Se Derrumba La Fachada

Capítulo #3 de La Fachada

Norman se creía el hombre más feliz del mundo. Todo el camino hacia el Centro Pokémon estuvo que saltaba de la alegría. ¡No era un bicho raro! Si Marcial también era como él, seguramente muchos otros hombres probablemente lo eran también, y como ellos dos, lo mantenían en secreto para que la gente no los trate diferente. Esto le estaba cambiando su perspectiva sobre la vida de una manera que no pudo imaginarse antes. Ahora más que nunca tenía curiosidad sobre las culturas foráneas.

Cuando finalmente entró a su habitación privada, dio un salto y un grito de celebración. Nunca en su vida se había sentido tan bien. Se sentía tan feliz con Marcial, y ya comprobó que tener relaciones con él era una experiencia completamente diferente a lo que estaba acostumbrado, se podía decir que hasta era al revés de sus experiencias previas con el sexo: lo deseaba con intensidad en vez de tenerle pavor, y en vez de tener que esforzarse para terminar, tenía que esforzarse para no terminar muy rápido, ¡porque quería que esa experiencia tan maravillosa durara una eternidad! Aún sentía el sabor de Marcial en su boca y su olor aun parecía estar efímeramente en el aire.

Esa noche, Norman por primera vez deseaba dormir junto a otra persona. Por primera vez en su vida, le extrañaba tener su cama vacía. ¡Qué tanto le encantaría dormir junto a Marcial! Se le hizo extremadamente difícil dormirse, porque seguía pensando en Marcial sin cesar.

Por eso, el próximo día se levantó un poco más tarde de lo usual, y se sentía agotado pero al mismo tiempo lleno de ansias por ver a Marcial otra vez. Llevó a sus Pokémon a almorzar antes de hacer su ejercicio diario en las montañas y terminaron en menos tiempo que antes. Todos sus Pokémon parecían estar de muy bien humor, Norman sospechaba que habían escuchado una que otra cosa de lo que pasó anoche y estaban felices por él, y él se sentía muy agradecido con ellos. El buen ánimo los tenía caminando más rápido que nunca, y cuando ya habían regresado a Azuliza, todavía era media tarde.

Norman los regresó a sus Pokébolas, y luego se puso a pasear por la ciudad. Era un hombre en una misión.

Primero entró a una tienda pequeña de miscelánea y compró papel y sobres. Luego caminó un buen rato hasta encontrarse con una tienda de flores.

—¡Bienvenido! ¿Hay algo en lo que pueda ayudarlo? —preguntó la señorita de cabello negro que regaba las flores dentro de la tienda.

Aquí adentro había una fragancia muy aromática. Él no sabía si a Marcial le gustarían las flores, pero Norman quería darle un detalle.

—Me gustaría comprar un buqué de flores color turquesas, ¿tienes algo en ese color? —preguntó Norman y miró alrededor por la tienda. De hecho habían flores de todos los colores

—¡Por supuesto! —dijo la señorita con una gran sonrisa, se volteó y lo llevó hasta una esquina de la tienda, donde le señaló unas flores que parecían tener el mismo color de los ojos de Marcial—. No es un color muy popular, pero sí tengo estos hibiscos, ¿qué tal le parece?

Norman las observó de cerca, se inclinó para olerlas, y le parecieron agradable pero les faltaba algo. Él quería algo más playero para Marcial, pero al darle la vuelta a la tienda una vez más, no pudo conseguir algo mejor, así que se decidió por los hibiscos.

—¡Seguro que le encantarán a la afortunada mujer! —dijo la señorita después de que Norman pagara. Norman la miró con ceño. Ahora que sabía con absoluta certeza que él no era el único, no le atemorizaba tanto que la gente llegase a enterarse de que le gustaban los hombres (aun si no lo haría público de todos modos). Al contrario, ahora se sentía un poco enojado con la cultura tradicional de este país, y había desarrollado una curiosidad por la razón detrás de la actitud homofóbica histórica del país. Sí hay más hombres igual que él, entonces no hubo de ser un error de Arceus sino su propia voluntad, ¿no?

Norman no dijo nada, y se fue de la tienda con su buqué de flores y regresó a su habitación en el Centro Pokémon. Cuando entró a la sala principal del centro, oyó a Joy exclamar algo sobre sus flores, pero decidió ignorarla.

En su habitación, colocó el buqué en un escritorio que había cerca de la cama, sacó los papeles y los sobres que había comprado y se puso a escribir una dedicatoria:

Marcial, no he dejado de pensar en ti desde nuestra noche de pasión desaforada. Mi cama se sentía vacía y fría sin ti. Mi corazón late por ti. Eres un hombre tan maravilloso que aún me cuesta creer que te hayas fijado en mí, pero te aseguro de que te daré todo lo que me pidas y todo lo que te mereces, porque ya soy todo tuyo.

Norman

No sabía si esto era demasiado o muy poco, y tampoco sabía si era mejor escribir un poema o no. De todos modos, Norman no era poeta, así que tenía que rezar que esto fuera suficiente para Marcial.

No fue hasta que terminó de escribir que se dio cuenta de que él nunca le había escrito una carta así a Caroline. Claro, sí le había comprado flores en los meses antes de que se casaran, pero todo eso eran actos de deber. Fueron cosas que hizo con tal de mantener esa fachada y no acto del corazón y de la pasión como lo eran ahora.


Después de ducharse y arreglarse lo mejor que pudo, Norman estuvo mirando el reloj hasta que por fin eran las 6 de la tarde. Cuando se despidió la noche anterior, le había prometido a Marcial que lo iría a buscar a su casa a las seis y media. Salió del Centro Pokémon con las flores y la carta y se dirigió hacia el apartamento de Marcial. Aún no había oscurecido y había gente por las calle, uno que otro le daba una mirada curiosa y fue ahora que Norman dio gracias a los cielos que Marcial vivía en un apartamento, así nadie lo vería con flores fuera de la casa de un hombre soltero y terminase delatándolos a ambos.

Caminó más de prisa hasta que entró al edificio donde vivía Marcial, y subió hasta su puerta y tocó.

—¡Hola Norman! —dijo Marcial al abrir la puerta y tenía su sonrisa de vuelta, la sonrisa desenfadada y muy relajada que tenía a menudo los primeros días que estuvieron juntos—. ¿Y eso?

Norman entró al apartamento y cerró la puerta detrás de él antes de contestar:

—Pues, son para ti, por supuesto —dijo y se inclinó hacia Marcial y le dio un beso ligero en los labios, y luego extendió sus mano con el buqué y la dedicatoria.

—Me compraste flores… color del mar … —dijo Marcial sorprendido y recibió el regalo. Leyó la carta unos segundos, y luego le sonrió a Norman y lo abrazó—. Eres muy lindo. ¡No me esperaba todo esto!

Norman inmediatamente se percató que Marcial olía a jabón, y hasta se sintió un poco decepcionado de saber que se acababa de duchar.

—Por ti, yo hago lo que sea —dijo Norman sinceramente.

Marcial besó a Norman otra vez, y se quedaron ahí por la puerta unos largos minutos besándose hasta que por fin se separaron y Norman no pudo controlarse:

—Sabes, prefiero tu olor natural…

—¿Cómo? —preguntó Marcial arqueando las cejas.

—Tu olor masculino a sudor … me vuelve loco —confesó Norman.

—¡Qué curioso! A mí me encanta el hecho de que siempre llegas bien arreglado y oliendo tan bien. Quizá es porque siempre estoy cerca de gente sudorosa en el gimnasio… —dijo Marcial en voz baja, y luego añadió—: Bueno, supuse que íbamos a cenar, ¿no? ¡No voy a salir a un restaurante todo apestoso!

—Nunca apestas. Me pirro por tu olor natural, cada vez que lo huelo en instantes se me para —dijo Norman y ya estaba empezando a agitársele el corazón.

Ambos hombres se besaron otra vez, esta vez con más pasión, abrazándose más fuertemente, sus cuerpos rozándose con avidez, hasta que después de un largo rato se forzaron a separarse y calmarse para poder ir a cenar.


Media hora más tarde, estaban una vez más en Delicias Ciudad Orquídea, sentados en una mesa en una esquina del restaurante esperando su comida.

—Entonces, ¿cómo te fue hoy? —preguntó Norman. Le encantaba escuchar del día de Marcial. Como él, era líder de gimnasio y por eso las faenas cotidianas de ambos eran similares y podían compartir sugerencias y dudas entre sí.

Marcial le contó sobre el desarrollo de sus Pokémon durante el entrenamiento en la playa, un tema que le interesaba mucho a Norman, y luego le habló acerca de los entrenadores que lo desafiaron hoy en el gimnasio.

—Ya no puedo esperar por que regresen mis hijos —dijo Norman en voz baja, miró alrededor del restaurante para asegurarse de que nadie esté mirando en esta dirección, y extendió su mano por la mesa para ponerla sobre la de Marcial cariñosamente—, tan pronto regresen, nos iremos a Petalia para pedirle el divorcio a Caroline y entonces seré completamente libre para estar contigo.

Norman notó que Marcial no estaba cómodo con el afecto en público y removió su mano con presteza. Nadie los veía, pero tenía razón de tener cautela.

—Yo tampoco puedo esperar … cuando se aparezca Ash por el gimnasio, ni aceptaré su desafío. Los enviaré al Centro Pokémon a buscarte primero —dijo Marcial—. Pero, ¿tu esposa te dejará divorciarte así de fácil? ¿No que lleváis diez años de casados? Seguro no será fácil para ella…

—No te preocupes. Ella ya va años que no está feliz conmigo. Cómo habría de estarlo, si yo nunca pude amarla como más que una buena amiga. Ella ya pretendía pedirme el divorcio, era yo quien no quería divorciarse con tal de mantener esa fachada de hombre normal. Pero desde que te encontré a ti … todo cambió.

Marcial pareció alegrarse al saber todo eso, y cuando la comida llegó a la mesa, ya estaban de vuelta hablando de su día. Norman le contaba cómo sus Pokémon parecían haberse percatado de lo que sucedió, porque se veían más feliz que en días anteriores, y Marcial le contó que lo mismo sucedía con sus Pokémon.

—Ay ¡qué rico estaban estos fideos! ¡Siempre los hacen perfectos! —dijo Marcial cuando terminó de comer.

Norman había ordenado arroz con tofu picante esta vez, y le entró una curiosidad ahora:

—¿No ordenas otros platillos aquí? La mesera siempre sabe lo que vas a ordenar … sabes, hay muchos otros platos riquísimos en la comida estilo Orquídea.

—Por supuesto que me gustan otras cosas. Solo que este es mi favorito. Bueno, para serte sincero, cuando estuve en Ciudad Orquídea, llegué una vez a comer un plato de arroz que tenía un especie de salsa de trufas y me encantó muchísimo, pero eso no lo venden aquí. De todos modos, supongo que cualquier cosa con trufas sería carísimo, y yo prefiero ahorrar mi dinero. ¡Aquí venden fideos con trufas fritas pero vale un ojo de la cara!

Norman se acordó de los planes de Marcial de irse del país. ¿Estaría dispuesto a irse del país con Marcial? ¿Qué haría de sus hijos? Era mejor no hablar de eso por ahora… Pensó en el plato del que hablaba Marcial, y dijo:

—No suena ser de Ciudad Orquídea. Allá no se encuentran las trufas. Seguro es un plato de otra región de Johto —dijo Norman pensativo, y luego preguntó—: ¿Y qué otras cosas te gustan comer? ¿Te gustan los dulces? A mí me gusta comer pastel de bayas. En Petalia siempre trato de comerme al menos un pedazo al mes si tengo suerte y el tiempo libre de ir a comprarlo.

—No suelo comer dulces, no —dijo Marcial, y se puso a pensar por un momento antes de responder—: Aunque una vez una desafiante foránea me regaló un chocolate, esos sí son muy buenos.

—Ah, seguro era de Paldea o Galar —dijo Norman con una sonrisa.

De repente, se había aparecido la mesera por la mesa de ellos.

—¿Ya estáis listos para la cuenta, señores? —preguntó la mesera.

En un movimiento ligero, Norman sacó su billetera, y dijo:

—Sí, yo me encargaré, señorita. ¿Cuánto será?

—Serán 600, señor.

—No, yo pago por mi parte —protestó Marcial súbitamente.

—Insisto en pagar —dijo Norman, ya sabía que serían 600 y tenía los billetes en la mano y se los dio a la mesera.

Norman se percató que la mesera tenía una sonrisa curiosa en la cara, echó una mirada hacía Marcial, y dijo antes de irse:

—Como el señor mande, gracias.

Norman notó que Marcial estaba ruborizándose, y ahora Norman se acordó. Aun si todo esto fuese comportamiento normal entre amigos, no quiere decir que lo sería para Marcial. ¡Él le había dicho que la gente de Azuliza sospechaba de él!

Marcial fue el primero en levantarse, y Norman lo siguió hasta que salieron del restaurante. Afuera ya estaba de noche, y no había mucha gente por la calle, pero Marcial no decía nada.

—Disculpa, si insistías en pagar, debí prestarte atención —dijo Norman sinceramente—, es que quería tratarte bien…

—No te preocupes, no es nada —dijo Marcial—. Odio este lugar, donde todos sospechan de mí.

Cuando Marcial terminó de hablar, se detuvo en seco y se volteó hacia Norman:

—El Centro Pokémon es en la otra dirección…

—Por supuesto que quiero llevarte a tu apartamento…

—Es mejor que no … no es solo por mí, si te ven llevándome a mi apartamento tan a menudo, también sospecharan de ti. Mejor veámonos mañana, ¿vale?

Norman sintió un peso en el corazón. Quería estar más íntimo con Marcial, pero le agobiaba que solo podía demostrarle cuánto lo quería en la privacidad de su apartamento.

—Vale. Mañana iré a buscarte a tu apartamento a las seis de la tarde, ¿qué tal?

—Vale —dijo Marcial con una sonrisa, miró en ambas direcciones, y tomó un paso hacia Norman y lo abrazó.

Norman lo apretó fuerte pero también lo soltó rápido. Sabía que esto no era fácil para él, y era mejor no complicar las cosas.


Norman regresó al Centro Pokémon un poco deprimido. Le molestaba mucho que no podía mostrarle cariño a Marcial en público. ¡Hasta un abrazo era riesgoso! Cuando se quitó la ropa y se quedó pensativo acostado en la cama, logró calmarse pensando que:

«Lo importante es que todo funcione entre nosotros. De ser así, mudarnos a un lugar donde podamos estar más a gusto arreglaría este pequeño problema.»

Norman había encontrado a un hombre fascinante que le parecía increíblemente atractivo, con quien compartía tantos intereses que podían desvelarse hablando sin darse cuenta del tiempo, y que, más inverosímil que nada, sentía lo mismo por él. Y por eso, estaba decidido: haría lo que fuera por enamorarlo completamente.

Si el público de Azuliza le iba a ser un estorbo en su misión, pues la única solución lógica para su problema era: ser aun más discreto.

Norman otra vez era un hombre en una misión importante. El próximo día se levantó en la madrugada. Era más temprano de lo normal para hacer el ejercicio diario con sus Pokémon, pero sabía que tendría un día muy ocupado, y a sus Pokémon no les molestó para nada ser llamados a esa hora para caminar por las montañas.

Cuando por fin regresaron, aún ni era medio día. Entraron al Centro Pokémon para almorzar temprano y luego regresó a sus Pokémon a sus Pokébolas, y fue a la sala principal para hablar con Joy.

—Buenos días, ¿me puede decir dónde puedo conseguir chocolate en Azuliza? —preguntó Norman.

—Buenos días, señor Norman —dijo Joy. La enfermera pareció estar tomada por sorpresa por la pregunta, lo pensó unos momentos antes de continuar—: Creo que solo tiene dos opciones. Hay una sucursal de Gran Mercado Pueblo Chocovine en la Calle Wingull al norte del pueblo. Si quieres algo de más alta calidad, por suerte en la Calle Plata hay una tienda que importa todo tipo de productos de Galar y seguro venden chocolate también. Sin embargo, no creo que un chocolate valga la pena el precio de importación de tan lejos.

—Entendido, muchas gracias. ¿También me puede decir si hay algún restaurante que cocine comida al estilo de la Ciudad Iris?

—Discúlpeme, no creo que haya alguno.

Tenía la información que quería, así que se despidió de Joy y se fue del Centro Pokémon a paso ligero. Tenía muchas cosas que hacer antes de las seis de la tarde.


Fue una jornada ajetreada para Norman. Le tomó casi media hora conseguir a la tienda que importaba productos de Galar. Estaba localizada casi en los extremos de la ciudad por el fin de la Calle Plata. Ahora que lo pensaba, tenía lógica localizar la tienda lo más cerca posible al puerto, si todos sus productos eran importados.

Acá se veían hombres playeros sin camisa por doquier, pero Norman estuvo muy satisfecho con sí mismo; ya no lo afectaban tanto. Sabía muy bien que un hombre increíblemente apuesto y atractivo lo esperaba esta noche, y eso le daba toda la energía y el ánimo que necesitaba.

Entró a la tienda y quedó un poco aturdido, ya que no reconocía la mayor parte de los productos que veía, y las etiquetas de muchos productos estaban escritas en otro idioma que no se le hacía muy fácil de entender. Había un fuerte olor a azúcar en el aire, y muy pocos clientes. Se dirigió directamente hacia el primer empleado que vio, un joven de cabello rubio, y le preguntó si tenían chocolates auténticos de Galar.

El joven lo llevó a una sección de la tienda donde solo tenían chocolates de todo tipo. Norman especificó más: quería un chocolate bajo en azúcar (solo así sería aperitivo al paladar local), sin sabores adicionales (había de chocolates mezclado con todo tipo de bayas) y de la más alta calidad disponible.

Después de seleccionar el chocolate que quería, le preguntó al joven si hacían pasteles, pero le dijo que no, así que Norman pagó unos 1500 por el trozo de chocolate que compró y se fue. Era una cantidad alta, pero no le importaba.

Todavía tenía mucho que hacer, así que se dirigió de nuevo hacia el centro de la ciudad. En sus caminatas por la ciudad, se había percatado de una calle donde olía siempre a pasteles y otras dulzuras semejantes.

Después de casi una hora más, logró llegar a la calle de donde provenía siempre ese olor y se alegró. Había decenas de tiendas, y en un corto vistazo a los rótulos podía ver las palabras «repostería», «panadería», «heladería», «pastelería» y demás por doquier. El olor a dulces y pasteles era más intenso aquí. Sabía que tenía muchas opciones, así que se detuvo a preguntar a la muchedumbre en la calle cuál tienda recomendaban, y también cuáles hacían ordenes especiales.

Desafortunadamente, no había ninguna repostería foránea aquí, pero no había problema, ya él estaba preparado con la cajita de chocolate en la mano. Entró a la tienda que obtuvo las más recomendaciones, y se fascinó con lo que vio. ¡Tantos pasteles de bayas, de todo tipo de bayas! También había postres de frijoles y otros sabores lugareños de Hoenn, pero nada de chocolate.

Le preguntó a la mujer a cargo si podía hacerle una orden especial para hoy y ella asintió. Entonces Norman le explicó que quería que le haga un pastel con el chocolate que había comprado y con las letras «Sólo Pienso En Ti» escritas encima. Tenía que escoger un mensaje discreto, desafortunadamente, pero no le sonaba mal.

La mujer le dijo que podría recogerlo en tres horas y serían 2000. Pagó el dinero, y se fue de regreso al Centro Pokémon. Todavía había mucho que hacer.

Se sentó en su escritorio, cogió una hoja de papel, y se puso a escribirle otra dedicatoria a Marcial:

Marcial, me tienes loco. Día y noche no puedo dejar de pensar en ti. Cada día vivo más para ti. Con estos pequeñitos detalles espero poder darte más evidencia de que en mi mente, sólo pienso en ti.

Norman

Cuando terminó la carta y la metió en su sobre, se fue a duchar y arreglarse para Marcial. Luego salió del Centro Pokémon a las cuatro y media. Todavía faltaba una hora para que el pastel estuviese listo, pero le faltaba una cosa más por hacer. Esta vez, no iban a cenar en público, sino en la privacidad y la serenidad del apartamento de Marcial, así que le faltaba la comida.

Joy no sabía de ningún restaurante de comida Ciudad Iris, así que su única opción era el mismo restaurante de ciudad Orquídea al que frecuentaban. Al menos ambas ciudades eran de Johto y no estaban muy lejos una de la otra.

La mesera intentó hacerlo sentar, pero él le pidió hablar con su chef un momento para hacer una orden especial. Ya que era temprano para la cena y aún no estaban muy ocupados, el chef asintió salir. De un vistazo, a Norman le pareció que seguro era nativo de Johto. Y con un golpe de suerte, sí estaba familiarizado con la comida de la Ciudad Iris. Ya que Norman sabía que tenían trufas aquí (en el menú del restaurante habían platos de trufas), esto debería ser posible.

«Necesito un plato originario de Ciudad Iris, se llama arroz con curry de trufas y tofu, podría usted hacer dos porciones para llevar? Por supuesto, estoy dispuesto a pagar lo necesario, ya que está fuera del menú.» le había preguntado Norman al chef. Había pasado gran parte de la noche tratando de acordarse de que plato Marcial pudo haber estado hablando la noche anterior, y estaba seguro de que era este.

Norman era un hombre afortunado, porque el chef conocía el platillo y estuvo dispuesto a hacerle dos porciones por 2800. Estaría listo en una hora, lo que era suficiente tiempo para ir a recoger el pastel y regresar.


Norman estaba caminando lento y con cuidado. Llevaba una cajita con un pastel de chocolate en una mano, una pequeña bolsa con su cena en la otra mano, y la carta para Marcial dentro de su chaleco. Mucha gente le daba miradas, pero no sabían qué había ni en la bolsa ni en la caja, así que Norman no se inquietó.

Entró con cuidado al edificio donde vivía Marcial, subió hasta su puerta, y luego colocó la bolsa con la cena en el piso un momento para poder tocar la puerta. Eran exactamente las seis de la tarde.

«¡Entra! No está cerrada con llave.» se oyó la voz de Marcial de adentro.

Norman abrió la puerta y recogió la bolsa con la cena del piso y entró al apartamento. De inmediato, olió ese olor masculino de Marcial que le encantaba tanto y lo vio que estaba en el suelo haciendo lagartijas.

—Solo diez repeticiones más —dijo Marcial.

Norman quería quedarse mirándolo; Marcial estaba haciendo ejercicios en el suelo y en su espalda fornida brillaban las gotitas de sudor. Sin embargo, tenía que arreglar la mesa. Se quitó los zapatos con los pies, y caminó hasta la mesa para colocar en ella la cajita con el pastel y la bolsa con la cena, y entonces se puso a mover los varios objetos que Marcial había dejado ahí hacia el armario.

—Oye, ¡qué olor más rico! —dijo Marcial.

Norman se volteó hacia él y lo vio poniéndose de pie. Caminó hacia él y le dio un abrazo.

—Espera, ¡al menos déjame secarme el sudor un poco! —dijo Marcial un poco aturdido.

Norman lo abrazó más fuerte y acercó la nariz a su cuello para oler profundamente.

—Me gustas así, mi chico oloroso —dijo Norman, sintiendo su pene agitarse y parándosele con presteza. ¿Qué rayos le pasaba? ¿Desde cuándo se volvía tan loco por el sudor?

—Ya veo —se rió Marcial—, por eso esta vez decidí esperar a saber qué querías hacer antes de ducharme.

Norman no pudo contenerse y le lambió el cuello, y Marcial gimió. Estaba ligeramente salado y húmedo, pero no sabía por qué este acto lo excitaba tanto. Entonces, sintió los brazos firmes de Marcial apretarlo a él también, y la entrepierna de Marcial empujarse contra la suya, inmediatamente sintiendo el miembro tieso de Marcial.

Ambos hombres gimieron otra vez.

—Espera, más tarde. Te traje unas cosas —jadeó Norman.

Entonces se separaron, y Norman le cogió la mano a Marcial y lo llevó hasta la mesa, entonces con su otra mano sacó el sobre de su chaleco y se lo entregó a Marcial.

Marcial lo abrió y leyó la carta. Luego miró en los ojos a Norman con una sonrisa.

—Mi papito tan lindo, me tratas como un principito —dijo y se rió un poco, antes de tomar un paso hacia Norman y darle un beso —. ¿No te molesta si te digo papito o sí?

Norman le sonrió.

—Para nada —dijo Norman y entonces sacó los dos platos de comida que estaban dentro de la bolsa—. Mira lo que te conseguí. ¡A que sabes qué es!

—¡Es el plato de arroz con salsa de trufas que comí en Ciudad Orquídea! ¡Ya sabía yo que olía a trufas! Pero, ¿cómo lo conseguiste? —preguntó Marcial y se quedó boquiabierto.

—Tuve que hacer una orden especial. Es un plato originario de Ciudad Iris, pero no pude conseguir ningún restaurante con ese estilo de comida. No lo he probado, ojalá y sepa bueno, pero al menos el olor parece correcto.

Entonces, Marcial se lanzó hacia Norman y lo besó otra vez. Se besaron casi un minuto antes de por fin sentarse a comer.

—Eres un hombre tan encantador —dijo Marcial mientras se saboreaba la comida, que Norman estaba muy feliz de descubrir fue cocinada muy tradicionalmente—. Me estás engriendo como un bebé, con tus cartas y detalles. Y no creas que no sé qué hay en la cajita, aunque no me dejes abrirla todavía. Puedo oler el chocolate —dijo Marcial con una guiñada.

Norman se ruborizó un poco. Era muy difícil concentrarse en ser encantador cuando el pecho desnudo y fornido de Marcial estaba frente a él, ligeramente húmedo de sudor, tentándolo.

—No creo estar engriéndote, solo pretendo mostrarte mi afección para que nunca se te olvide —dijo Norman con calma y desenfado.

—Bueno, ¡pues no quiero dejar que siempre seas tú quien haga todo! Mañana me tocará a mí llevarte a hacer algo divertido, ¿de acuerdo?

—¡Me encantaría! —dijo Norman y extendió su mano por la mesa para ponerla encima de la de Marcial. Esta vez estaban solos, y podían ser tan cariñosos como quisiesen.

Cuando por fin terminaron su cena casi una hora después (la comida se la zamparon en cortos minutos, pero se habían perdido en una conversación medio de trabajo medio de coqueteo), Norman dejó que Marcial abra la cajita.

Marcial la abrió y vio el hermoso pastel de chocolate con el mensaje escrito encima «Sólo Pienso En Ti».

—Papi si sigues así voy a tener que tirarte en la cama y quitarte esa ropa sin más demora —dijo Marcial y se rió.

Norman se ruborizó profundamente, y no dijo nada. Sino, fue a buscar un cuchillo en la cocina, le cortó un pedazo de pastel a Marcial, lo cogió con su mano y se lo dio en la boca. Marcial tomó un bocado, y luego Norman tomó otro bocado.

¡Esto sí que era chocolate de alta calidad! Mucho mejor que el que se solía conseguir aquí en Hoenn. Marcial hasta gimió de tan bueno que estaba. Norman extendió la mano para darle el último bocado del pedazo de pastel a Marcial en la boca, y luego se chupó los dedos. Fue un acto sin pensar, ¡el chocolate estaba muy rico!, no pensó que Marcial lo vería de manera tan sensual.

—Te lo advertí, papito —dijo Marcial con una sonrisa traviesa.


De repente, los brazos firmes de Marcial se habían envuelto alrededor del cuerpo de Norman. Sus labios se tocaron, y la lengua de Marcial irrumpió en la boca de Norman en un beso desaforado lleno de pasión. El chaleco de Norman se cayó al piso, y Norman sintió las manos de Marcial entrar bajo su camisa y acariciar todo rincón de su cuerpo, y luego, con un brusco movimiento, Marcial lo levantó en sus brazos.

Norman instintivamente envolvió sus brazos y piernas alrededor del cuerpo de Marcial mientras se besaban así. Nunca nadie lo había levantado de esta manera. Hasta se le hacía difícil de creer que Marcial tenga tanta fuerza, pero ¡se sentía tan bien! Norman podía sentir el pene erguido de Marcial rozándole el culo y empezó a gemir en la boca de Marcial mientras le acariciaba el torso desnudo a Marcial. Luego, Marcial lo cargó hasta la cama y lo tiró hacia ella.

Norman quedó acostado en la cama mirando ansiosamente a Marcial, que tenía un bulto increíble en los pantalones, cuyo pecho aun brillaba por el sudor bajo la luz, y que ahora lo miraba con una lujuria que le infundía a Norman una excitación que nunca había tenido: quería que este hombre lo arrasara.

Marcial se bajó los pantalones y su pene largo y erguido le llamó la atención a Norman. No lo había visto desde este ángulo la última vez, pero le parecía igual de fascinante. No podía creer ¡qué tanto le gustaba verle el pene a Marcial!

Marcial se lanzó en la cama encima de Norman y se besaron de nuevo, y Norman gimió al sentir el peso de su pene sobre el suyo. Y luego sintió las manos de Marcial quitarle la camisa con destreza, apenas interrumpiendo el beso menos de uno o dos segundos. Así mismo, le quitó los pantalones, y ahora estaban desnudos ambos en la cama con el cuerpo fornido de Marcial encima de él y su pene frotando contra el suyo.

Norman gemía ante todo movimiento que Marcial hacía. Estaba completamente bajo su control. Una caricia en sus pezones erguidos, un beso cálido y húmedo en su cuello, una mano envuelta en su cabello, todo movimiento de Marcial lo volvía loco.

—Hay algo que siempre he querido hacer… —dijo Marcial en voz bien baja por la oreja de Norman—. Si vas a darme chocolate, pues, ahora tienes que darme leche, papito…

Norman arqueó las cejas. No estaba completamente seguro de lo que quería decir Marcial. Era evidente que, mientras que Norman pasó toda su vida haciendo lo máximo posible para no pensar en sexo entre dos hombres, Marcial sí se la pasaba pensando en ello. Tenía montones de ideas.

Marcial se movió hacia la cintura de Norman y se acercó al pene erguido de Norman. Tan solo ver la cara de Marcial y su expresión de avaricia tan cerca de su propio pene le hacía gemir, pero eso no fue nada contra lo que sucedió después: Marcial abrió la boca, y poco a poco se lo metió en la boca, haciéndolo deslizarse sobre su lengua con una destreza que le hizo pensar a Norman que él se la había pasado los últimos años pensando muchísimo en esto.

Se sentía húmedo. Se acordó de la última vez que había tenido relaciones sexuales, pero esto era a la misma vez completamente diferente: el placer físico se aproximaba, pero ahora había otro placer muchísimo más importante involucrado en todo esto: ¡era la boca de Marcial, era su lengua! Ese pequeñito hecho cambiaba la situación completamente y hacía que la sensación fuese la mejor y más intensa que haya sentido en su vida. Gimió aun más fuerte y su cuerpo empezó a estremecerse bajo cada movimiento de Marcial.

Después de ponerse a gusto, Marcial entró en ritmo, haciendo que el pene de Norman se deslice en su lengua a ritmo regular mientras su mano izquierda empezaba a jugar con sus bolas y la derecha se extendió a jugar con sus pezones.

Norman no tenía nada qué hacer contra Marcial. En segundos, mientras su cuerpo se estremecía bajo Marcial, sintió la presión y corriente que solían darle y el impulso de empujar con su cintura, y de darle su leche a Marcial, darle cuanta leche querría. Sintió su pene saltar en la boca de Marcial una y otra vez, hasta que por fin terminó y se le deslizó fuera de la boca de Marcial.

Marcial tragó.

—Me encanta tu leche, papito —dijo Marcial con una sonrisa traviesa—. Pero no te creas que ya terminamos.

Norman abrió los ojos mucho. Marcial se acercó otra vez hacia Norman y se besaron un largo rato. Sentía como el pene aún tieso y erguido de Marcial frotaba contra el suyo, empapado de la saliva de Marcial y su propia leche, y gemía débilmente.

—Yo aún lo tengo parado —dijo Marcial a Norman en el oído.

Entonces, Marcial cambió de posición, arrodillándose frente de la cara de Norman, tal que su pene grande y tieso le quedara encima de la cara.

Norman respiró profundamente. Nunca lo había tenido tan cerca. Olía a Marcial, y él se pirraba por este olor. Entonces, Marcial quería que él…

—Mámamelo, papito —ordenó Marcial con una sonrisa traviesa en la cara.

Norman no podía creer que en verdad sabría tan rico como Marcial le había hecho creer, con el gusto con el que se lo había mamado hace unos momentos, pero no había nada que él no estaba dispuesto a hacer por Marcial, así que abrió la boca. En solo un pequeño movimiento de Marcial, su pene grande empezó a penetrarle la boca.

Sabía a piel. No era nada particularmente bueno o malo. Pero eso no era lo importante. De inmediato, Norman entendió completamente. Había algo que Norman no había esperado. Fue oír cómo Marcial empezaba a gemir en voz alta, y ver cómo su cuerpo empezaba a estremecerse mientras su pene le penetraba la boca a Norman. Saber que era el pene de Marcial penetrando su boca, y que su lengua le podía dar tan inmenso placer a Marcial le infundía a Norman una increíble avidez en el ánimo, ¡quería mamárselo hasta que se venga en su boca! Se sentía tan bien saber que él le podía dar tanto placer a Marcial, que poco a poco sentía que podía saboreárselo más, como si se estuviera chupando la paleta más sabrosa de su vida, y podía embriagarse aun más en el olor masculino que emanaba la entrepierna de Marcial.

Norman usó sus brazos para sostenerse un poco más alto y empezó a mover la cabeza para hacer que el pene de Marcial se deslice sobre su lengua en su boca aun más rápido, y Marcial empezó a gemir aun más alto. Esos gemidos le daban tanto placer a Norman como el olor maravilloso de tener la nariz tan cerca del pene y las bolas de Marcial.

Siguieron así por casi un minuto cuando Marcial empezó a bramar:

—Me vengo, papito, ¡me vengo!

Y entonces, Norman sintió el miembro grande que tenía en su boca empezar a temblar y luego, sintió chorro tras chorro de leche caliente llenarle la boca.

El pene de Marcial se deslizó fuera de la boca de Norman, y Norman vio cómo aún estaba empapadito y erguido. Norman tragó mientras levantaba su mirada para observar la expresión de éxtasis en la cara de Marcial.

Norman estaba cansado ahora, y Marcial claramente igual porque se dejó caer al lado de Norman. Norman no creía nunca haber estado tan feliz y tan contento. Parte de Marcial ahora estaba dentro de él, y él se dejó pensar que, ahora siempre estaría con él. Abrazó y acarició tiernamente el cuerpo sudado de Marcial. Pensar que el sexo pudo haber sido así toda su vida … ¡lo hubiera hecho todas las veces que pudiese, en vez de huirle!