en realidad era el pene erguido de Marcial (y era difícil de creer para alguien como Norman).
De todos modos, cuando por fin entró a la ducha, su pene de nuevo estaba completamente erguido, la cabeza rosada estaba un poco expuesta bajo el prepucio pálido, y el agua que le caía encima le causaba una sensación electrizante. Hasta Norman mismo se sorprendió, su pene parecía estar más tieso, más largo, y más grueso que nunca. El corazón le latía bien rápido, deseaba otra vez jalarse una paja pensando en Marcial, pero hizo un gran esfuerzo de controlarse y no se masturbó.
Esta situación se le había complicado. No importa lo que fuese que Marcial sintiese o estuviese pensando ahora mismo, era imposible creer que no se había dado cuenta de que había algo raro en Norman. Entonces, pensaba Norman, era imprescindible que hablara con él delicadamente acerca de todo esto. Había pensado que Marcial tenía las mismas intenciones cuando lo siguió hasta el Centro Pokémon, pero evidentemente eso no fue así.
No era que Norman creía tener labia, pero a él le gustaba comunicar bien las cosas cada vez que pueda haber un malentendido. Fue gracias a esta razón que ha logrado mantener un matrimonio de diez años con Caroline en el cual el número de veces que ellos se acostaron se puede contar con los dedos de una mano (aun si Caroline claramente ya llegó a su límite).
Y por eso, él quería hablar con Marcial para asegurarse de que si Marcial sabía su secreto, esto no llegaría a regarse por el país y potencialmente arruinarle la vida.
Cuando terminó de ducharse, se vistió con ropa ligera de caminar, se puso su chaleco con las Pokébolas, y salió hacia el área de comer para alimentar a sus Pokémon, ya que era hora de almorzar.
Mientras todos comían, Norman se había quedado pensativo. A parte de su futura charla con Marcial, había otra cosa que le estaba causando una crisis interna: la satisfacción y excitación que tan solo un abrazo descamisado con un hombre le causaba. Él siempre supo que en su mente tenía el sistema de atracción al revés de los otros hombres, pero nunca había experimentado hasta este extremo.
Ahora sí estaba seguro de sí mismo, si tuviese la oportunidad, a él le encantaría acostarse con Marcial con la pasión y avidez que nunca pudo darle a Caroline. Y también estaba seguro de que muchos otros hombres le podían causar sensaciones semejantes, porque había visto muchos cuerpos sensuales en la playa, aun si ahora mismo era Marcial el que tenía una posición perenne e inquebrantable en su mente. Entonces, la lógica conclusión a la que había llegado era la siguiente:
«Si tan solo puedo conseguir un solo hombre como yo, así tenga que ir a Paldea, Kalos, o Alola a buscarlo, seguramente seré mucho más feliz.»
Aún no había tenido la oportunidad de pensar en todos los nimios detalles, como qué pensarían sus hijos, si se iría del país para siempre o solo buscaría a alguien a quien traer y con quien montar una fachada juntos ante al mundo en Petalia, entre otras cosas, pero había algo que sabía con certeza: tenía que librarse del yugo de su matrimonio.
«Aun si no encuentro a alguien como yo en otros países, hasta amistades con hombres que pueda abrazar como abrazo a Marcial sería más placer en unos instantes que el que obtuve en diez años de matrimonio.»
Norman estaba tan sumido en sus pensamientos que ni cuenta se dio que hace mucho tiempo sus Pokémon ya habían terminado de comer y se estaban aburriendo esperando salir al ejercicio diario.
Fue su Blissey quien se le acercó con una cara preocupada y un sonido que parecía preguntarle si estaba bien. Norman asintió, sonrió hacia sus Pokémon, y luego salieron todos a caminar hacia las montañas en el oeste como había hecho en días anteriores.
Sus Pokémon parecían percibir que algo raro estaba pasando. Quizá ya se estaban preguntando por qué estaban pasando tanto tiempo acá en Azuliza; de todos modos, mientras caminaban ellos a menudo le echaban miradas confusas a Norman.
En este momento, se acordó de las palabras sabias del señor Arenque:
«Cada vez que me atormenta algo, yo se lo cuento a mi pequeño Peeko. Los Pokémon nos entienden muy bien, ¿sabes?»
Sí, él sabía que sus Pokémon podían entenderlo muy bien, pero solo solían hablar en temas relacionados al desarrollo Pokémon, no de temas personales de sí mismo. Y para complicar las cosas, no hablaban el mismo idioma, por alguna razón u otra, Arceus no pareció querer que los humanos y los Pokémon pudiesen comunicarse entre sí con fluidez.
Él nunca había sido una persona religiosa. Algo que lo ponía en desacuerdo con la gran mayoría de gente en su país, especialmente cuando vivía en Johto y cuando fue a Sinnoh, donde la religión era una parte muy importante de la vida cotidiana. Era difícil para él ser religioso, ¿cómo alabar a un dios que creó a los humanos y a todos los Pokémon e hizo la ley de Atracción explícitamente solo surtir efecto entre géneros opuestos, y entonces lo creó a él al revés? En realidad, le tenía rencor a Arceus. Pero él era una persona sensata, y sabía que esto era mejor no hablarlo con nadie.
Pero, ahora que estaba pensando en todo esto, le llegó una nueva curiosidad: ¿qué pensaban los Pokémon acerca del dios creador?
Ya estaban por las montañas, cuando se decidió en un plan para obtener el consejo de sus más leales amistades de toda la vida: sus Pokémon.
—Alto un momento —dijo Norman de repente, y sus Pokémon se detuvieron en la caminata y se voltearon hacia él. Todos lo miraban con anticipación—. Como ya os habéis dado cuenta, mucho ha pasado últimamente. Quizá hayáis oido una que otra cosa incluso dentro de vuestras Pokébolas. Bueno, como vosotros sois mis mejores amigos de toda la vida, yo necesito vuestra opinión.
Los Pokémon inclinaron la cabeza asintiendo pero se mantuvieron en silencio. Los dos Slaking y Spinda se habían sentado en el suelo, pero Blissey, Tauros y Kangaskhan seguían de pie.
—Yo sé que vosotros podéis entender mis palabras muy bien, pero para asegurarme de que sí nos entendamos, vamos a jugar un pequeño juego —dijo Norman y miró alrededor de donde estaban.
Estaban en una área rocosa pero bastante llana de las montañas, no había rastro de ninguna persona alrededor. Entonces, Norman cogió una pequeña roca que parecía útil, y la utilizó como tiza, arrastrándola por el suelo con fuerza para dibujar dos grandes círculos en el suelo. Sus Pokémon lo miraban con mucha atención y curiosidad durante todo el proceso. Cuando terminó, escribió la palabra «Sí» en el círculo de la izquierda, y la palabra «No» en el de la derecha.
Entonces, Norman empezó a explicarle a sus Pokémon que les iba a hacer unas preguntas, y que para contestarle tenían que moverse hacia el círculo adecuado.
—¿Todos habéis entendido? —preguntó Norman.
Le dio gran satisfacción ver cómo todos sus Pokémon, sin demora alguna caminaron hacia el gran círculo con la palabra «Sí».
—¡Excelente! Ahora, vamos a ver, yo soy el líder del gimnasio tipo roca, ¿es verdad? —preguntó Norman con tono desenfadado, quería probar si sus Pokémon en verdad lo entendían.
Sus Pokémon se dieron una mirada confusa unos a los otros y se marcharon hacia el círculo con la palabra «No» sin demora.
Norman sonrió satisfecho.
—El nombre de mi esposa es Caroline, ¿verdad?
Con presteza, los Pokémon se movieron hacia el círculo con la palabra «Sí».
—Yo llevo casi diez años de casado con Caroline, ¿verdad?
Sus Pokémon ahora se miraron unos a los otros por unos segundos, los dos Slaking, Spinda y Tauros hasta se salieron del círculo «Sí», sin dirigirse hacia el círculo de «No». Solo quedó Blissey y Kangaskhan dentro del círculo de «Sí». Blissey se volteó hacia los que se salieron y con un tono de impaciencia les habló algo rápido, y en solo segundos, los que se habían salido del círculo ya habían regresado.
—Muy bien. Sí, es verdad, Caroline y yo llevamos casi diez años de casados —dijo Norman aun con una gran sonrisa en la cara.
Ahora era la hora de la verdad. La sonrisa se le desapareció en el tiempo que le tomó animarse a decirles lo que tenía que decirles.
—Yo nunca he sido feliz en este matrimonio, y Caroline tampoco lo ha sido. Caroline ya está decidida en pedirme el divorcio, y … yo …—decía Norman en voz baja, suspiró profundamente y continuó— yo también quiero divorciarme.
Todos sus Pokémon pusieron caras de sorprendidos, salvo por los dos Slaking. Aquellos Slaking habían estado con él desde el mismo principio de su aventura Pokémon cuando él tenía diez años y ellos eran pequeñísimos Slakoth. Los dos Slaking lo miraban atentamente, pero no parecieron creer que lo que decía Norman era una sorpresa.
Blissey comenzó a decir unas cosas, pero Norman no podía entender lo que decía.
Cuando el murmullo terminó, Norman continuó:
—¿Pensaríais menos de mí, si me divorcio y nunca me vuelvo a casar?
Sus Pokémon parecieron aturdirse por la pregunta, y sin demora se marcharon hacia el círculo que decía «No».
Norman suspiró profundamente. Ahora la pregunta más importante para él. Él no sabía si iba a lograr conseguir un hombre como él en otro país, o si tendría que quedar satisfecho con solo amistades como Marcial a quienes pudiera abrazar a menudo. Él tenía una buena opinión de su propia inteligencia, había logrado mantener esta fachada por tantos años, sabía que en ambos casos, se las arreglaría para que nadie sospechara demasiado de él, aun si terminase viviendo junto con otro hombre.
Sin embargo, él sabía que sería mucho más difícil hacer que sus propios Pokémon no se dieran cuenta de todo esto. Ya que ellos siempre estaban de su lado, aun si estaban en sus Pokébolas, ellos podrían percatarse de lo que ocurre afuera. Entonces, preguntó:
—¿Vosotros me aceptaríais si yo escogiese reemplazar a Caroline con … un hombre? Otro hombre como yo … con el que yo pueda ser cariñoso …. a quien yo pueda amar…
Sus Pokémon parecieron estar aturdidos un momento, pero otra vez sin demora se salieron del círculo que decía «No» y se apresuraron hacia el círculo que decía «Sí». Uno de los dos Slaking bostezó con fuerza.
Norman se conmovió. No pudo contenerse y su rostro quedó surcado con lágrimas, se sentó en el suelo frente a sus Pokémon y continuó llorando. Debió haber hecho esto hace años. Pero, aun así, no se arrepentía de los últimos diez años. Él estaba muy orgulloso de sus hijos May y Max. Al menos algo bueno había salido de todo esto. Pero ya era hora de liberarse. Él necesitaba un cambio … quería algo nuevo … y Caroline se merecía a alguien que pudiese hacerle el amor con pasión.
Estaba tan perdido en sus pensamientos que apenas se dio cuenta cuando sus Pokémon caminaron hacia él y se sentaron en un círculo a su alrededor y empezaron a tratar de animarlo.
Todo estaría bien. Aun si el mundo entero lo odiase por su afronte a Arceus, al menos podría siempre fiarse en sus Pokémon leales.
Cuando Norman logró calmarse, su ánimo se había recuperado a niveles sin precedentes, se puso de pie de un salto, y les hizo a sus Pokémon una última pregunta a la que había arribado hace unos momentos:
—¿Sabéis quién es Arceus?
Sus Pokémon pensaron por un momento, y todos se marcharon hacía el círculo de «No».
«Qué curioso…» pensó Norman.
Norman y sus Pokémon continuaron su marcha por las montañas, esta vez con el ánimo restaurado, y sus Pokémon claramente parecían estar satisfechos con el buen humor de Norman, porque todos se veían más felices también.
Ahora que tenía esa pesadumbre fuera de encima, la mente de Norman comenzó a pensar en Marcial sin abatir. Se iba a divorciar, lo que significaba que ahora podría masturbarse pensando en Marcial cuántas veces quisiera sin remordimiento alguno. Eso era un acto que no le hacía daño a Marcial, y si su corazón o mente empezaban a desarrollar sentimientos más profundos hacia él, pues él mismo se las arreglaría. Al menos, eso era lo que pensaba Norman.
Pensar en Marcial le había causado una erección muy tenaz, cuyo bulto en sus pantalones era muy prominente, pero ya que estaban por las montañas, lejos de la muchedumbre de Azuliza, no le importaba. No era algo por lo cual habría de sentirse avergonzado frente a sus Pokémon, y no era como si ellos se estuviesen fijando de todos modos.
Desgraciadamente para Norman, pareció no estar tan solo como pensaba.
—¡Adiós, si es usted!, Norman, ¿verdad? —se oyó la voz de un hombre.
Norman dio un salto del tremendo susto y se volteó hacia la dirección de la voz y lo vio, era el campeón de la liga: Máximo Peñasco.
Máximo era un hombre muy apuesto, se arreglaba muy bien, y era de la misma altura que Marcial, sólo un poco más bajito que Norman. Ambos eran igual de delgados.
Al verlo, Norman se ruborizó de inmediato y sigilosamente tomó unos cortos pasos para esconder parte de su cuerpo detrás de su Blissey.
—¡Qué sorpresa verte por acá!, ¿cómo te va? —preguntó Máximo y caminó de prisa hacia Norman.
—Muy bien, solo estaba entrenando mis Pokémon con su ejercicio diario —dijo Norman con un tono desenfadado, como si encontrarse con el campeón de la liga no fuese cualquier cosa. En realidad, Norman estaba muy impresionado por lo rápido que Máximo logró derrotar a los del Alto Mando y al previo campeón, lástima que él aún no era líder de gimnasio cuando Máximo pretendía las medallas para la liga—. Y tú ¿qué haces por estas partes?
Máximo ya caminó hasta donde Norman estaba, y Blissey se apartó, pero por suerte el susto le había espantado la erección que llevaba hace unos momentos, y Norman le estrechó la mano a Máximo.
—No sé qué tanto sabes de mí, pero me fascina la arqueología y mitología, por eso he estado en la Cueva Granito las últimas semanas, investigando fósiles y ruinas antiguas —dijo Máximo con una sonrisa, y luego se puso a observar los Pokémon de Norman, diciendo—: Puedo ver que tú y tus Pokémon lleváis un vínculo muy fuerte. Recibo tantos contrincantes pretendientes al campeonato, y casi nunca había visto un vínculo como el vuestro.
Norman levantó las cejas. No era que no valorara la opinión del campeón, aun a pesar de que él fuera unos 13 años menor que Norman, pero de todos modos le pareció un poco raro el súbito cambio de tema. Especialmente porque a Norman le interesaba hablar de mitología ahora mismo.
—Eh, gracias —dijo Norman un poco aturdido.
—Todos los otros líderes de gimnasio, incluso chamacos muchos años menores que tú, me han desafiado por el título, ¿por qué tú no?
Ah, esto es lo que se preguntaba. Norman supuso que era una honesta curiosidad. Él pensaba que seguro podría formar parte del Alto Mando si él quisiese, pero…
—La fama no me llama la atención —dijo Norman de plano—. Estoy feliz siendo una persona normal que no llame la atención.
Máximo arqueó las cejas, caminó hacia una roca cercana y se sentó, con un rostro agotado dijo:
—Es cierto. Ser campeón no es tan gran cosa. El salario de la liga Pokémon es bueno, pero todo el mundo te escudriñará. No puedes dar un paso en falso. Siempre y cuando estés en un lugar público, has de tener cautela con todo lo que digas o hagas, porque siempre habrá alguien ansioso de escuchar.
La idea de ser una persona tan célebre le daba pavor a Norman. ¡Con ser líder de Petalia ya era suficientemente conocido!
Ambos platicaron unos momentos acerca de cómo se sentía ser líder y campeón, también de cómo entrenaban a sus Pokémon, pero Norman aún tenía su curiosidad, así que después de una media hora, decidió cambiar el tema:
—Entonces, ¿qué exactamente estudias acerca de la mitología? —preguntó Norman.
—Bueno… ya sabes, las leyendas que nos han legado nuestros ancestros. Se pueden encontrar incluso aquí en Hoenn ruinas y antiguos artefactos que nos permiten saber más acerca de la verdadera naturaleza de esos mitos —dijo Máximo y se puso de pie, este tema parecía interesarle mucho.
—¡Qué interesante! —exclamó Norman, pero quería información más en detalle. ¿Quizá era posible descubrir más acerca de cómo Arceus creó el mundo?— Supongo que estás investigando cosas muy abstractas, entonces, ¿no es así? Después de todo, las leyendas de nuestra mitología están bien detalladas, en Sinnoh y Johto especialmente no hay escasez de templos con libros antiguos. Con tanto récord escrito, no hay razón para estar buscando en cuevas, ¿o sí?
—Tienes razón —dijo Máximo simplemente, y pareció sopesar algo un tiempo, antes de continuar—: Pero a veces no debemos creer en las escrituras de nuestros antepasados. Sus conclusiones no son necesariamente atinadas. Nuestra sociedad se ha dejado formar por meras leyendas, yo personalmente prefiero buscar evidencia concreta.
Norman no había pensado en eso. Bueno, si ni siquiera podía confiar en las escrituras que les habían legado sus antepasados, pues ¿cómo rayos llegaría él a saber por qué Arceus lo creó al revés de los otros hombres? Quizá tendría que estar satisfecho con nunca saberlo…
—Por ejemplo, a pesar de tan poderosos que son Kyogre y Groudon, el mundo científico no ha podido obtener evidencia de que en realidad sí crearon nuestros océanos y continentes como las leyendas nos cuentan.
—¿¡Qué!? —dijo Norman aturdido y abrió mucho los ojos. Eso él lo daba por hecho, ¿cómo puede ser que no haya evidencia que Kyogre y Groudon formaron el planeta?
Máximo dio un paso hacia atrás, y pareció quedar arrebatado por una timidez que no pudo ocultar muy bien. ¿Qué le pasaba?
—Este, bueno, lo que quiero decir es que… quizá las leyendas no están completas … por ejemplo, quizá haya un tercer Pokémon desconocido que los ayudó en sus grandiosas gestas —dijo Máximo y se le oía estar un poco nervioso.
—Ah, pues eso tiene sentido. Quizá se trata de un Pokémon extinto, y por eso buscas fósiles, ¿no?
—Sí … así es —dijo Máximo, pero Norman se percató que solo le estaba siguiendo la corriente—. Bueno, pues ya debería irme.
—¿Regresas a la liga? —preguntó Norman un poco desilusionado, hubiera querido hablar más de la mitología para quizá aprender un poco más acerca de Arceus.
—No, aún no he terminado mis investigaciones, pero ya terminé por el día de hoy. Me estoy hospedando en Azuliza.
—Pues, ¡hasta luego!
—Nos vemos —dijo Máximo, y se fue en dirección de Azuliza.