Después de varias horas de ejercicio en las montañas, Norman estaba completamente agotado. Se tardaron mucho más de lo usual, porque a menudo tenía que tomar descansos. Había hecho mucho ejercicio en la mañana practicando nadar con Marcial, y su cuerpo ya se estaba quejando.
Por eso, lo tomaron con calma en el regreso y cuando llegaron al Centro Pokémon ya estaba empezando a oscurecer.
Con el pasar de las horas, la mente de Norman se había olvidado por completo del tema de la mitología, y también de su esposa y el divorcio. Había comenzado a extrañar a Marcial y seguía pensando en él incesablemente. Tenía que tener cuidado y forzar su mente a no intentar desnudarlo, para no tener más erecciones accidentales en público.
Por eso, cuando estaban cenando en Centro Pokémon, él casi no tenía apetito. Sentía un gran anhelo de intimidad que ni siquiera podía comprender, porque no recordaba haberse sentido así al menos en décadas.
Cuando todos terminaron de comer y regresaron a la habitación, ya se había decidido. Tenía que ir a buscar a Marcial de nuevo. Tenía que hablar con él y al menos asegurarse de que nada había cambiado entre ellos, y si en verdad tenía buena labia, hasta husmear si había la más pequeña posibilidad de que Marcial sea como él.
Ya se habían visto hoy, pero eso no le importaba. El problema era que ya estaba haciéndose tarde. Él quería encontrarse con Marcial en el gimnasio. Si ya se había ido a su casa, no creía tener la valentía de buscarlo allá.
Entonces, se quitó su ropa y se tomó una ducha apresurada, para limpiarse el sudor y el polvo montañero, se arregló lo mejor que pudo en el apremio, se vistió como si fuese a salir a cenar, se puso su chaleco, y salió del Centro Pokémon a paso ligero, pero sin correr para evitar sudar otra vez en el crepúsculo caluroso del verano.
Esta vez no tuvo que caminar hasta el gimnasio por la playa. Se encontró con Marcial en el sendero de las palmas que conducía hacia el gimnasio.
—Ah … Norman, ¡eres tú! —dijo Marcial, con una expresión en el rostro que Norman no pudo descifrar. Parecía una mezcla de excitación y … ¿temor?
Norman siguió caminando hacia él para abrazarlo, pero se detuvo en seco cuando vio a Marcial tomar un paso hacia atrás. Le dio un vuelco el corazón. Norman sintió de inmediato un pánico y temor surgir por su cuerpo. Se descuidó demasiado esta mañana en la playa. Marcial seguro ya sabe la verdad … y quizá arruinó la amistad.
—Este … quería hablar contigo… —dijo Norman, y sentía un peso en el corazón que le empezaba a causar mucho dolor.
Marcial miró alrededor pero no dijo nada.
—¿Podemos hablar en tu casa? —preguntó Norman con calma. Era obvio que algo no estaba bien con Marcial, pero no era hora de arrepentirse. Tenía que aclarar las cosas con Marcial, y al menos tratar de salvar su amistad.
—Vale —dijo Marcial con tono desenfadado pero voz muy tenue, y luego siguió caminando.
En el camino hacia el apartamento de Marcial, Norman quizá pudo haberse dado cuenta que Marcial estaba nervioso, que estaba actuando diferente a lo normal, y que parecía evadir su mirada, pero en realidad Norman estaba muy distraído para notar esos nimios detalles.
Era obvio que Marcial había pasado el día entero en el gimnasio haciendo ejercicio y quizá ni había regresado a su casa a ducharse después de la playa, porque su olor estaba más fuerte de lo normal (lo podía oler mientras caminaban juntos a pesar de estar afuera al aire libre), y este olor masculino tenía a Norman atraído como una abeja hacia la mejor flor que haya visto en su vida.
También vio que la camisa que llevaba puesta Marcial estaba húmeda con sudor y se le pegaba a su pecho fornido. Norman estaba que se derretía.
Todo el camino, ninguno de ellos dijo una sola palabra. Lo que Norman quería platicar tenía que hacerse en privado, y de todos modos él estaba completamente bajo el sortilegio de las feromonas de Marcial como para charlar.
Al fin, cuando ya había oscurecido, llegaron al edificio donde vivía Marcial, y caminaron hasta la puerta de su apartamento.
Norman se obligó a regresar a la tierra. Era difícil. Ni caso le había hecho a su pene, que estaba duro y forcejeando contra sus calzoncillos todo el camino desde el sendero de las palmas (gracias a Arceus era de noche y no tuvo que preocuparse que alguien lo notara).
Su intento de concentrarse ni siquiera tuvo comienzo, ya que cuando Marcial abrió la puerta y entraron a su apartamento, estaba otra vez sumido en el olor de Marcial.
Marcial cerró la puerta, encendió la luz en la habitación que claramente aún no había visto una buena limpieza.
Norman se quitó los zapatos y se sentó en la cama de prisa, al menos así el bulto en sus pantalones no sería tan visible.
Marcial lo miró y compuso una sonrisa fugaz en su rostro, se quitó sus zapatos, y se sentó al lado de Norman, aún sin decir nada.
Esto se le había complicado a Norman, él pensaba que sería fácil manejar la situación pero era obvio que algo le molestaba a Marcial y él no sabía qué era. «Bueno, no logré desatar tantos malentendidos en diez años con Caroline quedándome callado…» pensó, y con un suspiro profundo se preparó para hablar:
—Te noto un poco raro, ¿estás bien, amigo? —preguntó Norman.
—Todo está bien —dijo Marcial firmemente, pero Norman sabía que era una mentira, ya estaba acostumbrado a esto.
—Si hay algo que hice mal, por favor cuéntamelo. Estos últimos días me la he pasado de maravilla contigo, y no quisiera perder esta amistad por lo que fuera —dijo Norman con desenfado. Si lo que pasaba era que le molestaba qué tipo de persona era Norman, al menos tendría que asegurarse de que sí era eso antes de tratar de desmentirlo, él haría lo que fuera por mantener esta amistad.
Marcial miró a Norman unos momentos y se ruborizó, de repente miró hacia otro lado, diciendo:
—Tú no me hiciste nada…
Ahora sí se aturdió Norman. Entonces, ¿qué le molestaba? ¿Será otra mentira? Norman sopesó sus opciones por unos momentos, pero Marcial habló primero:
—Norman, tengo que disculparme y aclarar algo. No quiero que vayas a malinterpretarme y decirle a otra gente —dijo Marcial de repente, mirando hacia la cocina, y hablando de una manera que a Norman le pareció como si fuese un discurso que se había memorizado—, seguro te diste cuenta en la playa cuando nadábamos y la ola nos hizo chocar que lo llevaba parado, tú sabes cómo somos nosotros los hombres, cuando pensamos en una chica que nos guste se nos para en instantes, y pues tú estabas flotando tanto tiempo que me aburrí y me distraje pensando en chicas.
Norman miró a Marcial completamente aturdido. Entonces, cuando chocó contra Marcial aquella vez, ¡su pene sí rozó contra el pene erguido de Marcial! Sintió una gran excitación al saber esto que hasta logró superar la decepción de descubrir que Marcial no era como él, y sólo tenía una erección porque estaba pensando en chicas.
—¡Ah! No … no te preocupes por eso … ¡no es gran cosa! —dijo Norman honestamente. «En serio, ¡si pasase otra vez mejor!» pensó él. Norman quería hacérselo claro a Marcial que no le importaba para nada, y dijo—: ¿No me digas que por esa tontería te habías puesto así?
Marcial ahora miró a Norman otra vez, su cara aún estaba ruborizada y parecía estar un poco sorprendido.
—¿En serio no te molesta? Pensé que quizás creerías que soy un tipo de bicho raro o algo… —dijo Marcial en voz bien baja.
—¡Para nada! —dijo Norman, y tragó saliva. Marcial había sido honesto con él, y era hora de que él lo fuese también, él confiaba en Marcial y este parecía ser el momento adecuado para decirlo—. No sé si te diste cuenta, pero ¡yo también lo llevaba parado esta mañana! No entiendo por qué hubiste de ponerte así, cuando yo iba en las mismas.
—Claro, pero tú estabas meditando mientras flotabas, seguramente estabas pensando en tu esposa… —dijo Marcial.
«Si tan solo supieras.» pensaba Norman.
Marcial todavía se veía un poco preocupado por algo, y continuó:
—Yo no quería que llegases a pensar que se me había parado viéndote así y vayas a decírselo a la gente del pueblo.
Norman fijó su mirada en los ojos turquesas de Marcial. Se veía que estaba honestamente atemorizado por esa posibilidad, aun si tratase de fingir que no era así, era obvio que Marcial no era un experto en mantener fachadas.
«¡Qué curioso!» pensó Norman. Ambos estaban atemorizados por exactamente lo mismo. Le costaba creer a Norman que todos los hombres del mundo llevaban el mismo temor … a menos que…
—No puedo entender cómo podrías pensar que yo te haría algo semejante —empezó a decir Norman, pensando cómo mejor tratar este tema.
Marcial otra vez desvió la mirada hacia la cocina, después de unos segundos, se puso de pie y caminó unos pasos hacia el centro de la estancia, y dijo:
—No es bueno confiar ciegamente en la gente —dijo Marcial firmemente.
Norman también se puso de pie, caminó hacia Marcial, quien aún le daba la espalda y dijo:
—La amistad no es tan diferente al vínculo entre un Pokémon y su entrenador, debemos fiarnos entre sí. Aun si me hubieses dicho que lo llevabas parado por mí, nunca se lo diría a nadie, y tampoco afectaría mi opinión de ti.
«Al menos no negativamente…» se dijo Norman.
—¿¡Qué!? —dijo Marcial de plano, volteándose súbitamente hacia Norman, sus ojos turquesas parecían pretender averiguar si Norman mentía.
Marcial tenía el mismo miedo que Norman, y por eso, Norman ya sabía lo que tenía que decir:
—Quiero decir que no importa qué tipo de persona seas, yo nunca te defraudaré. Siempre y cuando tú quieras ser mi amigo, yo seré tu amigo y te seré leal.
—Oh… —dijo Marcial, y luego suspiró profundamente.
—Ven —dijo Norman mientras extendía los brazos para un abrazo. Marcial otra vez pareció vacilar, entonces Norman tomó un paso hacia él con una sonrisa en el rostro y sus ojos fijos en los ojos turquesas de Marcial.
Después de unos cortos segundos, Marcial también extendió los brazos y se abrazaron. Ya había llegado a extrañar esto. ¡Tan bien que se sentía! Norman apretaba la espalda de Marcial, su nariz estaba tan cerca de su cuello que cada suspiro de su olor masculino y embriagante le infundía una excitación en el ánimo y un calor por sus entrañas. Sentía los brazos firmemente en la espalda, y la firmeza del pecho de Marcial ante el suyo, todo le causó una erección que forcejeaba contra sus pantalones para estirarse.
Seguían así, inmóviles, por más tiempo que ningún otro abrazo anterior, Norman estaba completamente bajo el sortilegio del olor de Marcial. Él quería más intimidad, y lo apretó más, y en ese instante sintió como su pene otra vez rozó contra algo firme y tieso.
Ambos hombres gimieron en la oreja del otro, y como si hubiesen sentido una corriente eléctrica, se soltaron y tomaron un paso hacia atrás.
Ambos jadeaban y se miraban a los ojos y entonces, Norman finalmente entendió. No lo podía creer, pero no había otra explicación. Él entendía esa mirada y esos ademanes, porque antaño los había visto muchas veces en Caroline. Solo que esta vez no le causaban pánico ni remordimiento, al contrario, le infundían una excitación y una lujuria que nunca antes había sentido.
Tomó un paso hacia Marcial, y Marcial parecía otra vez vacilar, otra vez atormentado por sentimientos encontrados, pero Norman ya entendía. Norman levantó sus brazos y aguantó firmemente los hombros de Marcial. Marcial no retrocedió.
—Yo también —logró decir Norman mientras jadeaba, su corazón latía peligrosamente rápido, y estaba mirándolo en los ojos. Estaba tan cerca que podía sentir su aliento. Al escucharlo, Marcial abrió mucho los ojos. Instintivamente, Norman inclinó la cabeza hacia abajo para acercar sus labios. Marcial cerró los ojos y se inclinó hacia arriba, y con un último movimiento de Norman, sus labios se tocaron.
Su corazón le dio un salto, y luego empezó a sentir que se derretía y dejo caer sus brazos de los hombros de Marcial. Todo lo que yacía en su mente empezó a desplazarse para hacerle lugar a Marcial. De todo lo que Norman había hecho en su vida, esto era lo más correcto. Nada se había sentido tan bien. Nunca había sabido que besar a alguien podía sentirse tan excitante y al mismo tiempo tan relajante.
En poco tiempo, sus labios se apartaron, y Marcial abrió los ojos de nuevo, fijos en los ojos de Norman. Norman le sonrió.
Continuaron mirándose unos segundos, aún tan cerca que Norman podía sentir el calor de su cuerpo, y luego, algo inesperado pero muy excitante para Norman sucedió.
Marcial se acercó otra vez, y besó a Norman. Otra vez sus labios se tocaban, y nadie retrocedió. Norman otra vez levantó los brazos y abrazó a Marcial. Entonces la sintió, la lengua de Marcial pedía entrar.
En diez años de matrimonio, solo llegó a besar a Caroline así en su luna de miel. Pero ahora, esperaba esto con una avidez arrebatadora.
Norman despegó los labios. Inmediatamente sintió la lengua de Marcial irrumpir en su boca con ímpetu y al mismo tiempo, los brazos de Marcial lo abrazaron y se apretaron uno al otro, su pecho fornido rozando contra el de Norman, y sus penes erguidos bajo sus pantalones rozando entre sí. Norman sintió un arrebato de excitación y pasión, movía sus manos por toda la espalda de Marcial y Marcial le reciprocaba mientras gemidos lánguidos se escapaban entre suspiros.
Había podido oler a Marcial, pero ahora lo saboreaba. Trataba de forzarse a respirar, para inhalar más el olor de Marcial, pero se le hacía difícil en medio del beso desaforado en el que se desenvolvían. Sentía que su misma alma tocaba a Marcial, nunca antes se había sentido tan cerca a una persona.
Norman tenía demasiada curiosidad. Mientras se besaban, movió su mano izquierda entre ambos y por debajo de la camisa de Marcial y empezó a sentir el cuerpo fornido de Marcial. Sus abdominales y su pecho firme y tieso, era una sensación mucho más diferente a la que había sentido en el pasado y la prefería mucho más. Completamente arrebatado por la pasión, metió su mano derecha bajo la camisa de Marcial para acariciarle la espalda al mismo tiempo.
Marcial gemía silenciosamente en la boca de Norman y le siguió la corriente a Norman, metiendo sus manos bajo la camisa y acariciándole el cuerpo a Norman, el chaleco con las pokébolas se cayó al suelo y ni caso le hicieron. Eran las manos firmes de Marcial en su cuerpo, no dejaban ninguna parte de su torso sin tocar, y se sentía tan bien y tan excitante que Norman deseaba que nunca terminase.
Siguieron así por largos minutos hasta que por fin pararon el beso por unos instantes para respirar. Ambos hombres jadeaban. Aún estaban tan cerca que Norman respiraba el aliento de Marcial.
Pero había algo que Norman quería hacer, algo que deseaba. Pero a la misma vez, era mucho más íntimo de lo que habían hecho hasta ahora. Se sentía prohibido de un hombre querer esto.
—¿Puedo … vértelo? ¿Tocártelo? —preguntó Norman con voz lánguida mientras le acariciaba la mejilla con su mano izquierda. No sabía si estaba yendo demasiado lejos. Quizá Marcial no era semejante bicho raro como lo era él, quizá sólo le gustaba besar hombres pero nunca llegaría al extremo de querer esto.
Marcial levantó las cejas, sus ojos turquesas se fijaron a los de Norman.
—Quiero … —suspiró Marcial.
Norman no pudo contener una sonrisa, y con avidez miró hacia abajo a sus bultos. El bulto de Marcial era un poco más prominente que el de Norman, pero Norman suponía que era porque sus pantalones no eran tan apretados como los de Norman.
Norman bajó sus manos hasta la cintura de los pantalones azules y de los calzoncillos de Marcial, los agarró, y los bajó parcialmente. Con un salto, el pene erguido se quedó expuesto ante sus ojos. ¡Vaya que sí era diferente! De un vistazo, Norman quedó completamente aturdido. Era evidente que Marcial lo tenía más largo que el suyo, también era de tez un poco más oscura salvo por la cabeza rosada que estaba media expuesta fuera del prepucio. Su pene estaba rodeado por un poco de vello turquesa que le recordaba al mar. Nunca había llegado a ver el pene erguido de otro hombre, pero solo tomó un segundo para saber que ¡esto era lo que le faltaba en la vida!
Cuando Norman extendió su mano izquierda para cogérselo, hasta le temblaba la mano del ansia, y cuando por fin cerró sus dedos en torno al pene de Marcial, oyó un gemido profundo venir de Marcial. Estaba caliente y tieso, en su mano se sentía un poco menos grueso que el suyo, pero aun así más grande de lo que se imaginaba.
Norman levantó la mirada para ver a Marcial, y el rostro lo tenía ruborizado y parecía estar sorprendido.
—En realidad sí eres como yo… —dijo Marcial como si no fue hasta ahora que lo creyó.
—Tú también puedes coger el mío… —jadeó Norman con una sonrisa.
—¿En serio?
—Quiero que me lo cojas —dijo Norman un poco más firmemente.
Eso fue todo lo que tuvo que decir. Sin más demora, y con un ímpetu que casi toma a Norman por sorpresa, Marcial bajó sus manos hacia los pantalones de Norman y se los bajó para revelarle el pene. Sus penes estaban tan cerca, que ahora sí pudo confirmarlo Norman. El suyo era un poco más grueso, a pesar de que el de Marcial era un poco más largo. El suyo también era más pálido.
Norman gimió en voz alta cuando la mano bronceada y firme de Marcial se cerró en torno a su pene.
—¡Qué grande lo tienes! ¡Es grueso! —dijo Marcial con tono excitado, y sin más demora, empezó a jalársela a Norman.
Norman gimió aun más fuerte por unos cortos segundos, hasta que logró decir:
—¡Espera! No es como me lo imaginaba…
—¿¡Qué!? —preguntó Marcial de repente y soltó su pene como si le daba corriente.
Norman quería más intimidad, no solo la mano de Marcial como ya se la había imaginado una vez en la ducha. Ahora tenía el miembro de Marcial frente al suyo, y tenía que utilizarlo.
—Quiero más, quiero que los frotemos uno contra el otro —jadeó Norman y se acerco un poco más de modo que sus penes se rozaron en las cabezas y ambos hombres gimieron. Ahora estaban tan cerca que sus pechos se rozaban otra vez, y Norman respiró profundamente el olor a Marcial.
Entonces, con una sola mano, Norman cogió ambos penes erguidos y empezó a empujar con la cintura para hacer que se froten.
Ambos hombres gimieron al mismo tiempo.
¡Qué sensación! Nunca se había imaginado que el sexo podría darle tanto placer. Ambos hombres gemían en voz alta, y luego se empezaron a besar. En solo unos cortos segundos, Norman sintió que ya no se aguantaba más, todo el día desde la mañana en la playa estaba al borde, las piernas empezaron a temblarle, el corazón le latía aun más rápido, y se vino. Gimió silenciosamente en la boca de Marcial mientras sentía su mano empaparse de su semen cálido.
Norman dejó el beso, quería ver sus penes, y ambos hombres miraron hacia abajo, el pene de Marcial estaba también empapado de blanco por el semen de Norman. Las camisas de ambos hombres también tenían rastros del semen.
—¡Guau! Me lo empapaste de leche… —jadeó Marcial, y rozó la yema de un dedo por ambos penes que aun estaban erguidos y frotándose, levantó la mano y se metió el dedo en la boca.
Norman arqueó las cejas. Nunca se le había ocurrido hacer eso.
—Tu leche sabe mejor que la mía, me encanta… —dijo después de chuparse el dedo.
Norman gimió otra vez. La imagen le daba una excitación incomprensible, y le infundió el ánimo para continuar, tenía que seguir antes de que su pene se agotara y continuó frotándolos.
Marcial comenzó a gemir otra vez y entonces Norman lo besó de nuevo, y usó su única mano libre para jugar con su cabello largo azul. Marcial gemía en su boca y se sentía tan increíble que Norman estaba pensando que podría hacer esto toda la noche. Bajó su mano por toda la espalda de Marcial hasta que llegó a su trasero, y le sorprendió lo firme que era.
Sin embargo, no llegó a disfrutarlo mucho porque en ese instante Marcial paró el beso y bramó:
—Ay carajo, ¡me vengo, Norman!
Norman sintió más de ese líquido espeso y caliente sobre su mano y bajó la mirada. Mientras el cuerpo de Marcial se tambaleaba un poco, su pene expulsaba chorros de semen con cada salto que daba, hasta que por fin terminó y se sostuvo con ambas manos en los hombros de Norman.
A Norman le dio curiosidad, ya que Marcial había hecho lo mismo, y entonces con la mano que frotaba ambos penes, rozó las yemas de los dedos por todo el pene empapado de Marcial para recolectar el semen que acababa de eyacular, levantó la mano, y empezó a chuparse los dedos.
Era salado, un poco interesante, pero no algo que podría decir que «le encantaba». ¿A poco Marcial era más un bicho raro que él? Norman sonrió ante la mirada expectativa de Marcial, y lo besó en la boca otra vez.
Norman estaba en un paraíso. No tenía ningún sentimiento encontrado ni remordimiento. Ambos hombres seguían en medio abrazo con los pantalones abajo, pero ya sus penes se habían bajado. Cuando por fin terminaron el beso, se miraron uno al otro unos segundos sin decir nada, entonces Marcial se subió los pantalones, cogió una toalla del piso para limpiarse las manos y se la pasó a Norman sin decir nada.
Mientras se limpiaba las manos y se subía los pantalones, Norman solo podía pensar en cómo hacer las cosas bien de ahora en adelante, para asegurarse de que tenga un futuro con Marcial. Él no podía dejar esta oportunidad echarse a perder. Había desperdiciado 20 años de su vida de adulto sin satisfacción en su vida amorosa y sexual, pero ahora sí tenía que asegurarse de que los próximos 20 años sean de pura felicidad.
Desgraciadamente, en el silencio pudo notar que Marcial estaba pasando por sentimientos completamente diferentes a los de él, y hasta parecía estar en una crisis, porque había empezado a andar de un lado a otro en la estancia con una cara de preocupación.
—¿Estás bien, Marcial? —preguntó Norman, preocupándose.
—Me he delatado … no debí haberme dejado llevar … ¿qué acabamos de hacer? —repetía en voz baja Marcial.
A Norman le dio un vuelco el corazón. ¿Qué le pasaba? ¿Cómo puede ser que aún no confíe en él? Norman caminó hacia él y puso las manos en sus hombros para detenerlo y hacer que lo mirara, cuando sus ojos turquesas se conectaron con los de Norman, Norman se humedeció los labios y le dio un pequeño beso en sus labios. Luego, bajó las manos y le cogió ambas manos a Marcial.
Tenía que hacer esto bien. Con calma, hizo que caminasen hasta la cama y se sentaran.
—Explícame, ¿por qué crees que te delataste? ¡Yo soy como tú! ¡Yo nunca le diría a nadie! —dijo Norman con voz baja pero firme.
Marcial jaló sus manos y se soltaron, luego dijo:
—Tú no eres como yo … ¡tú estás casado! ¡Tienes dos hijos! ¡Yo no debí haber hecho esto!
Norman arqueó las cejas y se dio una palmada en la frente. ¿¡Cómo pudo olvidarse de esto!? Él solo había venido a aclarar las cosas con Marcial, nunca se imaginó que iban a terminar haciendo todo eso.
—Fue un error de mi parte. Escúchame, amigo. Toda mi adolescencia busqué por doquier a un hombre como yo, que yo pueda amar y que me amase, pero nunca supe de ninguna sola persona semejante. Caroline siempre estuvo conmigo y me amaba, por eso, pensando que yo era el único en el mundo así, decidí hacer todo lo que pueda para esconderme, monté una fachada y me casé. Fue con mucho esfuerzo de mi parte que pude acostarme con Caroline, y se pueden contar las veces con los dedos de una mano.
»Desde que nació mi hijo Max, yo no he vuelto a acostarme con ella …. y me voy a divorciar. Le voy a pedir el divorcio el momento en el que regrese a Petalia.
Marcial lo miraba en los ojos, y a Norman le pareció que se le humedecieron. Norman le cogió sus manos otra vez, y dijo con calma:
—Y si tú quieres… me encantaría que seamos novios. Yo sé que tenemos una gran diferencia en edad, pero a mí no me molesta, y si a ti tampoco, pues yo creo que seríamos una gran pareja. Tenemos muchos intereses en común, y eres un hombre encantador con el que me encantaría pasar mis días juntos.
Marcial respiró profundamente, y dijo:
—Esto es tan inverosímil … al principio sí pensé que eras como yo, por eso estaba tan contento de reconocerte en el gimnasio, pensé que era el destino que te trajo de hombre desconocido en la playa a Norman en mi gimnasio. Es que aquel primer día en la playa cuando choqué contra ti, sentí cómo se te paró de inmediato bajo mi cuerpo, y tu rostro se ruborizó en instantes. Por eso quería ir a cenar contigo con tanta ansia, pensaba que eras como yo. Pero luego me dijiste que estabas casado y tenías dos hijos…
—¡Pero sí fue así! ¿A caso no ves la facilidad con la cual haces que se me pare? Cuando se me paró mientras flotaba en el agua … ¡era en ti en quién estaba pensando! Nací así, ¡toda mi vida he sido así! —dijo Norman firmemente, no entendía por qué era tan difícil de creer que le gustaban los hombres. Acababa de besarlo, de frotar sus penes juntos y de lamberle el semen a Marcial, ¿qué más evidencia necesitaba?
—Está bien, sí te creo… —dijo Marcial, aunque no se oía convencido—. Tienes que entender, esto es difícil para mí…
Norman lo miró en los ojos, y creyó entender algo. Marcial parecía honestamente tener miedo de algo. Norman se le acerco más en la cama y le tomó las manos otra vez, las levantó hacia su boca y le dio un beso en la palma de la mano por unos segundos.
—¿Qué te ha pasado? —preguntó Norman. Aquí hay gato encerrado, pensó Norman.
Marcial suspiró otra vez, y dijo:
—No fue nada grave … seguro has pasado por lo mismo. En búsqueda de hombres como yo, cometí un error grave… Tenía un amigo, pensé que quizá era como yo y me descuidé… Ahora todos en Azuliza hablan a mis espaldas, aun tres años después todavía a la gente no se le ha olvidado.
Aun hablando entrecortado, Norman pudo conectar la información y entender lo que había sucedido. De repente, se acordó de una conversación que había tenido en Azuliza.
«Si a quien buscas es el presente líder del gimnasio, entonces quieres a aquel hereje, Marcial. Si no está en el gimnasio, seguro lo encontrarás en la playa surfeando con los otros hombres surfistas como siempre.»
Entonces la gente de Azuliza sospechaba algo de Marcial, y todo porque confió en un amigo que lo delató.
—Entonces, ¿los de Azuliza ya saben que te gustan los hombres? —preguntó Norman, a pesar de todo, la vida de Marcial parecía ir relativamente normal, ¿quizá no eran tan terribles las consecuencias de que la gente lo sepa?
—No, solo sospechan. Por suerte el hijo de puta no tenía ninguna evidencia. Pero ahora los hombres jóvenes me tienen un poco más a distancia. Las mujeres no parecen molestarse tanto, pero sí he notado que el número de chicas que trata de ligarme ha disminuido muchísimo desde aquel día funesto.
Norman tragó. No le gustaba para nada la idea de que la gente lo tratara diferente. Ahora se acordó de que en el gimnasio no solía nunca haber hombres, solo mujeres.
Aún aguantando las manos de Marcial, las levantó otra vez y le dio otro beso, y dijo:
—Lo siento que te haya pasado esto… por eso es que yo decidí casarme, quería esconder la verdad lo mejor posible. Postergué casarme lo más tiempo posible, pero ya a los 28 años estaba cansado, Caroline se estaba impacientando, y ya no tenía más esperanza de conseguir un hombre como yo en todo el país. ¡Había ido hasta Sinnoh!
Marcial se mantuvo en silencio un tiempo, y luego dijo:
—Yo nunca me casaría con una mujer. Pero supongo que entiendo por qué lo hiciste…
—Entonces, ¿ya me crees que soy como tú? Yo estoy dispuesto a hacer lo que sea con tal de que me creas.
Los ojos turquesas de Marcial se fijaron en los de Norman por unos segundos, luego Marcial se inclinó hacia Norman, y lo besó. Su lengua irrumpió sin resistencia alguna la boca de Norman, y quedó él envuelto en los brazos firmes de Marcial. Norman reciprocó, acariciándole la espalda. Después de casi un minuto, Marcial empezó poco a poco a moverse hacia Norman hasta que terminó encima de él y ambos se acostaron en la cama, el cuerpo fornido de Marcial otra vez estaba encima de Norman como lo había estado aquella dichosa mañana en la que lo conoció en la playa. Los bultos en sus entrepiernas se rozaban, e imágenes libidinosas de todo lo que podía hacer con el pene que frotaba con el suyo le empezaban a invadir sus pensamientos.
Marcial paró el beso un momento para decir sin aliento:
—Te creo.
Norman no sabe cuánto tiempo estuvieron así en la cama besándose. Pudo haber sido solo quince minutos, o quizá tres horas. De todos modos, fue el momento más bello de su vida hasta ahora y nunca lo olvidaría.
Después de un largo tiempo, se habían cansado y solo permanecían abrazados en la cama por otro largo rato antes de que se pusieron de pie. Norman tenía que regresar al Centro Pokémon, él tenía muchas cosas que procesar y sabía que seguramente Marcial también.
Cuando Norman ya se había puesto los zapatos y su chaleco de nuevo, estaban por la puerta para la despedida.
—Entonces … ¿sí confías en mí? No hay nada que haya querido más en la vida que lograr ser feliz contigo. Te prometo que yo nunca haría lo que aquel hombre te hizo, nunca le diría a la gente nada sobre nuestra intimidad —dijo Norman con calma. El destino por alguna razón u otra le había puesto a este chico tan maravilloso y atractivo en su camino, y por alguna razón ¡a él le gustaba Norman! Norman haría lo que fuera por hacer que todo funcione.
—Confío en ti —dijo Marcial, y entonces abrazó a Norman. Ambos hombres se abrazaron por un largo rato, Norman ahora tenía la valentía y la libertad de acercar su nariz lo más que pueda hasta el cuello de Marcial, y embriagarse en su olor encantador.