Se Derrumba La Fachada

Capítulo #3 de La Fachada

Estuvieron acariciándose y besándose en la cama desnudos casi una hora, hasta que por fin Norman decidió que era hora de irse y empezaron a vestirse.

Inesperadamente, Marcial le pidió que no se vaya, que se quedara con él.

Norman lo pensó. Dormir junto a Marcial era con lo que soñaba los últimos días, y lo más que esperaba. Pero su instinto le decía que la distancia, aun si solo era por unas cortas horas, le causaría aun más deseo a Marcial. Y ahora lo más que quería Norman era enamorar a Marcial. Hacerlo que se enamore perdidamente de él y lo quiera con ansias.

Además, seguro levantaría sospechas si algún vecino se da cuenta que él paso la noche aquí, ¿no?

—Es mejor que regrese, ¿no? Joy me vio venir y salir con todas aquellas cosas que te traje … tú dices que ya ella sospecha de ti, ¿no? —dijo Norman desenfadadamente.

Marcial no respondió de inmediato. Suspiró, y luego dijo:

—Está bien, tienes razón, debo tener la mente clara —dijo Marcial no completamente satisfecho—, pero ¡después de que te divorcies tendremos que averiguar cómo hacer para vivir juntos sin que la gente sospeche!

—¡Por supuesto! —dijo Norman con una sonrisa grande y le dio un beso de despedida después de ponerse el chaleco para irse. Esto parece que sería más fácil de lo que esperaba, aunque le costaba creer que Marcial en realidad lo quería tanto como él a él.

—Vale, entonces, mañana ven a buscarme aquí a las siete de la noche, ¿vale? Tengo una idea para algo que podemos hacer.

Se abrazaron por un largo rato, nadie quería soltar al otro, Norman suspiraba profundamente el olor de Marcial para que le durara toda la noche, hasta que por fin, Norman se fue.

Cuando regresó al Centro Pokémon aún no era tan tarde como para que Joy se haya ido a dormir. Ella lo saludó como siempre, y él se fue derecho hacia su habitación.

Le costó mucho trabajo poder dormirse. Ya tan rápido extrañaba a Marcial y quería sentir el calor de su cuerpo otra vez más. Pero se recordó que esto quería decir que Marcial probablemente estaría en las mismas, y estas cortas separaciones solo harían que se enamore más. Así, cuando por fin lleguen sus hijos y pueda regresar a Petalia para pedirle el divorcio, se iría sabiendo que Marcial lo estaría esperando con ansias para que puedan arreglárselas para vivir juntos.

Ya no podía esperar a que sus hijos regresaran. Sabía que aún deberían estar en alguna parte de la isla acampando. Ash tendría que regresar a desafiar a Marcial tarde o temprano. ¡Que acaben y regresen ya!


El próximo día, después de haber terminado con su entrenamiento diario con sus Pokémon, Norman había de encontrarse en la playa. Estaba una vez más en una misión. Quería darle otro detalle a Marcial, pero esta vez no podía ser comida, ya que no sabía qué planes tenía Marcial para esta noche, así que se le ocurrió una brillante idea. Iba a conseguirle en la playa una concha hermosa y grande para regalársela.

A Marcial obviamente le encantaba el mar, de no ser así no pasaría tanto tiempo en el agua, así que esto le parecía un buen regalo. Caminó por la playa durante horas hasta que por fin encontró una hermosa concha de color blanco que parecía tener un ligero color azul bajo la luz de sol. Era perfecta para Marcial.

Cuando por fin regresó al Centro Pokémon, estaba completamente sudado. Aún tenía tres horas antes de la siete, así que se sentó en el escritorio a escribirle un poema a Marcial:

Marcial, mi bello hombre de cabello y ojos turquesa
Día a día mi insondable añoranza por ti no cesa
Mi amor por ti supera aun lo que este poema expresa
Mi alma está gélida mientras que tu calor no regresa.

Norman

No estaba completamente satisfecho. No sabía si era apropiado hablar de amor tan rápido, después de todo, Marcial aún no había dicho nada al respecto, y él sabía que su experiencia en el tema era peculiar (ya que a Caroline solo realmente la amó como una hermana). Para colmo, él tampoco sabía mucho acerca de la poesía, así que no estaba seguro si lo que había escrito era bueno o no.

Sin embargo, sentía que hedía y quería ir a ducharse, pensando que quizás así podría ocurrírsele algo mejor. Así que dejó la carta junto con la concha que le regalaría a Marcial, se quitó el chaleco con sus Pokébolas, escogió con calma la ropa que se pondría hoy, y con ella en la mano entró al cuarto de baño para ducharse.

Mientras se duchaba, trataba de pensar en qué resaltar en su poema. Él no era poeta y esto se le hacía un poco difícil, creía que era difícil hacer algo que sea digno de Marcial, pero se empeñaría en ello de todos modos.

Cuando por fin salió de la ducha y se estaba vistiendo, oyó alguien tocar en la puerta de la habitación y una voz muy familiar.

—Papá, ¿todo está bien? ¿Por qué nos viniste a buscar?

—¿Qué pasó? ¿Mamá está bien?

Eran May y Max. Norman se alegró profundamente, ¡por fin podría regresar a Petalia y liberarse del yugo de su matrimonio! ¡No tendría que esperar ni un día más!

—Entrad, ¡ya salgo! —dijo Norman excitado y oyó la puerta de la habitación abrirse mientras se ponía su camisa y se preparaba para verlos.

Él sabía que la plática que tendría con sus hijos y con Caroline no sería fácil, pero ya que Caroline también quería el divorcio, quizá entre los dos podrían arreglárselas para que los hijos no sufran demasiado y entiendan que todo es por lo mejor.

Sin embargo, el plan nítido en su mente ni tan siquiera arrancó. Cuando Norman salió del baño a su habitación llena con cuatro jóvenes (May, Max, Ash y un chico de tez oscura que no reconocía), se quedó boquiabierto frente a lo que vio.

Max estaba admirando la concha que había dejado sobre la mesa. Y al lado de él estaba May, con su rostro pálido, leyendo la carta que le había escrito a Marcial. A Norman le dio un vuelco el corazón.